La izquierda tras Aragón: cómo el fracaso con Podemos acelera el frente amplio
El fracaso del acuerdo entre los morados e Izquierda Unida, bloqueado por la incapacidad de cerrar una candidatura unitaria, despeja el camino para que los de Maíllo, los comunes, Más Madrid y Sumar aceleren la construcción de un nuevo espacio.
Durante meses, la llamada izquierda alternativa ha reflexionado sobre su futuro inmediato con una certeza compartida: la fragmentación penaliza. Sin embargo, ha sido el fracaso del pacto en Aragón —con tres papeletas a la izquierda del PSOE en las autonómicas— el acontecimiento que ha cristalizado una conclusión política más amplia. Allí donde no hay acuerdo, el coste electoral es evidente; allí donde los vetos cruzados se enquistan, otros actores toman la iniciativa.
Ese vacío es el que ahora tratan de ocupar Izquierda Unida (IU), los Comunes, Más Madrid y Movimiento Sumar. Cuatro fuerzas con presencia en el Gobierno que, sin haber cerrado aún un acuerdo definitivo, trabajan ya en una propuesta conjunta que podría ver la luz entre finales de enero y principios de febrero. La idea no es presentar un pacto cerrado, sino un punto de partida: un marco común desde el que abrir el diálogo a otras formaciones, definir programa, reglas internas, calendario y, solo al final, liderazgos.
El caso aragonés ha funcionado como un laboratorio involuntario. Podemos exploró hasta el último momento un acuerdo con IU, pero la exigencia de encabezar la candidatura chocó con la negativa de los de Antonio Maíllo. El desenlace —candidaturas separadas de Podemos, IU-Sumar y Chunta Aragonesista— ha clarificado posiciones y ha tenido efectos más allá del territorio.
En IU y en el resto de partidos del actual espacio Sumar, el episodio se interpreta como la confirmación de que los acuerdos bilaterales con Podemos son cada vez más complejos, no solo por diferencias programáticas, sino por estrategias de liderazgo incompatibles. Esa lectura se proyecta también sobre Castilla y León y, sobre todo, Andalucía, próxima gran cita electoral, donde IU aspira a mantener su tradicional hegemonía en ese espacio.
Un frente amplio con incógnitas
Lejos de paralizar el debate, la frustración en Aragón ha reforzado la dinámica de coordinación entre las fuerzas que hoy sostienen al Ejecutivo de coalición de Pedro Sánchez. Desde antes del verano, y especialmente tras la salida de la diputada de Més-Compromís al Grupo Mixto, IU, Más Madrid, Comunes y Movimiento Sumar activaron espacios estables de debate para mejorar la toma de decisiones y explorar un nuevo acuerdo electoral.
Ese trabajo se ha institucionalizado en un grupo reducido, con representantes de las cuatro formaciones, que ya opera como embrión del futuro proyecto. El diagnóstico compartido es claro: sin una oferta atractiva y cohesionada a la izquierda del PSOE, la continuidad de un Gobierno progresista tras las próximas generales es altamente improbable.
El proyecto en ciernes se presenta como un “frente amplio” que pretende aprender de experiencias pasadas y “renovar el contrato social” con su electorado. Sin embargo, las incógnitas siguen siendo numerosas. No hay acuerdo sobre la marca —todo apunta a que no se llamará Sumar— ni sobre el liderazgo. Aunque la vicepresidenta segunda Yolanda Díaz mantiene aspiraciones, su papel futuro no está definido y varias voces insisten en que cualquier candidatura deberá resolverse mediante primarias si no hay consenso previo.
Tampoco hay unanimidad interna. En Más Madrid, por ejemplo, conviven partidarios de profundizar en la unidad estatal con quienes reivindican respetar los espacios políticos ya consolidados en los territorios, como ha ocurrido con Chunta Aragonesista en Aragón. Estas tensiones reflejan un debate más amplio: hasta qué punto la recomposición del espacio debe ser homogénea o flexible según la realidad de cada comunidad.
Podemos, ante una disyuntiva estratégica
El movimiento de IU, Comunes, Más Madrid y Sumar deja a Podemos ante una decisión clave. Fortalecido por su resultado en las europeas y con la exministra Irene Montero como apuesta clara para las generales, el partido de Ione Belarra aspiraba a liderar la reunificación del espacio. La constitución de este núcleo alternativo desplaza ese eje y plantea a Podemos la disyuntiva de sumarse en condiciones no hegemónicas o concurrir en solitario, con el riesgo que ello implica en un sistema electoral que penaliza la dispersión del voto.
Todo este proceso se desarrolla en un contexto político cada vez más adverso. El hundimiento del PSOE en Extremadura y el ascenso sostenido de Vox han encendido las alarmas progresistas. Para las fuerzas situadas a la izquierda de los socialistas, estos resultados confirman tanto el desgaste de los socialistas como la necesidad de recomponer su propio espacio para minimizar el impacto de la ultraderecha en escaños.
La lección que extraen es pragmática: la división reduce opciones, la unidad —aunque imperfecta— las amplía. Aragón ha mostrado el coste de no llegar a acuerdos. Precisamente por eso, su fracaso ha actuado como acelerador de un proyecto que, sin estridencias ni rupturas formales, busca reordenar el tablero progresista.
El intento frustrado de pacto en Aragón no ha cerrado caminos; los ha redefinido. Ha dejado claro qué alianzas son hoy más viables y cuáles están atrapadas en dinámicas de desconfianza. El frente amplio que empiezan a esbozar IU, Comunes, Más Madrid y Movimiento Sumar no garantiza el éxito electoral, pero sí marca un primer movimiento de envergadura para afrontar el próximo ciclo. @mundiario