La Complutense mantendrá tres años de recortes para pagar el préstamo a Ayuso
La Universidad Complutense de Madrid (UCM) encara tres años de austeridad extrema. Lo que nació en 2024 como un “ajuste temporal” del 30% se ha convertido en un recorte estructural del 35% que se prolongará hasta 2028. El motivo: devolver a la Comunidad de Madrid los 34,5 millones de euros del préstamo que solicitó para tapar un agujero financiero que, lejos de cerrarse, amenaza con agrandarse. Lo que se presenta como una medida de “racionalización del gasto” ha terminado por desnudar una realidad más profunda: la precariedad crónica de la universidad pública madrileña.
Esta prolongación de la tijera la ha anunciado la vicerrectora de Economía, Begoña García Greciano, este martes en el consejo de gobierno: los “presupuestos de guerra” serán la norma durante los próximos tres ejercicios. No hay margen. El pasado año, la Complutense cerró con un déficit de 33,19 millones y su liquidez es mínima. “Las nóminas nunca han estado en riesgo, pero ya no tenemos la flexibilidad de caja que teníamos”, admitió el rector Joaquín Goyache, tratando de transmitir calma. Pero el mensaje, para muchos, sonó a resignación.
El recorte afecta al corazón de la vida universitaria: materiales, libros, congresos, viajes académicos, ayudas a la investigación. Es decir, todo aquello que convierte a la universidad en un espacio de producción de conocimiento y no en una simple fábrica de títulos. “Estamos llegando al final del año y ya no queda dinero para abrir nuevas ayudas”, lamenta Víctor Alonso, vicedecano de Políticas. “Intentamos mantener las actividades estudiantiles básicas, pero hay que elegir qué sacrificar”.
Un modelo que se asfixia
De acuerdo con El País, las facultades empiezan a notar la falta de oxígeno. Los técnicos de laboratorio improvisan soluciones ante la escasez de material: pipetas compartidas, reactivos reutilizados, instrumental obsoleto. “Tienes que ser muy creativa para seguir trabajando”, confiesa Susana Menéndez, técnica de Medicina desde hace 36 años. Lo mismo ocurre con los programas de innovación docente y las convocatorias de grupos de investigación, muchos suspendidos por falta de fondos.
Mientras tanto, la Complutense recibe para su capítulo de transferencias corrientes menos dinero que hace 15 años: 412 millones en 2024 frente a los 427 de 2010. La diferencia es abismal si se considera que entonces cerró con superávit y ahora arrastra un déficit multimillonario. A pesar de ello, la Comunidad de Madrid presume de haber incrementado la inversión un 19% desde 2019, una cifra que suena optimista en los despachos, pero insuficiente en los pasillos helados de las facultades.
La deuda como política
El préstamo que se devuelve ahora es, en realidad, una consecuencia del abandono presupuestario de la última década. La Comunidad ha delegado la supervivencia universitaria en mecanismos de endeudamiento que hipotecan el futuro académico. En lugar de fortalecer la financiación estructural, se opta por créditos que, paradójicamente, obligan a recortar para poder ser devueltos. “Es un parche”, denuncian los sindicatos. Y no uno pequeño.
Los efectos se extienden más allá de los despachos. La universidad pierde alumnos porque no puede abrir nuevos grupos, ni ofrecer las condiciones que garantizan una enseñanza de calidad. En Medicina, incluso se han dejado plazas vacantes para no rebajar el nivel docente. Mientras tanto, las universidades privadas florecen: pronto serán 14 en la región. La educación pública se contrae, la privada se expande.
El precio del conocimiento
El decano de Físicas, Ángel Gómez, lo resume sin rodeos: “En Madrid está en juego un modelo en el que un estudiante, independientemente de su capacidad económica, puede llegar a donde quiera”. Esa es la batalla de fondo. La Complutense no solo pelea por cuadrar sus cuentas, sino por preservar la idea de universidad como ascensor social.
Durante los próximos tres años, el mayor campus de España tendrá que sobrevivir con un presupuesto menguante. Lo hará sustituyendo materiales, cancelando proyectos y posponiendo reformas. El 35% de recorte no solo ajusta cifras: redefine prioridades, apaga luces y congela sueños. Y mientras la Comunidad y el rectorado se reparten responsabilidades, miles de estudiantes y docentes sostienen, con creatividad y resignación, lo que queda del orgullo complutense. @mundiario