Parques nacionales ante el dilema del éxito: turismo masivo y vertidos en espacios protegidos

Parque Illas Atlánticas. / turismo.gal
El aumento sostenido de visitantes y la reactivación de vertederos marinos cerca de áreas sensibles reabren el debate sobre la gestión ambiental de los parques.

Durante décadas, la conservación de los parques nacionales estuvo asociada a amenazas bien delimitadas: el avance del cambio climático, la presión de especies invasoras o la degradación derivada de la contaminación y la sobreexplotación. En los últimos años, sin embargo, el foco del debate se ha desplazado hacia un fenómeno tan visible como incómodo: la masificación turística. El crecimiento sostenido de visitantes, que se ha incrementado un 77% en dos décadas, ha convertido a muchos de estos espacios en destinos de consumo rápido, con impactos que empiezan a ser difíciles de ignorar.

Los datos son elocuentes. En 2024, los parques nacionales españoles recibieron alrededor de 16 millones de visitantes. Algunos, como el Teide o la Sierra de Guadarrama, concentran varios millones de entradas anuales. Otros, como el Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Illas Atlánticas de Galicia, soportan una presión especialmente intensa en relación con su tamaño: medio millón de turistas en un espacio terrestre que apenas supera las mil hectáreas. Además, la afluencia se concentra en pocos meses, lo que multiplica el estrés sobre los ecosistemas y limita la capacidad de gestión de las administraciones.

A esta presión humana se suma una controversia menos visible, pero potencialmente más duradera: la gestión de los dragados portuarios. La decisión del Ministerio para la Transición Ecológica de reactivar el vertedero marino de Sálvora y autorizar nuevas zonas de depósito en las proximidades del parque ha reabierto un debate que parecía cerrado. Como ha señalado catedrático de Biología y Geología y doctor en Biología Ramón Varela Díaz, en un artículo que publica en gallego en la edición Galicia de MUNDIARIO, el problema no es solo la existencia de los vertidos, sino su localización en áreas especialmente sensibles y su acumulación a lo largo del tiempo.

Los dragados implican millones de metros cúbicos de sedimentos que contienen metales pesados y otros compuestos que, aunque se presenten como de baja concentración, pueden dispersarse y bioacumularse en la cadena trófica. La experiencia del antiguo vertedero E/8, donde una parte significativa del material depositado ya se ha desplazado fuera de la zona prevista, refuerza la necesidad de aplicar criterios de máxima precaución en un medio dinámico como el marino.

Las visitas a los parques nacionales crecieron un 77% en veinte años. Estudios recientes detectan pérdidas de biodiversidad marina de hasta el 40%

La preocupación no es únicamente teórica. Estudios recientes realizados en los parques nacionales de las Illas Atlánticas y del archipiélago de Cabrera han detectado pérdidas medias de biodiversidad marina de hasta el 40% en menos de una década. Los investigadores subrayan una idea clave: los parques nacionales no están aislados de su entorno. Las decisiones que se adoptan fuera de sus límites administrativos —ya sea en materia de turismo, dragados o usos portuarios— acaban teniendo efectos directos sobre sus ecosistemas.

Frente a este escenario, la respuesta institucional parece fragmentada. Mientras se destinan recursos a planes de erradicación de especies invasoras, una línea de actuación necesaria, la regulación del turismo o la búsqueda de alternativas a los vertidos marinos avanzan con mayor lentitud. La dificultad para conciliar intereses económicos, demandas locales y criterios ambientales vuelve a situar a las administraciones ante un dilema recurrente.

No se trata de cuestionar el valor del turismo ni de ignorar la importancia de la actividad portuaria para la economía costera. El reto consiste en evitar que el éxito se convierta en una amenaza para aquello que se pretende proteger. Como advierten voces del ámbito científico y ambiental, entre ellas la del expresidente de la asociación ecologista Adega Ramón Varela Díaz, la sostenibilidad de los parques nacionales dependerá menos de discursos bienintencionados y más de decisiones valientes que asuman límites, redistribuyan usos y prioricen la conservación a largo plazo. @mundiario