A propósito de 'El jugador', de Dostoievsky: la escritura como exorcismo

Con una sensación perpetua de fracasado, arruinado y esclavizado por el juego, Dostoiewski vive la experiencia de la escritura desde una visión traumática de la vida que no exorcizará jamás.
A propósito de 'El jugador', de Dostoievsky: la escritura como exorcismo

El asunto de El jugador  en MUNDIARIO está motivado por una experiencia personal que determinó mi vida como lector y así también la forma de sentir la realidad que me rodeaba, de asumir los fracasos y la necesidad de abandonarme a la deriva de la literatura para poder respirar. Con apenas dieciocho años, leí Crimen y castigo, y descubrí, en aquellas páginas, que la literatura podría ser una experiencia tan turbadora.

Algunos visionarios -como Batjín, Nietzsche o Freud- reconocieron en la novelística de Dostoiewski un método para trascender la literatura más allá del argumento, para lograr de la escritura una fusión de forma y contenido difícilmente separable, y al mismo tiempo tan destructiva y hermosa cuando nos involucramos en la conducta de sus personajes. Así que podemos destacar en la narrativa de Dostoiewski aspectos temáticos tan significativos e imperecederos como los siguientes:

  • Realismo sin censura en la descripción de actitudes y pensamientos que profundizan en el lado oscuro de la mente poniendo en crisis las convenciones sociales.
  • Manejo de un lenguaje con una gran riqueza de registros donde cada personaje se identifica con un determinado discurso del verbo y, por tanto, de las acciones.
  • Complejidad de un mundo psicológico cuando Dostoiewski trasciende nuestra propia concepción del ser humano buscando modelos conductuales en antihéroes (asesinos, ludópatas, prostitutas, corruptos, entre otros) que conoció personalmente y que formaban parte, además, de su realidad social.
  • Concepción totalizadora de una novela que pretende abarcar de forma ambiciosa la descripción de dimensiones espaciales como una forma de determinación de la conducta. Las fronteras del espacio parecen ser las fronteras de nuestra mente. Los escollos de la realidad física afectan a la forma de comprender racionalmente lo que está sucediendo a nuestro alrededor. El espacio, como los objetos, son símbolos que influyen en las acciones y describen la condición moral de los personajes.

El juego de las apariencias, el mantenimiento de las convenciones pese a la decadencia moral del propio individuo, la sugestiva prosa de los diálogos, donde se refleja el refinamiento de la educación de la aristocracia, al mismo tiempo que la podredumbre de sus acciones, son características productivas en obras como El jugador.

Con una sensación perpetua de fracasado, arruinado y esclavizado por el juego, Dostoiewski vive la experiencia de la escritura desde una visión traumática de la vida que no exorcizará jamás; su primera esposa muere, su espíritu revolucionario lo condena a Siberia durante años. Casado en segundas nupcias con la joven Anna Grigorievna, es testigo de la muerte de su hija al poco de nacer. Su epilepsia, su adicción al juego y su enfermiza preocupación por la escritura influyeron notablemente en su interpretación de una realidad convulsa en el exterior y llena de turbios estímulos en su alma.

Con El jugador, asistimos  a una novela con características propias del género, pero con otra serie de propiedades temáticas que pertenecen al ámbito del ensayo filosófico o a estudios específicos de Psicología o Psiquiatría.

Porque el análisis de la conducta es antes que el argumento que Dostoiewski utiliza como motivación para elaborar un retrato psicológico, no solamente de los actores del relato, sino también de la sociedad, donde el declive moral, los subterfugios de las revueltas anarquistas se enfrentan a la fosilización de un régimen zarista que cree aún en la divinidad de su descendencia.

En ese mundo de represión, aturdido por el juego, por la muerte de los suyos, por su experiencia turbadora a la par que enriquecedora en prisión, Dostoiweski, por su talento creativo y por el material literario que alberga su propia existencia, defiende involuntariamente esa forma de narrar desde la creatividad técnica, pero sin abandonar los demonios que lo acosan y lo inspiran.

A propósito de 'El jugador', de Dostoievsky: la escritura como exorcismo
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