Sabían que una presa podía reventar y aun así la alerta no llegó

Estragos de la dana en Valencia. / RR. SS.
Un alto cargo de Mazón dice a la jueza de la dana que Salomé Pradas le avisó de la posibilidad de rotura de una presa antes de la alerta.

Hay frases que, cuando se pronuncian en el momento equivocado, acaban pesando más que cualquier informe técnico. “Iba a reventar una presa”. Eso es lo que, según ha declarado ante la jueza de Catarroja, escuchó un alto cargo del Gobierno valenciano en plena tarde de la dana de 2024, horas antes de que se enviara la alerta masiva a la población. La frase, atribuida a la entonces consejera de Justicia e Interior, Salomé Pradas, se ha convertido en uno de los elementos más inquietantes de la investigación judicial sobre la catástrofe que dejó 230 muertos.

El testimonio lo ha prestado Cayetano García, exsecretario autonómico de Presidencia y hombre de máxima confianza del entonces president Carlos Mazón. En sede judicial, García ha asegurado que Pradas le llamó a las 19.36 horas para advertirle del riesgo inminente de rotura de una presa y de la necesidad de confinar la provincia de Valencia. En ese momento, Mazón acababa de salir de un periodo de 37 minutos de incomunicación y el peligro de colapso de la presa de Forata estaba ya sobre la mesa.

La cronología es demoledora. La alerta masiva a los móviles —la primera comunicación directa a la ciudadanía— no se envió hasta las 20.11 horas. Para entonces, la mayoría de las víctimas mortales ya habían perdido la vida. La pregunta que sobrevuela el sumario es tan sencilla como incómoda: ¿qué se sabía exactamente antes de pulsar el botón que podía haber salvado vidas?

García comparece como testigo, una condición que le obliga a decir la verdad. Ha aportado mensajes, llamadas y detalles que dibujan una gestión fragmentada, lenta y marcada por el desconcierto. No solo por lo que se dijo, sino por lo que no se hizo.

Un aviso que no activó decisiones

El ex alto cargo ha reconocido que, tras recibir la llamada de Pradas, consultó con el abogado de la Generalitat el encaje jurídico de un posible confinamiento. Sin embargo, esa información no llegó ni al expresident ni a quien fuera su jefe de gabinete. El aviso quedó encapsulado en una conversación que no se tradujo en una orden política inmediata. El riesgo extremo, según su relato, no activó la cadena de mando.

Desconocimiento en la cúpula de la crisis

Uno de los aspectos más perturbadores de la declaración es el desconocimiento confesado. García ha admitido que no sabía qué era el Cecopi, el órgano encargado de coordinar emergencias, ni conocía el funcionamiento del sistema Es-Alert. Esa ignorancia, en alguien situado en el corazón del poder autonómico, apunta a un fallo estructural: no solo fallaron las decisiones, también falló la preparación.

El silencio de los minutos clave

La investigación judicial vuelve una y otra vez a un intervalo concreto: los 37 minutos en los que Mazón estuvo incomunicado durante lo peor de la emergencia. Un lapso temporal que, a la luz de los testimonios, coincide con advertencias graves, llamadas cruzadas y ausencia de órdenes claras. El silencio político se convierte aquí en un factor tan relevante como la lluvia.

El caso de la dana no es solo un asunto judicial. Es una herida política y social que sigue abierta. El testimonio de García no señala únicamente a una persona, sino a una forma de gestionar el poder en situaciones límite. @mundiario