¿Y si el bipedalismo surgió en los árboles? Un estudio con chimpancés puede ofrecer pistas al respecto

Chimpancé. / Pixabay
Nuevas observaciones de chimpancés que viven en hábitats abiertos de sabana podrían ofrecer pistas esenciales sobre el comportamiento de los primeros homínidos, en especial sobre cuándo y por qué descendieron de los árboles.

La transición de nuestros ancestros desde los árboles hacia una vida más terrestre es uno de los eventos más estudiados —y aún no del todo comprendido— en la evolución humana. Aunque se sabe que muchos homínidos tempranos caminaban regularmente en dos piernas, también poseían adaptaciones anatómicas que los hacían aptos para trepar. Esta dualidad ha desconcertado a los investigadores durante décadas, especialmente por la falta de fósiles de un periodo crucial: el que marca el cambio de frondosos bosques a sabanas abiertas.

Un reciente estudio dirigido por la investigadora Rhianna Drummond-Clarke, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, sugiere que los chimpancés que habitan en zonas de sabana-mosaico podrían ayudar a llenar este vacío. Sus hallazgos, publicados en la revista Frontiers in Ecology and Evolution, apuntan a que la permanencia de los homínidos en los árboles pudo haber sido más prolongada —y más estratégica— de lo que se pensaba.

La investigación se llevó a cabo en el Valle de Issa, Tanzania, un ecosistema que combina áreas boscosas con espacios abiertos característicos de la sabana. Esta configuración lo convierte en un análogo moderno de los entornos donde vivieron algunos de los primeros homínidos.

Durante la estación seca, cuando el alimento escasea en las zonas boscosas, los chimpancés del Valle de Issa exploran más activamente la sabana. Sin embargo, y de manera sorprendente, no abandonan el dosel arbóreo: continúan trepando para alimentarse, especialmente de frutas, hojas y flores localizadas en las ramas más delgadas y lejanas. Este comportamiento contrasta con la idea tradicional de que el paso a un hábitat abierto implicó una renuncia rápida al modo de vida arborícola.

Una permanencia estratégica en los árboles

El estudio reveló que los chimpancés pasan más tiempo en árboles grandes y con copas amplias que ofrecen más recursos alimenticios. Para acceder a estos alimentos, utilizan posturas especializadas que requieren equilibrio y fuerza: se cuelgan bajo las ramas, se sostienen con las manos o caminan en posición bípeda apoyándose en el entorno. Estas conductas son generalmente asociadas a ambientes densamente forestales, lo que sugiere que no fueron abandonadas incluso en contextos más abiertos.

Drummond-Clarke señala que este tipo de locomoción —suspensoria y bípeda— dentro del dosel podría haber sido clave en la evolución del bipedalismo. La hipótesis plantea que los primeros homínidos no comenzaron a caminar erguidos después de dejar los árboles, sino dentro de ellos, como una forma eficiente de moverse en busca de alimento cuando los recursos estaban dispersos.

El comportamiento de los chimpancés del Valle de Issa plantea una nueva forma de pensar sobre el bipedalismo en homínidos tempranos. Si bien es común asociar la marcha erguida con el desplazamiento en tierra firme, estos datos sugieren que caminar en dos piernas pudo haber sido también una adaptación arbórea, útil para moverse con seguridad entre ramas cuando los árboles no eran continuos, como ocurre en paisajes de sabana-mosaico.

Este modelo ofrece una alternativa al tradicional relato evolutivo que asocia el bipedalismo exclusivamente con la expansión de la sabana. En lugar de surgir como una necesidad de recorrer largas distancias en terreno abierto, podría haberse consolidado en el dosel fragmentado, como una respuesta a la escasez y dispersión de alimentos.

Limitaciones y pasos siguientes

El estudio se enfocó únicamente en una comunidad de chimpancés durante la estación seca. La propia autora reconoce que se necesitan más datos: sería útil observar si estas conductas persisten durante la temporada de lluvias o si cambian con la disponibilidad de recursos. Además, comparar con otras poblaciones de chimpancés que habitan sabanas similares podría ayudar a confirmar si este patrón es representativo o exclusivo del grupo de Issa.

También queda pendiente analizar en detalle el valor nutricional de los alimentos arbóreos, para comprobar si el esfuerzo de trepar compensa energéticamente en contextos de escasez. Estos datos serán esenciales para robustecer la hipótesis de que permanecer más tiempo en los árboles no fue un rezago evolutivo, sino una decisión adaptativa.

Este estudio ofrece una aproximación novedosa al debate sobre la evolución del bipedalismo y la vida arborícola en los primeros homínidos. Al observar de cerca el comportamiento de chimpancés actuales en hábitats comparables a los antiguos, los científicos pueden inferir no solo cómo se movían nuestros ancestros, sino también por qué conservaron ciertas capacidades durante tanto tiempo. @mundiario