Descubren el sorprendente origen genético de la patata: es descendiente del tomate

Tomates y patatas. / Freepik
Capaces de sobrevivir a los fríos de montaña, las nuevas especies de patata colonizaron varios ecosistemas en una diversificación explosiva que culminó, hace 10.000 años con la domesticación en los Andes.

La patata, alimento básico para más de mil millones de personas en todo el mundo, tiene un origen más sorprendente de lo que se creía. Un equipo internacional de científicos ha resuelto un misterio de décadas al demostrar que este tubérculo es, en realidad, descendiente del tomate. El hallazgo, publicado este jueves en la prestigiosa revista Cell, cambia el relato botánico conocido hasta ahora y abre nuevas posibilidades en el desarrollo de cultivos híbridos para afrontar los desafíos alimentarios globales.

El genetista chino Sanwen Huang, del Instituto de Genómica Agrícola de Shenzhen, ha liderado esta investigación que ha analizado el complejo ADN de unas 60 especies emparentadas. Según los resultados, la patata surgió hace unos nueve millones de años en Sudamérica, fruto de un cruce natural entre una planta de tomate y una etuberosum, especie sin tubérculos comestibles. Esta combinación genética dio lugar a las primeras plantas capaces de formar engrosamientos subterráneos —los actuales tubérculos— como mecanismo de almacenamiento de nutrientes.

Estos tubérculos, que hoy forman parte indispensable de la dieta global, ofrecieron a la nueva planta una ventaja adaptativa clave en el contexto del levantamiento de los Andes. Capaces de sobrevivir a los fríos de montaña, las nuevas especies de patata colonizaron varios ecosistemas en una diversificación explosiva que culminó, hace 10.000 años, con la domesticación de la planta por los pueblos indígenas andinos. Desde entonces, su impacto en la historia ha sido notable: según el historiador William McNeill, su capacidad nutritiva permitió a varias naciones europeas expandirse por el mundo entre 1750 y 1950.

El estudio también confirma que el gen SP6A, responsable de indicar a la planta cuándo debe formar tubérculos en función de la luz solar, procede del linaje del tomate.

China ha apostado decididamente por la investigación genética de la patata, consciente de su valor estratégico. Con 50.000 kilómetros cuadrados dedicados a su cultivo, el país asiático ya es el mayor productor mundial. “La patata es un cultivo superproductivo: da mucho en poco terreno. Si logramos mejorar su calidad, como aumentar su contenido en proteínas, tendremos un superalimento”, sostiene Prat. Desde Shenzhen, Huang también considera que comprender la genética de la patata podría definir el próximo dominio agrícola global.

En la investigación han participado una decena de instituciones chinas y centros de Canadá, EE UU, Alemania y Reino Unido. La científica colombiana Susy Echeverría, desde el Imperial College de Londres, destaca la relevancia del hallazgo: “lo más interesante no es cuándo surgieron las papas, sino cómo: fue gracias a una innovadora combinación genética entre linajes distintos”. Si McNeill tenía razón al afirmar que la patata cambió la historia, este nuevo conocimiento genético podría tener un impacto aún mayor en el futuro del planeta. @mundiario