El ataque de Trump a la ciencia provoca una oleada de protestas en la NSF
Donald Trump no solo quiere reescribir la historia política de Estados Unidos, sino también borrar los cimientos de su liderazgo científico. El tijeretazo del 56% al presupuesto de la Fundación Nacional de Ciencias (NSF) ha encendido todas las alarmas en el mundo académico y ha provocado lo impensable: una rebelión interna dentro de una de las instituciones más prestigiosas del país. 150 trabajadores han firmado una carta abierta en la que denuncian “el desmantelamiento sistemático” de la entidad, una agencia que ha sido clave para que Estados Unidos liderase la innovación científica en las últimas siete décadas. Esta vez, no se trata solo de recortes: se trata de una ofensiva ideológica contra el conocimiento, la independencia científica y la verdad.
Según sostiene El País, la NSF no es un organismo cualquiera. En sus 75 años de existencia, ha financiado a 262 premios Nobel y ha impulsado las carreras de más de 350.000 investigadores y estudiantes. Su impacto va desde los laboratorios de genética hasta las aulas de ingeniería y las investigaciones sobre cambio climático. Y ahora, bajo la Administración Trump, está siendo desmantelada con una frialdad quirúrgica que ha desatado una oleada de miedo, censura y despidos arbitrarios. Un tribunal federal ya ha ordenado la reincorporación de algunos empleados expulsados sin causa, pero el daño estructural sigue avanzando.
En este clima de represión, solo uno de los 150 firmantes ha tenido el valor de dar la cara: el español Jesús Soriano, presidente del sindicato de la NSF. Su intervención en una rueda de prensa junto a la congresista demócrata Zoe Lofgren ha sido demoledora. “En seis meses, este Gobierno ha hecho pedazos la agencia”, denunció, recordando que la NSF ha sido un imán para talentos globales. Las palabras de Soriano resumen un sentimiento extendido entre los científicos estadounidenses: Trump no está gestionando, está arrasando.
Los datos son aterradores. Más de 1.600 subvenciones ya aprobadas han sido canceladas sin justificación. El Departamento de Eficiencia Gubernamental, dirigido hasta mayo por Elon Musk, ha bloqueado miles de millones de dólares en fondos, eliminando proyectos en biología, ingeniería y educación científica. El recorte en estas áreas supera el 70%. Es un asalto frontal contra la estructura misma de la ciencia pública.
Una amenaza global
Los 150 empleados piden protección legal, restitución de fondos y un sistema laboral basado en el mérito, no en la lealtad política. Y no están solos. En el último mes, trabajadores de la NASA, los Institutos Nacionales de la Salud y la Agencia de Protección Ambiental han levantado la voz. El Gobierno de Trump ya ha suspendido a 139 empleados de la EPA que firmaron una carta similar, según ha revelado el diario The Washington Post. El mensaje es claro: si hablas, te callamos.
Lo que está ocurriendo en Estados Unidos no es solo una crisis interna. Es una advertencia para el mundo. Cuando el país que lideraba la carrera científica mundial entra en guerra con sus propios investigadores, las consecuencias son globales. Si Estados Unidos apaga su motor de conocimiento, otros actores —como China— ocuparán ese vacío. El liderazgo científico no es solo cuestión de prestigio, sino de seguridad nacional, competitividad tecnológica y bienestar global.
La situación exige una respuesta firme por parte del Congreso. No basta con expresar preocupación. Hace falta blindar legalmente a los trabajadores científicos, garantizar la independencia de las agencias y restaurar los fondos que han sido secuestrados por razones ideológicas. El conocimiento no puede depender del capricho de un presidente.
El miedo ha comenzado a romperse. Cientos de científicos están dispuestos a enfrentarse al poder, aunque sea desde el anonimato. La carta de la NSF es solo la más reciente de una cadena de denuncias. Más de 1.900 miembros de las academias científicas estadounidenses firmaron hace meses una declaración alertando del “peligro real” que representa Trump para la ciencia. El país está presenciando una insurrección silenciosa, nacida del rigor, el compromiso ético y la defensa de la verdad. @mundiario