Tres de cada cuatro españoles creen que la democracia se ha deteriorado mucho

Personas caminando en Madrid. / RR. SS.
Un barómetro del CIS pregunta por cuestiones variopintas que van desde el optimismo hasta los ansiolíticos, pasando por el uso de bombas atómicas.

Durante décadas, la democracia española fue presentada como una historia de éxito: estabilidad política, crecimiento económico y una sociedad que avanzaba tras décadas de dictadura. Sin embargo, ese relato parece resquebrajarse. Según el último estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el 76% de los españoles cree que la democracia se ha deteriorado mucho o bastante. No es solo una cifra: es un síntoma de malestar colectivo.

El dato revela algo más profundo que una crítica coyuntural al Gobierno o a la oposición. Expresa una sensación compartida de desgaste institucional, de enfrentamiento político permanente y de un clima social cada vez más crispado. Casi nueve de cada diez ciudadanos perciben que la violencia verbal, la polarización y los conflictos sociales están aumentando en el país. En otras palabras, la democracia no solo se cuestiona en las urnas, también se discute en la percepción cotidiana de los ciudadanos.

Esta sensación de deterioro no es exclusiva de España. Las democracias occidentales atraviesan un momento de incertidumbre marcado por la desconfianza hacia las instituciones, la fragmentación política y el impacto de las redes sociales en el debate público. Pero en España el fenómeno adquiere una dimensión particular porque la polarización política se ha convertido en una constante del discurso público.

El resultado es un clima emocional en el que conviven dos sensaciones aparentemente contradictorias: una ciudadanía que se declara mayoritariamente optimista, pero que al mismo tiempo cree que el sistema democrático funciona peor que antes.

La democracia bajo presión social

El estudio del CIS apunta a que el deterioro percibido de la democracia está estrechamente ligado a un aumento del miedo social. Cerca del 90% de los españoles considera que la sociedad vive un incremento de la violencia, la polarización y los enfrentamientos.

Este clima no siempre se corresponde con la experiencia personal. De hecho, la mayoría de los ciudadanos asegura sentirse segura en su barrio o en su vida cotidiana. Sin embargo, el debate público —amplificado por los medios y las redes sociales— crea una sensación de tensión constante.

De acuerdo con EL PAÍS, los expertos señalan que este fenómeno se conoce como “clima de opinión”: una percepción colectiva influida por los temas que dominan la conversación pública. Cuando la política se convierte en un campo de batalla permanente, el ciudadano termina percibiendo que el sistema democrático está en crisis, aunque las instituciones sigan funcionando.

Polarización y desconfianza política

Uno de los factores que explica esta percepción es la creciente polarización política. En lugar de buscar consensos, muchos actores políticos han encontrado en el enfrentamiento una estrategia eficaz para movilizar a sus votantes.

Las redes sociales han amplificado esta dinámica. Los algoritmos premian los mensajes más emocionales, los discursos más radicales y las posiciones más confrontativas. El resultado es un debate público cada vez más crispado y menos dispuesto al acuerdo.

En ese contexto, la democracia deja de percibirse como un espacio de negociación y se convierte en un escenario de conflicto permanente.

Una sociedad con miedo, pero aún optimista

A pesar de este panorama, el estudio también revela un rasgo característico de la sociedad española: su capacidad para mantener cierto optimismo incluso en tiempos de incertidumbre. Casi el 80% de los ciudadanos se considera optimista sobre su vida y su futuro.

Además, el tejido social sigue siendo fuerte. Nueve de cada diez españoles dicen tener personas con las que hablar abiertamente de sus preocupaciones y temores.

Este dato puede ser clave para entender el momento actual. Aunque la percepción sobre la democracia se haya deteriorado, la cohesión social sigue siendo alta. Es decir, el malestar existe, pero no ha roto todavía los vínculos que sostienen a la sociedad. @mundiario