El colapso del “imperio” de los chimpancés: cómo una comunidad ejemplar derivó en guerra interna

Dos chimpancés. / Pixabay.
La comunidad Ngogo, la mayor de chimpancés salvajes de la que se conoce, pasó de la cooperación a la fragmentación en dos grupos y a la violencia organizada, en uno de los casos más brutales documentados por la ciencia.

La imagen de los chimpancés como sociedades cohesionadas y cooperativas ha sido durante décadas uno de los pilares de la primatología. Sin embargo, lo ocurrido en la comunidad de Ngogo, en el parque nacional de Kibale (Uganda), introduce una grieta profunda en esa percepción.

Lo que durante años fue la mayor agrupación conocida de chimpancés salvajes —con cerca de 200 individuos— terminó fragmentándose en dos bloques enfrentados que protagonizaron una espiral de violencia letal, con decenas de muertes documentadas.

El fenómeno, analizado en un estudio publicado en Science, constituye el primer caso claramente documentado de una escisión permanente en chimpancés salvajes acompañada de violencia sostenida entre antiguos miembros del mismo grupo. Más allá del impacto etológico, el episodio plantea preguntas de fondo sobre los mecanismos que sostienen —y rompen— la cohesión social en especies altamente complejas.

Durante al menos dos décadas, la comunidad de Ngogo funcionó bajo un sistema típico de “fisión-fusión”: subgrupos flexibles que se separaban y reunían constantemente, manteniendo vínculos sociales estables. El contacto entre individuos era frecuente, con conductas de cooperación como el acicalamiento o la defensa conjunta del territorio.

Todo comenzó a cambiar el 24 de junio de 2015. Los investigadores observaron por primera vez un comportamiento anómalo: individuos de distintos “vecindarios” dentro del grupo empezaron a evitarse y a reaccionar con tensión, como si fueran extraños. La escena descrita por los científicos es reveladora: silencio, nerviosismo y retirada ante la proximidad de otros chimpancés que, hasta entonces, eran aliados.

Ese momento marca el inicio de un proceso de polarización progresiva. Las interacciones disminuyen, los vínculos se debilitan y la red social —antes densa y cohesionada— empieza a fragmentarse.

La guerra entre antiguos aliados

El estudio apunta a varios factores que convergieron en la ruptura. Uno de los más relevantes fue el cambio en la jerarquía de machos dominantes, un elemento crucial en la estabilidad social de los chimpancés. A ello se sumó la muerte de varios individuos adultos que actuaban como “puentes” entre subgrupos, facilitando la cohesión interna.

También se menciona un brote de enfermedad en 2017 que pudo acelerar la división. En conjunto, estos factores redujeron la conectividad social hasta un punto crítico. En 2018, la ruptura era ya irreversible: la comunidad se había dividido en dos grupos diferenciados —los occidentales y los centrales— con territorios propios y sin apenas interacción.

Tras la escisión, la dinámica cambió radicalmente. Los chimpancés del grupo occidental iniciaron una campaña de ataques coordinados contra los del grupo central. Entre 2018 y 2024, los investigadores documentaron o inferieron al menos 24 agresiones organizadas, con un saldo de siete machos adultos y 17 crías asesinadas.

La violencia no solo fue frecuente, sino sistemática. Los ataques se producían en grupo, con emboscadas y persecuciones que recuerdan patrones de conflicto territorial ya conocidos en la especie, pero que en este caso tenían un elemento diferencial: las víctimas eran antiguos compañeros.

Uno de los episodios más impactantes ocurrió en enero de 2018, cuando tres machos occidentales mataron a un joven de 15 años que había formado parte de la misma comunidad. Desde entonces, la violencia se intensificó, incluyendo ataques a crías, un indicador de estrategias orientadas a debilitar la reproducción del grupo rival.

De “nosotros” a “ellos”

Una de las explicaciones más consistentes apunta a la competencia por recursos. Aunque el entorno de Ngogo es rico en alimento y carece de depredadores naturales, el crecimiento demográfico del grupo aumentó la presión interna.

Según la teoría de la aptitud darwiniana, el éxito reproductivo no depende solo de sobrevivir y reproducirse, sino también de reducir la capacidad de los competidores. En este contexto, eliminar a miembros del grupo rival —aunque antes fueran aliados— puede traducirse en una ventaja evolutiva.

De hecho, los datos muestran que el grupo central, pese a ser más numeroso, ha sufrido una caída drástica en su tasa de supervivencia, la más baja registrada en chimpancés salvajes.

Es el segundo caso de "guerra civil" documentado tras la famosa Guerra de los 4 años de Gombe (Tanzania) en los años 70, donde Jane Goodall observó la aniquilación total de una facción por parte de otra.

Sin embargo, los propios investigadores son cautos a la hora de etiquetar el fenómeno como “guerra civil”. No obstante, reconocen que la combinación de polarización, identidad de grupo y violencia organizada ofrece paralelismos difíciles de ignorar.

Al igual que en los Balcanes, donde vecinos que habían vivido juntos durante décadas empezaron a matarse de la noche a la mañana al redefinir quién era "nosotros" y quién "ellos", los chimpancés de Ngogo pasaron de compartir comida y asearse mutuamente a realizar emboscadas letales contra sus antiguos amigos.

Quizá el aspecto más inquietante del caso no sea la violencia en sí, sino la rapidez con la que se redefinieron las identidades. Individuos que habían convivido durante años pasaron a percibirse como enemigos. @mundiario