Ortega Smith rompe con la cúpula de Vox y denuncia una purga interna basada en la “mentira”

Javier Ortega Smith, exsecretario general de Vox y portavoz en el Ayuntamiento de Madrid. - @ortegs_smith
El exsecretario general del partido y portavoz en el Ayuntamiento de Madrid acusa a la dirección nacional, encabezada por Abascal y Garriga, de degradarlo a través de “la manipulación y la tergiversación” después de ser expulsado del Comité Ejecutivo Nacional.

La salida de Javier Ortega Smith del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Vox fue punto de inflexión de una relación política que llevaba años deteriorándose. Tras más de una década en la dirección y seis años como secretario general, el fundador del partido de ultraderecha ha optado por romper el silencio y cargar directamente contra la cúpula que hoy controla la formación.

En una carta dirigida a los miembros del CEN, Ortega Smith cuestiona tanto el fondo como las formas de su expulsión, aprobada el pasado 22 de diciembre a propuesta del secretario general, Ignacio Garriga, y con el aval de Santiago Abascal. “La mayoría de vosotros no dedicasteis tiempo ni siquiera a leer, puesto que procedisteis a votar mi expulsión en tromba en menos de dos minutos”, reprocha el diputado y todavía edil portavoz en el Ayuntamiento de Madrid.

Lamentablemente no me ha sorprendido esa votación tan inmediata, porque hace ya mucho tiempo que el CEN dejó de ser un órgano de debate y reflexión, para ser un órgano meramente decorativo que simplemente ratifica las decisiones que otros han tomado previamente”, afeó Ortega Smith en una misiva adelantada por El Mundo, en la que carga contra la decisión de apartarlo del máximo cuerpo directivo entre asambleas, en virtud de un informe presentado por Garriga “con el visto bueno” de Abascal.

El distanciamiento entre Ortega Smith y la dirección no es reciente. Desde que en 2022 Abascal lo sustituyó como secretario general, su peso interno se ha ido reduciendo de forma constante. Primero fue vicepresidente, luego simple vocal del CEN y finalmente apartado del órgano. A ello se suman su relevo como portavoz adjunto en el Congreso, su desplazamiento a posiciones secundarias en el gallinero del hemiciclo y la pérdida de responsabilidades parlamentarias clave.

La carta supone, sin embargo, un salto cualitativo. Ortega Smith no se limita a defenderse de las acusaciones que figuran en el informe —viajes a apoyar a cargos municipales, declaraciones públicas sin el aval de la dirección o críticas a decisiones como el respaldo de Vox a la Zona de Bajas Emisiones en Valladolid—, sino que denuncia una “una estrategia decidida hace ya mucho tiempo, incluso por gente que no forma parte de la estructura del partido, que tiene como objetivo hacer desaparecer a todas aquellas personas que podamos tener alguna notoriedad pública, que reivindicamos los principios y valores fundacionales y cuestionamos las incoherencias actuales”.

La purga interna en Vox

Especialmente dura es su reacción ante la acusación de una supuesta colaboración con el PP, que califica de “delirante y surrealista”, recordando que nunca ha militado en esa formación y “es de traca que me acusen de esto precisamente quienes han pertenecido con carné y cargo durante muchos años al Partido Popular”, en una alusión velada a Abascal.

Más allá del caso personal, el escrito de Ortega Smith dibuja una crítica estructural al funcionamiento interno de Vox. Denuncia la represión de cualquier opinión discrepante, el uso de la “difamación” —incluidas campañas en redes sociales— como mecanismo de control y la falta de pluralismo en los órganos de dirección. En ese sentido, su expulsión sería el síntoma más visible de un proceso de recentralización del poder en torno a un núcleo cada vez más reducido en el partido.

Ortega Smith califica de “completamente inadmisible que la difamación personal y en redes sociales se hayan convertido en el arma de ciertas personas del partido para destruir la reputación de aquellos que la dirección considera incómodos.”

Este choque no es aislado en la historia reciente de Vox. Ortega Smith es uno de los últimos dirigentes del núcleo fundador que permanecían en activo, tras la salida o el distanciamiento de figuras como Alejo Vidal-Quadras o Iván Espinosa de los Monteros. Su popularidad entre parte de las bases explica, según fuentes internas, que la dirección haya optado durante años por una marginación progresiva en lugar de un enfrentamiento frontal.

El futuro de Ortega Smith en el alero

Desde la dirección nacional, el discurso ha sido contenido y funcional: relevos normales, necesidad de dar paso a nuevos perfiles y disciplina interna. Abascal ha resumido la situación ilustrando el choque de visiones, al afirmar que “en Vox hay mucho banquillo y todos tienen que aprender a ceder el paso”.

El conflicto deja en evidencia una tensión clásica en los partidos emergentes que alcanzan la madurez, es decir, el equilibrio entre liderazgo fuerte y pluralismo interno, entre cohesión y debate. Vox, que nació con un discurso de ruptura frente a los partidos tradicionales, afronta ahora críticas similares a las que dirigía a otros: concentración de poder, escaso disenso y decisiones tomadas desde arriba.

Pese a la dureza de sus palabras, Ortega Smith asegura que seguirá en Vox como afiliado, diputado y portavoz municipal en Madrid. Su intención declarada es continuar defendiendo sus posiciones “en la calle, en los medios, en los tribunales y en las instituciones, como siempre”. Sin embargo, su futuro político dentro del partido es una incógnita, y en la dirección se da por hecho que no repetirá como cabeza de lista en las municipales de 2027. @mundiario