Aumento de la mortalidad por el consumo de alcohol
Existe una funesta combinación entre el alcohol, el sobrepeso y la obesidad, que han multiplicado por más de tres la mortalidad por cirrosis hepática.
Una investigación, que incluyen datos aportados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos, nos muestra que existen tendencias alarmantes en la mortalidad por cirrosis alcohólica, producto de un acelerado daño hepático.
El hígado es un órgano ubicado en la parte superior derecha de la cavidad abdominal, por debajo del diafragma y por encima del estómago y los intestinos; entre sus diversas funciones (se le han atribuido más de 500), es esencial en la actividad metabólica del organismo, regula los niveles de varias sustancias químicas en la sangre, metaboliza los medicamentos y segrega bilis (una sustancia líquida producida por este órgano, almacenada en la vesícula biliar y que es útil en los procesos de la digestión). Por diferentes circunstancias puede fallar y esto lleva a que se acumulen toxinas en la sangre que van a desencadenar otros procesos que pueden afectar, por ejemplo, la función cerebral, los riñones (orina de color oscuro), los intestinos (materia fecal amarillenta o pálida), generar fatiga crónica, nauseas o vómitos, ictericia (color amarillo en la piel y los ojos), etcétera.
El hígado puede verse dañado por el consumo excesivo-abusivo de ciertos alimentos (comida chatarra, embutidos, dulces o galletas con alto contenido graso o de azúcar), bebidas (alcohol o bebidas energéticas y azucaradas), medicamentos y, también, por algunas enfermedades. En consecuencia, debemos considerar que es un órgano esencial para vivir, por lo que es vital cuidarlo llevando una vida saludable: con una dieta equilibrada, con bajo consumo de alcohol o sin otros excesos y que incluya la actividad física.
Algunas enfermedades como la hepatitis, el alcoholismo crónico o el abuso de medicamentos pueden provocar cirrosis (se forman lesiones o cicatrices en el hígado que con el tiempo y su empeoramiento terminan por limitar las funciones hepáticas); un dato: rara vez, el daño provocado por la cirrosis se puede revertir.
Según observaciones hechas en EE. UU., entre 2010 y 2016, y publicado en el The American Journal of Medicine la cirrosis alcohólica fue la causa principal de que se produzcan casi 1 de cada 3 trasplantes de hígado, superando a la hepatitis C. Para ello, se utilizaron los datos proporcionados en línea para la investigación epidemiológica, del sistema CDC-WONDER, desarrollado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos; vale subrayar que es un sistema integrado de información y comunicación, muy útil para la salud pública. Con estos datos se comparó las tendencias de mortalidad —a través del cálculo de las tasas de mortalidad por cada 100 mil habitantes— por cirrosis hepática alcohólica, en los EE. UU. entre 1999 y 2019, en grupos etarios de 10 años, de 25 a +85. Y los resultados obtenidos fueron los siguientes:
> En el año 1999, bajo una muestra de 180.408.769 personas, entre los 25 a 85 o más años, la tasa de mortalidad por cirrosis alcohólica fue de 3,33 (6.007 muertes) por 100.000.
> En 2019, la muestra se elevó a casi un 24,71% (224.981.167 personas, de 25 a 85 años o más), arrojando una tasa de mortalidad de 10,57 (23.780 muertes) por 100.000.
¿Qué conclusiones nos arrojan estos datos?
Los datos registrados durante esos 20 años ponen en evidencia una tendencia al alza, la cual indica que existe un aumento de, aproximadamente, 3.17 veces de la mortalidad por cirrosis alcohólica, en los EE. UU.; a la vez, existen otros datos que indican que el consumo de alcohol continuó en aumento (mientras en EE. UU. aumentó un 21%, en otras regiones de América del Sur se registraron datos que varían entre un 30-35%, durante la pandemia de la COVID-19 y producto del estrés que generó el confinamiento) y que las personas comienzan a beber mucho más jóvenes.
Esta información estadística contribuye a pensar en varias conclusiones: los casos de muertes por cirrosis hepática no solo se deben al consumo excesivo de alcohol sino que debemos considerar otros factores de riesgo; asimismo, es necesario que los esfuerzos en prevención se enfoquen en disminuir el sedentarismo que nos han llevado al sobrepeso y la obesidad, no solo en los EE. UU. sino también en casi todas las regiones del planeta; con el sedentarismo surgen los dos factores de riesgo mencionados que pueden estar contribuyendo a estas llamativas tendencias.
El investigador principal, el Dr. Charles Hennekens, primer profesor con el título Sir Richard Doll y asesor académico Sénior del decano de la Facultad de Medicina Charles E. Schmidt, de la Universidad del Atlántico de Florida, en Boca Ratón, asume que podría haber otros factores en juego —como los mencionados— que conduzcan al hígado graso, acelerando el daño hepático, así como que la obesidad y el sedentarismo forman parte de la raíz de la pandemia de diabetes y de otros padecimientos como los cardíacos, accidentes cerebrovasculares y algunos tipos de cáncer.
Para resolver esta problemática, Hennekens subrayó que el consumo de alcohol debe limitarse a no más de dos tragos (o copas) al día para los hombres y no más de uno para las mujeres. Además, es vital dar a conocer que el consumo excesivo de alcohol conduce a altas tasas de mortalidad por cirrosis hepática y/o por enfermedades cardíacas, entre otras.
Un tercio de todos los trasplantes de hígado
Como expresé al inicio, según observaciones hechas en EE. UU., entre 2010 y 2016, y publicado en el The American Journal of Medicine, en mayo de 2022, la cirrosis alcohólica fue la causa principal de que se produzcan casi 1 de cada 3 trasplantes de hígado, superando a la hepatitis C, por lo que es importante reducir las cantidades de alcohol, lo que se traduce en evitar una muerte prematura. Otra de las diferencias que encontraron los investigadores fue que el mayor aumento se produjo entre las personas de 24 a 35 años, donde los datos se multiplicaron por siete. Y el aumento más pronunciado se observó entre los de 65 a 74 años.
A la vez, podemos considerar el informe mundial de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el que se destaca que el consumo de alcohol puede no sólo conducir a la dependencia, sino que también aumenta el riesgo en las personas de desarrollar más de 200 enfermedades, incluyendo la cirrosis hepática y algunos tipos de cáncer. El consumo nocivo de alcohol hace que las personas sean más susceptibles a enfermedades infecciosas, como la tuberculosis y la neumonía, entre otras. @mundiario