La última parada de los coches destrozados por la dana: el reciclaje
El desguace y reciclaje de los 120.000 vehículos dañados por la dana en la comarca valenciana de L’Horta Sud ya está en marcha. Tras llenar las calles y ser trasladados a cementerios provisionales, los automóviles comienzan un proceso complejo que combina esfuerzos logísticos, industriales y ambientales. La Generalitat y el Gobierno han aprobado normativas que reducen los tiempos de espera para declarar vehículos como abandonados, facilitando así su tratamiento inmediato en desguaces autorizados.
Según Alicia García, directora general de la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER), el sector está preparado para asumir este volumen excepcional. Sin embargo, se estima que absorber todos los vehículos tomará alrededor de seis meses. El primer paso es la descontaminación, donde se eliminan líquidos peligrosos como gasolina, aceite y líquido de frenos. Aunque la fuerza de la inundación pudo causar daños a los depósitos, expertos como el ecólogo César Bohorque consideran poco probable un vertido masivo de sustancias contaminantes.
En talleres como el Desguace Benimàmet, en Valencia, la actividad es incesante. Usman, un trabajador del centro, explica que ya han comenzado a desmontar vehículos y que esperan recibir muchos más. Sin embargo, la directora de FER advierte que el barro acumulado ha arruinado la funcionalidad de muchas piezas, reduciendo significativamente los beneficios.
Una llamada de atención
Una vez descontaminados, los vehículos se prensan y se trasladan a fragmentadoras que, como describe García, son "molinillos de café gigantes" capaces de triturar un coche completo en minutos. En España hay 27 de estas instalaciones, que operan mayoritariamente de noche para ahorrar costos energéticos.
El impacto ambiental no se limita al proceso de reciclaje. Según Julio Barea, de Greenpeace, el desastre debería servir como una llamada de atención para adoptar modelos de movilidad más sostenibles, reducir la dependencia del automóvil privado y replantear prácticas urbanísticas que agravan los efectos de las inundaciones.
No todo es negativo: el reciclaje automotriz aprovecha hasta un 95% de los materiales. El acero, los metales no férricos como el aluminio y el cobre, así como plásticos y otros componentes, encuentran nueva vida en industrias como la cementera o las fundiciones. Sin embargo, el barro, presente en grandes cantidades, complicará y encarecerá los procesos, dañando la maquinaria y obstruyendo los filtros necesarios para reducir emisiones contaminantes. @mundiario