Feijóo, Vox y el tablero migratorio: la pugna por la derecha española

La cúpula del Partido Popular (PP) liderada por Alberto Núñez Feijóo. / @Mtelladof.
La propuesta de Alberto Núñez Feijóo de implantar un visado por puntos para inmigrantes no es solo una medida técnica: es, sobre todo, un movimiento político.

El debate migratorio en España ha dejado de ser un asunto secundario para convertirse en un eje central de la política nacional. El Partido Popular lo sabe y ha decidido dar un paso más allá en su estrategia: presentarse como alternativa al “todo vale” que atribuyen al PSOE y al “todo sobra” que defienden desde Vox. La propuesta estrella anunciada en Murcia —un visado por puntos que priorizaría a inmigrantes de “cultura próxima” y dispuestos a ocupar empleos donde escasea la mano de obra— pretende situar a los populares en un espacio intermedio, racional y pragmático. Pero, en realidad, refleja una batalla mucho más amplia: la lucha por el relato en la derecha.

Feijóo repite con insistencia que “cada inmigrante es una persona con dignidad” y que ni debe ser tratado como una víctima sin responsabilidad, ni como un delincuente por defecto. El mensaje, en apariencia equilibrado, busca desmarcarse del discurso visceral de Vox sin aparecer demasiado laxo a ojos de un electorado sensibilizado con el fenómeno migratorio. Sin embargo, el diseño mismo de la medida —con un filtro de “afinidad cultural”— revela una tensión evidente: la tentación de jerarquizar a los inmigrantes según criterios identitarios más que laborales. Un terreno resbaladizo que abre la puerta a lecturas discriminatorias y que, además, reduce la complejidad de los flujos migratorios a un mero cálculo utilitario.

El contexto en que esta propuesta se lanza no es baladí. El PP reunió en Murcia a sus presidentes autonómicos en un gesto de unidad, pero la cohesión interna no es absoluta. Isabel Díaz Ayuso, convertida en la figura más aclamada, sigue marcando su propio compás político, mientras dirigentes como Juan Manuel Moreno o Alfonso Rueda no dudan en trazar líneas discursivas distintas en temas tan sensibles como la guerra de Gaza. Esa pluralidad de voces dentro del partido es asumida por Feijóo como un valor, pero también lo coloca en una situación incómoda: mientras busca presentarse como un líder con rumbo claro, la imagen que proyecta es la de un partido con varios centros de gravedad.

La inmigración es, además, un terreno en el que el PP corre un riesgo estratégico evidente. Darle tanta centralidad al asunto puede acabar reforzando a Vox, el partido que mejor capitaliza electoralmente la alarma y el rechazo social hacia los migrantes. Varios dirigentes populares lo reconocen en privado: inflar la preocupación sobre este fenómeno puede terminar atrayendo votos hacia la formación de Abascal, que no duda en ofrecer soluciones más tajantes y viscerales.

No es casual que la Declaración de Murcia incluya un apartado sobre los menores migrantes no acompañados, uno de los frentes más sensibles y polarizantes del debate. Feijóo insiste en que no se trata de “incumplir la ley”, en clara alusión a la estrategia de confrontación de Vox, pero su propuesta de promover retornos familiares en origen abre la puerta a simplificaciones que chocan con la complejidad de la protección internacional y con las obligaciones que marca la legislación europea.

La escena política que rodea este debate también merece análisis. La foto de los barones populares en Murcia es un intento de mostrar músculo territorial, pero la imagen más potente fue la de Ayuso, asediada por simpatizantes que la aclamaban a la salida del acto. La presidenta madrileña sigue siendo la figura con mayor magnetismo dentro del PP y, en buena medida, la que marca la agenda de la derecha mediática. Feijóo, en cambio, mantiene un perfil más técnico y moderado, pero no siempre logra imponer su relato frente a los arrebatos y titulares que genera su compañera de filas.

Por si fuera poco, Feijóo aprovechó el acto para lanzar un ataque directo contra Pedro Sánchez y, de manera indirecta, contra su esposa, en referencia a su ausencia en los juzgados. El líder del PP insiste en que el presidente “acabará mal”, en un tono que busca deslegitimar al adversario político no solo por su gestión, sino por su entorno personal. Una estrategia que refuerza la crispación, pero que puede volverse en su contra si los tribunales no avalan las acusaciones que se vierten en torno al caso.

La propuesta de un visado por puntos no puede entenderse solo como una medida de política migratoria. Es, sobre todo, una pieza más del ajedrez político en el que el PP compite con Vox por el electorado conservador, al tiempo que intenta no romper puentes con el centro. Una apuesta que revela las tensiones de un partido atrapado entre su aspiración a gobernar y la presión de su competidor inmediato. La pregunta clave es si este equilibrio será sostenible en el tiempo o si, al final, la radicalización del debate migratorio acabará devorando a quienes intenten jugar en el punto medio. @mundiario