Huelga de maquinistas tras dos muertes en una semana: Puente atribuye la medida al “estado anímico”
La red ferroviaria española atraviesa uno de sus momentos más delicados en años. En menos de una semana, dos accidentes graves —en Adamuz (Córdoba) y Gelida (Barcelona)— se han saldado con la muerte de dos maquinistas, 42 civiles fallecidos y decenas de heridos.
El impacto humano y profesional de estos sucesos ha desencadenado una respuesta contundente de los sindicatos de conductores de trenes, que han anunciado una huelga general en el sector mientras el ministro de Transportes, Óscar Puente, atribuye las protestas a la “situación anímica” del colectivo.
El Sindicato Español de Maquinistas Ferroviarios (Semaf), mayoritario entre los conductores, ha advertido de una convocatoria de huelga general “en busca de dar legalidad y amparo a las movilizaciones de las personas trabajadoras y usuarios, con el fin de demandar que se garantice la seguridad y fiabilidad de la red”. Aunque por ahora no hay fechas concretas, el anuncio marca un punto de inflexión tras años de quejas sobre el deterioro de la infraestructura ferroviaria y la acumulación de incidencias operativas.
El detonante inmediato ha sido la muerte de un maquinista de 28 años en la red de Rodalies, en Gelida (Barcelona), que realizaba prácticas en Renfe, sumada al fallecimiento del conductor del Alvia siniestrado en Adamuz. Semaf ha señalado incluso la posible existencia de un tercer profesional fallecido en otro incidente, extremo que no ha sido confirmado oficialmente. Más allá del número exacto de víctimas, el mensaje del colectivo es claro: consideran “inadmisible” la situación del ferrocarril y reclaman medidas urgentes para garantizar la integridad de trabajadores y pasajeros.
En paralelo a la convocatoria de huelga, Semaf ha recomendado a los maquinistas adoptar medidas excepcionales de autoprotección, como reducir la velocidad de circulación por debajo de los límites establecidos cuando detecten riesgos asociados al estado de la vía o a las condiciones climáticas. También ha aconsejado que aquellos profesionales que no se encuentren en condiciones de prestar servicio debido a la carga emocional lo comuniquen a sus responsables, en aplicación de la normativa vigente.
A estas posiciones se ha sumado Comisiones Obreras, que ha anunciado que “convocará las jornadas de huelga o las medidas de presión que sean necesarias” si no se alcanzan compromisos concretos en materia de seguridad. El sindicato reclama protocolos claros y coordinados entre Protección Civil, Renfe y Adif, así como una investigación rigurosa de lo ocurrido en los últimos accidentes. La coincidencia de dos grandes fuerzas sindicales eleva la presión sobre el Gobierno y amplía el conflicto más allá de un único colectivo.
El debate sindical se produce, además, en un contexto de investigaciones técnicas en marcha. En el caso de Adamuz, las pesquisas se centran en una posible rotura del carril por el que circulaba el tren de Iryo. En Cataluña, la Generalitat ha apuntado al desprendimiento de un talud tras intensas lluvias como principal hipótesis del accidente de Gelida. Los sindicatos, sin embargo, subrayan que estos episodios se suman a otros recientes, como el descarrilamiento en Maçanet por la caída de una roca, y dibujan un patrón de vulnerabilidad de la infraestructura ante fenómenos climáticos y falta de mantenimiento.
Frente a este diagnóstico, el ministro de Transportes ha ofrecido una lectura distinta al panorama sombrío dibujado. Óscar Puente ha explicado que Adif decidió limitar la velocidad en un tramo de la línea de alta velocidad Madrid-Barcelona tras recibir 25 notificaciones de incidencias en un solo día, cuando en jornadas anteriores apenas se habían registrado avisos. Según el ministro, este aumento responde a la “circunstancia anímica” de los maquinistas tras el accidente de Adamuz. “Están claramente afectados y están actuando de esta manera”, afirmó en una entrevista a Telecinco.
Puente ha defendido que, tras una auscultación nocturna de las vías, solo cuatro de esas incidencias requieren revisión, por lo que la reducción de velocidad se mantendrá únicamente en esos puntos. En el resto del trazado, ha señalado, se podrá recuperar la velocidad habitual. En cuanto a la huelga, el ministro ha asegurado que el Gobierno se sentará “a dialogar” para “intentar que no se produzca”, insistiendo en que la convocatoria se da porque está ligada al impacto emocional por la muerte de dos compañeros.
Este cruce de interpretaciones revela una brecha de fondo. Para los sindicatos, la sucesión de accidentes y descarrilamientos apunta a un problema estructural de seguridad y fiabilidad de la red ferroviaria, agravado por fenómenos meteorológicos extremos y una infraestructura tensionada. Para el Ministerio, los sistemas de control funcionan y las reacciones del colectivo están condicionadas por un contexto emocional excepcional, no necesariamente por un deterioro generalizado de las vías. @mundiario