El temor que nos define: cómo el miedo colectivo marca el pulso de España

Una persona estresada. / Mart Production en Pexels
El 66% de los españoles cree que el mundo va a peor y, en especial, los jóvenes se sienten cada vez más pesimistas sobre su futuro. Las mujeres, por su parte, muestran mayores niveles de miedo e incertidumbre. Los miedos están moldeados por la ideología y la exposición a los medios.

En los últimos años, España parece estar navegando en un mar de incertidumbres. La crisis económica, las tensiones internacionales y las amenazas de conflicto bélico han marcado el ritmo de un país que ve con creciente pesimismo su futuro inmediato. Los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre los miedos de la ciudadanía reflejan una sensación generalizada de inseguridad, que afecta especialmente a los jóvenes y, sorprendentemente, a las mujeres.

Según el último informe del CIS, dos de cada tres españoles creen que el mundo va a peor. Este pesimismo se ha convertido en una característica destacada de nuestra sociedad, y la pandemia de incertidumbre mundial, junto con la guerra en Ucrania y la crisis climática, no hace sino alimentarlo. Sin embargo, más allá de la visión global, hay que entender cómo estos temores afectan a los diferentes grupos de la sociedad.

Los miedos, lejos de ser homogéneos, son profundamente específicos y responden a realidades distintas. Por ejemplo, las mujeres se sienten más vulnerables. Un 31% de ellas expresa tener miedo frente a solo un 14% de los hombres. Esta disparidad no es casual, sino que tiene raíces socioculturales profundas: las mujeres, desde pequeñas, suelen ser socializadas con un enfoque de precaución constante, mientras que a los hombres se les anima a mostrar seguridad y a restar importancia a sus temores. Esta división de roles no solo afecta la manera en que se perciben a sí mismas, sino que también influye en su bienestar psicológico.

La política del miedo: un fenómeno social con tintes ideológicos

No es casualidad que el miedo sea, además de una emoción personal, un motor político poderoso. En su libro Fear: An Alternative History of the World, el historiador Robert Peckham explica cómo a lo largo de la historia, los miedos han sido utilizados como herramientas de control social. En tiempos de crisis, la creación de un enemigo común, real o percibido, ha servido para consolidar el poder y justificar acciones extremas. En el caso de España, no son pocas las voces que identifican la inseguridad, la inmigración o los conflictos bélicos como fuentes de alarma social que, a menudo, se ven explotadas políticamente.

De acuerdo con el CIS, los temores de los españoles varían considerablemente según su ideología política. Los votantes de Vox, por ejemplo, expresan una preocupación mucho mayor por la ocupación ilegal de viviendas, mientras que los votantes de izquierda se muestran más alarmados ante la posibilidad de un conflicto bélico. Este fenómeno de "cámaras de eco" pone de manifiesto cómo los miedos no solo son producto de la exposición a la realidad, sino también de la construcción ideológica de lo que percibimos como amenazas. Así, la división política alimenta una percepción de inseguridad que responde a intereses y percepciones ideológicas más que a hechos objetivos.

Jóvenes y el futuro incierto: ¿por qué el pesimismo se instala en la juventud?

El pesimismo respecto al futuro es particularmente acentuado entre los jóvenes españoles. Según el CIS, un 73% de los jóvenes de entre 18 y 24 años considera que las cosas van mal, un porcentaje que aumenta hasta el 83% en el grupo de 24 a 34 años. Este temor a lo que está por venir está relacionado con varios factores: la precariedad laboral, la dificultad para acceder a una vivienda digna y el aumento de la desigualdad social. El sueño de la estabilidad y el bienestar, que una vez parecía alcanzable, se ha transformado en una utopía para muchas personas jóvenes.

Este desencanto se ha visto reflejado también en la creciente preocupación por un posible conflicto bélico. Un 66% de los encuestados por el CIS cree que España podría verse involucrada en una guerra en los próximos años, siendo Rusia, Marruecos y Estados Unidos los países señalados como principales amenazas. Este miedo, a menudo exacerbado por la sobreexposición a las noticias, se instala en el inconsciente colectivo y afecta la salud mental de los más jóvenes. La psicóloga María Palau lo explica con claridad: la constante exposición a información negativa y alarmista activa nuestro sistema de alerta, lo que genera ansiedad, estrés y, en última instancia, una mayor percepción de inseguridad.

El miedo como motor de cambio

El miedo, aunque devastador, no debe ser visto solo como una fuerza destructiva. Si bien la sensación de amenaza puede limitar nuestras acciones y bloquear nuestro bienestar, también tiene el potencial de desencadenar cambios sociales importantes. A lo largo de la historia, las crisis han impulsado avances sociales significativos, desde la lucha por los derechos civiles hasta la creación de políticas públicas más inclusivas.

En este contexto, es crucial que, como sociedad, utilicemos nuestros miedos no como una excusa para la parálisis, sino como un punto de partida para la acción. Si la inseguridad sobre el futuro se entiende como un desafío colectivo, podría ser la clave para replantear nuestro modelo social, económico y político, y crear una sociedad más resiliente y equitativa.

El miedo colectivo que hoy caracteriza a la sociedad española es un reflejo de un contexto de crisis global, pero también de un momento histórico en el que, más que nunca, es necesario actuar con empatía y solidaridad para enfrentar las incertidumbres. En lugar de dejar que el miedo nos consuma, deberíamos aprovecharlo para transformar nuestra realidad. Como individuos y como sociedad, debemos aprender a gestionar nuestros temores para no sucumbir a ellos, sino para que nos impulsen hacia un futuro mejor y más justo. @mundiario