Felipe González respalda el adelanto electoral que pide Page para blindar al PSOE en los territorios
El expresidente socialista se alinea con el barón de Castilla-La Mancha en su demanda de anticipar las elecciones generales frente a las autonómicas y municipales, como estrategia para proteger el desgaste nacional del Gobierno.
La figura de Felipe González vuelve a emerger en el debate político nacional con una propuesta de calado que resuena tanto en las filas socialistas como en el escenario institucional español. En el marco de la conmemoración por los 40 años de la entrada de España y Portugal en la Unión Europea, el expresidente del Gobierno expresó su apoyo al adelanto electoral que defiende el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page. La propuesta, que consiste en celebrar elecciones generales antes que las autonómicas y municipales previstas para mayo de 2027, busca evitar que el desgaste del Gobierno central arrastre al PSOE en los territorios, y ha encontrado en González una voz autorizada que respalda esa estrategia.
“Si lo ha pedido él, entonces estoy de acuerdo con Page y no con (Alberto Núñez) Feijóo”, sentenció el expresidente, diferenciándose así del líder del PP, quien también aboga por un adelanto electoral, pero de forma inmediata. Esta declaración no sólo respalda al barón socialista castellanomanchego, sino que pone de relieve la creciente fractura entre la vieja guardia socialista y la actual dirección del partido que encabeza Pedro Sánchez.
García-Page, en su intervención, apeló a la defensa de las instituciones democráticas en un momento de alta tensión política, marcado por el descrédito del fiscal general del Estado y la proliferación de casos de corrupción que salpican al Gobierno. “Nada pervive sin las instituciones”, advirtió, mientras denunciaba la amenaza del populismo sobre la estabilidad democrática. Su mensaje, claramente dirigido a Sánchez, refuerza su perfil como la voz crítica del PSOE que defiende el legado institucional frente a los vaivenes del sanchismo.
El acto de Toledo, que reunió también al expresidente portugués Aníbal Cavaco Silva, se convirtió así en una tribuna para una reflexión profunda sobre el presente y el futuro de Europa, pero también sobre la deriva de la política española. González no escatimó críticas hacia la falta de rumbo estratégico del Gobierno en política exterior y de defensa, lanzando dardos hacia la ambigüedad presupuestaria en torno al aumento del gasto militar comprometido con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). “Por pura responsabilidad” hay que saber de “qué partida presupuestaria sale”, reclamó, sin ocultar su desafección con la gestión del Ejecutivo.
El futuro de Europa en el mundo
El expresidente, además, volvió a mostrar su preocupación por el retroceso democrático en Europa y América Latina, y cargó duramente contra la dependencia de la UE respecto a EE UU, especialmente si Donald Trump vuelve al poder. “La Unión Europea se tiene que hacer cargo de sí misma”, ha dicho González, porque Europa “no puede estar en manos de un mercachifle geopolítico”, sentenció en una de sus intervenciones más aplaudidas. Su defensa de una Europa más autónoma, cohesionada y ambiciosa contrasta con lo que considera una política exterior errática del Gobierno actual, y refuerza su imagen como referente del europeísmo en clave progresista.
En esa misma línea, García-Page rememoró la entrada de España en la UE como “el mayor acierto tras la Constitución del 78” y reivindicó el papel que tuvo ese marco europeo para frenar el desafío independentista en Cataluña. “Ese vértigo a no estar en la UE fue lo que hizo que mucha gente pensara que Cataluña no se iba a ninguna parte”, argumentó, vinculando así la pertenencia a la Unión con la unidad territorial y la democracia representativa. También recordó cómo ETA intentó boicotear la firma de adhesión con atentados en los que murieron cuatro personas, subrayando que incluso los enemigos de la democracia entendían el valor de entrar en Europa.
El respaldo de González al planteamiento de Page no es baladí. Marca una línea divisoria en el socialismo español entre quienes creen que la política nacional está minando las posibilidades del PSOE en sus feudos regionales y quienes, desde Ferraz, priorizan la resistencia del Ejecutivo hasta agotar la legislatura. En este contexto, el aval de una figura histórica como González refuerza la legitimidad de Page para exigir una reorganización del calendario electoral y preservar la autonomía política de los territorios.
Así, mientras Sánchez trata de capear el temporal judicial y mantener la estabilidad de su Gobierno en minoría, las voces críticas en su propio partido ganan fuerza. No se trata de un simple pulso interno, sino de una reflexión estratégica de fondo: ¿puede el PSOE seguir gobernando en las comunidades si continúa identificado con un Gobierno central cada vez más asediado? Felipe González ya ha dado su respuesta. Y lo ha hecho al lado de uno de los barones más incómodos para Moncloa. @mundiario