Por qué el Ozempic sin ejercicio ni control médico puede ser un error
El furor por los nuevos medicamentos para adelgazar, como Ozempic, Wegovy o Mounjaro, es comprensible. Por primera vez, la ciencia ofrece una ayuda farmacológica eficaz para un problema de salud crónico que arrastra estigmas y fracasos: la obesidad. Las cifras son impresionantes: hasta un 25% de pérdida de peso. Pero detrás del entusiasmo se esconde una realidad más compleja. Porque adelgazar no es solo cuestión de inyectarse un fármaco. Si no se hace bien, el remedio puede ser peor que la enfermedad.
La moda de Ozempic —impulsada por redes sociales, ‘celebrities’ y un sistema sanitario que a veces también prefiere atajos— está empezando a mostrar su cara B. Efectos secundarios mal gestionados, dietas restrictivas peligrosas, pérdida de masa muscular, deshidratación, carencias nutricionales, rebote de peso… Todo eso está pasando ya, según alertan médicos y nutricionistas al diario El País. La causa no es el medicamento en sí, sino el uso frívolo y sin supervisión. No hay píldoras mágicas. Y quien crea que sí, se está engañando. O peor: se está haciendo daño.
Tomar Ozempic no es una decisión banal. Se trata de un tratamiento médico serio, que exige seguimiento profesional, compromiso personal y cambios de hábitos sostenidos. Josep Vidal, endocrinólogo del Hospital Clínic de Barcelona, lo deja claro: el primer paso no es pincharse, sino valorar a la persona entera. ¿Tiene enfermedades asociadas? ¿Cuál es su composición corporal? ¿Está preparada para un plan a largo plazo? Porque si no lo está, el éxito será efímero, y el daño, duradero.
El medicamento necesita tiempo. Se empieza con dosis bajas y se aumenta progresivamente, vigilando la aparición de efectos secundarios. Náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento… Son frecuentes y evitables si el escalado se hace bien. Pero si se fuerza, el cuerpo lo paga. Lo mismo ocurre con la pérdida de peso. No solo se va la grasa: si no se hace ejercicio de fuerza, también se esfuma el músculo. Y eso, lejos de ser bueno, es un grave problema metabólico.
Sin fuerza no hay victoria: preservar el músculo es esencial
Uno de los errores más frecuentes en quienes toman estos fármacos es descuidar el ejercicio. La pérdida de peso rápida puede parecer una victoria, pero si se sacrifica masa muscular en el proceso, lo que se gana es fragilidad. El entrenamiento de fuerza —más importante incluso que la dieta en este contexto— es la herramienta clave para evitarlo. Dos o tres sesiones por semana, combinadas con ejercicio aeróbico, son necesarias para sostener el cambio en el tiempo.
El otro gran error es comer menos, pero mal. Como el fármaco corta el hambre, muchas personas dejan de preocuparse por la calidad nutricional de lo que ingieren. Y ahí aparecen los déficits: de proteínas, vitaminas, minerales. La solución no es llenar el vacío con suplementos al azar, sino con alimentos densos en nutrientes: pescado, legumbres, tofu, yogures, frutas, grasas saludables, carbohidratos complejos. Si se va a comer menos, que cada bocado cuente.
Hidratarse, aunque no se tenga sed
La pérdida de apetito suele venir acompañada de una menor ingesta de líquidos. Y eso puede provocar deshidratación, fatiga o problemas renales. La recomendación es clara: entre dos y tres litros de agua al día, reforzando con frutas y verduras ricas en agua, como sandía o pepino. El alcohol, las bebidas azucaradas y el exceso de cafeína deben evitarse. Una buena hidratación es parte de la estrategia de salud, no un detalle menor.
¿Y cuando se deja Ozempic? Ahí empieza el verdadero desafío. Muchos pacientes recuperan entre el 7% y el 12% del peso perdido tras abandonar el tratamiento. No es culpa del cuerpo, sino de la falta de estrategia. Hay que mantener la actividad física, la dieta equilibrada y, sobre todo, la conciencia de que el fármaco no cura la obesidad. La controla. Es solo una herramienta más en un camino largo que exige esfuerzo, constancia y apoyo profesional.
La llegada de Ozempic y sus “hermanos” marca un antes y un después en el abordaje de la obesidad. Pero su uso requiere seriedad. No basta con pincharse para cambiar de vida. Hay que estar dispuesto a entrenar, comer bien, hidratarse y, sobre todo, seguir bajo la mirada de un profesional. @mundiario