España frena su reducción de emisiones y se aleja de los objetivos climáticos
La lucha contra el cambio climático en España parece haber tropezado con un obstáculo inesperado: tras años de progresos, las emisiones de gases de efecto invernadero se mantendrán prácticamente en los mismos niveles que en 2024. Según el Observatorio de la Transición Energética y la Acción Climática (OTEA) del BC3, 2025 cerrará con apenas un 0,2% menos de emisiones, lo que deja al país lejos de cumplir con la meta de reducir un 32% las emisiones para 2030 respecto a 1990.
Este estancamiento no significa que todo esté parado. El contexto económico y demográfico ayuda a matizar la situación: con un crecimiento del PIB del 2,9% y más de medio millón de habitantes adicionales, las emisiones per cápita y por unidad de PIB continúan descendiendo. Es decir, España está produciendo más con menos impacto relativo, un signo alentador de desacople entre desarrollo y contaminación. Sin embargo, la meta europea exige acelerar la acción, porque mantener las emisiones actuales implicaría quedarse en un 23% de reducción, lejos del 32% comprometido.
Transformar el transporte es un reto ineludible
Aunque el sector eléctrico ha dado señales de avance, con la salida casi total del carbón y un crecimiento récord en energías renovables —7,9 GW fotovoltaicos y 0,9 GW eólicos en 2025—, las emisiones globales no bajan. Esto se debe a un aumento en la generación con gas natural tras el apagón del 28 de abril, que obligó a recurrir a centrales de ciclo combinado. Pero más allá de estos picos coyunturales, el verdadero desafío reside en el transporte.
Representando aproximadamente un tercio del total de emisiones, este sector sigue siendo un cuello de botella en la descarbonización. A pesar de que la cuota de mercado de vehículos electrificados casi se duplica este año, pasando del 11% al 20%, la dependencia de los coches privados sigue siendo alta. La transformación requiere algo más que electrificación: cambios en la planificación urbana, fomento del transporte público y sistemas de movilidad compartida son esenciales para que la reducción de emisiones sea sostenible y duradera.
Más allá de los números: por qué importa acelerar la acción
Cada tonelada de CO₂ evitada cuenta, y España no puede permitirse esperar. La emergencia climática no es un problema abstracto: los fenómenos extremos que ya afectan al país, como olas de calor más intensas e inundaciones, son un recordatorio diario de que el tiempo apremia. Los datos de 2025 nos muestran que, aunque la energía limpia avanza, los hábitos de movilidad y la electrificación de la economía aún necesitan un empujón decisivo.
En términos prácticos, esto implica políticas más ambiciosas: incentivos a la movilidad sostenible, mayor inversión en transporte público y urbano, y regulación que priorice la eficiencia energética. También es una oportunidad de innovación: la transición energética puede generar empleo verde, reducir la dependencia de combustibles fósiles y mejorar la calidad de vida en las ciudades. España tiene las herramientas y la tecnología; lo que falta es acelerar el paso y transformar los compromisos en acciones tangibles.
El futuro climático del país depende de decisiones valientes y coherentes hoy. Cada sector cuenta, pero es en el transporte y la electrificación de la economía donde la acción puede marcar la diferencia entre un estancamiento costoso y una verdadera senda de descarbonización. La hora de actuar es ahora. @mundiario