Podemos rectifica en Andalucía: urgencia por pactar para evitar la fragmentación de la izquierda
La política andaluza vuelve a reproducir el patrón en el que la izquierda alternativa enfrenta, una vez más, el dilema entre la unidad y la fragmentación. A pocos días de que expire el plazo para registrar coaliciones, Podemos ha dado un giro estratégico al ofrecer un pacto “sin condiciones” a Izquierda Unida para integrarse en la coalición Por Andalucía, donde ya conviven Movimiento Sumar e Iniciativa del Pueblo Andaluz.
El movimiento, tardío pero significativo, reabre una negociación que parecía cerrada. También revela hasta qué punto los incentivos electorales han acabado imponiéndose sobre las diferencias estratégicas acumuladas durante meses.
Durante buena parte del último año, la dirección estatal de Podemos mantuvo una posición distante —cuando no abiertamente crítica— hacia la confluencia andaluza. La presencia de Sumar, rival político a escala nacional, fue uno de los principales obstáculos. Sin embargo, esa línea se ha diluido en cuestión de días.
El nuevo mensaje es de aceptación del marco de Por Andalucía, disposición a compartir candidatura y ausencia de negociaciones previas. Un cambio que no puede entenderse sin el contexto de los malos resultados electorales en otras comunidades y el riesgo real de quedarse fuera del Parlamento andaluz.
El respaldo público del portavoz y secretario de Organización de los morados, Pablo Fernández, al candidato Juan Antonio Delgado, simboliza ese viraje. La “mano tendida” ya no es retórica, sino una apuesta explícita por la integración, incluso con actores antes cuestionados.
IU, entre el escepticismo y la oportunidad
La reacción de Izquierda Unida, liderada en este proceso por su coordinador federal Antonio Maíllo, ha sido prudente. Sin cerrar la puerta a un acuerdo, sus dirigentes muestran dudas sobre la sinceridad y viabilidad de la propuesta.
El argumento central en IU es que consideran que Podemos se desmarcó voluntariamente del proceso y que su oferta de última hora busca evitar el coste reputacional de una ruptura. En otras palabras, temen que el giro responda más a una estrategia de relato que a una voluntad real de integración.
Aun así, la lógica electoral deja matices. La fragmentación podría penalizar a todo el espacio a la izquierda del PSOE, favoreciendo indirectamente a las fuerzas de derechas como el PP, que las encuestas apuntan a que Juanma Moreno revalida la mayoría absoluta, o Vox. Ese riesgo mantiene abierta una ventana —estrecha pero real— para el acuerdo.
El calendario juega un papel decisivo. Con el plazo a punto de expirar, cualquier pacto requeriría concesiones rápidas y una desescalada del conflicto interno. No es la primera vez que la izquierda alternativa llega al límite. En 2022 las negociaciones in extremis derivaron en una fórmula imperfecta que dejó a Podemos fuera de las listas, pero dentro de la coalición. Hoy, el margen es incluso menor porque faltan cuatro días para el cierre del plazo. Y el coste de repetir el error podría ser mayor, en un contexto de desgaste electoral y mayor competencia interna.
Tres listas, un mismo espacio
Si no hay acuerdo, el escenario más probable será una triple fragmentación: Por Andalucía (IU, Sumar y aliados), Podemos en solitario y Adelante Andalucía, liderado por el entorno de Teresa Rodríguez.
Esta división no solo dispersa el voto, sino que dificulta la representación institucional de un espacio ya debilitado. Las encuestas apuntan a que Podemos podría quedar fuera del Parlamento andaluz, mientras que las otras dos candidaturas sí tendrían opciones de obtener escaños.
De hecho, los morados vienen de una mala racha en este ciclo electoral, después de empezar con buen pie en Extremadura, donde la coalición de Unidas por Extremadura consiguió siete escaños y el 10.27 % de los votos. Pero en Aragón la división pasó factura y ninguno de las dos alas de la izquierda alternativa estatal logró quedarse con su único procurador en las Cortes, mientras que la Chunta Aragonesista cosechó las papeletas progresistas para tener seis diputados y el 9.74 %. En Castilla y León ninguno tampoco consiguió escaños, con Podemos quedándose con apenas el 0.74 % de las papeletas.