La izquierda alternativa se fragmenta en Aragón y llegará dividida en tres listas al 8F

Jorge Pueyo, diputado de Chunta Aragonesista integrado en Sumar. /Congreso
Tras semanas de negociaciones y contactos de última hora, Chunta Aragonesista, Podemos e Izquierda Unida en coalición con Movimiento Sumar concurrirán por separado a las elecciones autonómicas del 8 de febrero.

La unidad fue, durante unos días, el horizonte deseado. El desenlace, sin embargo, ha sido el habitual en Aragón: fragmentación. La izquierda alternativa no ha logrado articular una candidatura común y se presentará dividida en tres papeletas distintas en los comicios autonómicos del 8F, pese a que todas las formaciones compartían el diagnóstico de que la dispersión del voto beneficia a la derecha y a la extrema derecha.

El primer movimiento lo dio Chunta Aragonesista (CHA), que cerró filas en torno a su propio proyecto y anunció a Jorge Pueyo, actual diputado en el Congreso integrado en el grupo de Sumar, como cabeza de lista por Zaragoza. Con esa decisión, CHA marcó distancias y dejó claro que no estaba dispuesta a integrarse en una coalición parcial. Su secretaria general, Isabel Lasobras, justificó la ruptura señalando que una “unidad de la izquierda” solo tiene sentido si incluye a todas las fuerzas y si se negocia desde Aragón, y no bajo “dinámicas y vetos decididos en Madrid”.

Mientras tanto, Podemos e Izquierda Unida (IU) apuraron hasta el último minuto las conversaciones para intentar un acuerdo bilateral que nunca llegó. Aragón, junto con Asturias, es uno de los pocos territorios donde ambas formaciones nunca han concurrido juntas a unas autonómicas. En esta ocasión, el desacuerdo volvió a girar en torno al liderazgo de la lista y a la presencia de Movimiento Sumar, el partido impulsado por la vicepresidenta segunda Yolanda Díaz, con el que Podemos mantiene un veto explícito.

Al final, IU selló una coalición con Movimiento Sumar, una alianza que ambas organizaciones defienden como la “unidad posible” en el actual contexto. La coordinadora general de IU Aragón, Marta Abengochea, subrayó que concurren juntas para ofrecer una alternativa de cambio “realista” y con vocación de gobierno, mientras que Movimiento Sumar reivindicó el acuerdo como una respuesta a la demanda ciudadana de cooperación entre fuerzas progresistas.

Un anticipo de Castilla y León y Andalucía

Podemos, por su parte, optará por presentarse en solitario con María Goicoechea como candidata, elegida en primarias con el respaldo del 88 % de la militancia. La formación morada sostiene que fue ella quien puso sobre la mesa una propuesta de unidad inspirada en el modelo de Unidas por Extremadura, pero responsabiliza al resto de partidos de no haberla aceptado. Desde IU, en cambio, se denunció públicamente la injerencia de la dirección estatal de Podemos y su negativa a aceptar que la coalición estuviera encabezada por otra fuerza.

El contraste con Extremadura es inevitable. Allí, la unidad entre IU y Podemos —sin la participación de Movimiento Sumar— se tradujo hace apenas unos días en un resultado electoral al alza, superando el 10 % de los votos y obteniendo siete escaños. Ese éxito fue presentado como un modelo exportable. Aragón ha demostrado ser, una vez más, la excepción que confirma la regla: la unidad sigue siendo más un ideal retórico que una realidad política.

Las consecuencias de esta fragmentación no son nuevas. En las elecciones autonómicas de 2023, CHA, IU y Podemos sumaron conjuntamente más votos que Vox, pero obtuvieron menos escaños debido a la división en varias candidaturas. Aquella experiencia no ha servido para corregir dinámicas internas que se repiten ciclo tras ciclo, con un peso notable de los equilibrios estatales sobre las decisiones territoriales.

Además, la división aragonesa anticipa un patrón que podría reproducirse en otras comunidades de cara a 2026, como Castilla y León o Andalucía, donde ya se perfilan escenarios similares: coaliciones parciales, vetos cruzados y estrategias divergentes entre Podemos, IU y el entorno de Sumar.

En Aragón, el 8F volverá a medir la capacidad de la izquierda alternativa para traducir su pluralidad en representación efectiva. De momento, la fotografía es clara: tres listas, tres proyectos y un espacio político que, pese a compartir un electorado potencial, sigue sin encontrar una fórmula estable de cooperación. La unidad, una vez más, queda aplazada.