Feijóo y Ayuso sellan la unidad del PP en su cena de Navidad y ven cerca el fin de ciclo de Sánchez
El ambiente en Alcorcón distó mucho del tono rutinario de otras cenas navideñas. Entre más de un millar de militantes, el PP mostró un optimismo poco habitual tras siete años en la oposición. La clave estuvo en la imagen: Alberto Núñez Feijóo e Isabel Díaz Ayuso juntos, relajados, cómplices y alineados en el diagnóstico y en el discurso. En un partido donde no siempre ha sido fácil conjugar liderazgos, la escena tuvo un valor político en sí misma.
Ayuso marcó el tono desde el inicio. Su intervención fue directa, dura y sin ambigüedades contra el Ejecutivo de Pedro Sánchez, al que calificó de “desgracia” y al que auguró una “implosión” cercana. Más allá de la retórica, su mensaje apeló a la movilización interna: pidió a la organización no contemporizar y “estar a la altura de las circunstancias”. En clave política, su discurso reflejó la convicción de que el PP no atraviesa una fase de resistencia, sino de preparación para gobernar.
Feijóo recogió el guante y reforzó ese marco. Elogió sin reservas a la presidenta madrileña, subrayando su capacidad para resistir la presión del Gobierno central y presentándola como ejemplo de firmeza política. Ese respaldo explícito no es menor: simboliza una tregua duradera —al menos en lo visible— entre dos figuras que en el pasado protagonizaron tensiones soterradas. En la cena, esas diferencias quedaron enterradas bajo un mensaje de unidad y disciplina estratégica.
El contexto explica buena parte de la euforia. El PP percibe al Gobierno como atrapado en una sucesión de frentes judiciales y políticos que minan su credibilidad: investigaciones por presunta corrupción, detenciones de personas vinculadas al entorno socialista, registros en dependencias oficiales y denuncias internas por acoso sexual. Sin entrar en valoraciones judiciales, los populares utilizan este cúmulo de casos como argumento central para sostener que el “sanchismo” ha llegado a un punto de desgaste irreversible.
El PP aspira a aterrizar en La Moncloa
Ese diagnóstico se traduce en una narrativa clara: la legislatura puede agotarse formalmente, pero estaría políticamente amortizada. Feijóo evitó poner fecha a un adelanto electoral, consciente de que no controla el calendario, pero insistió en que a Sánchez “se le está haciendo largo” el mandato. La estrategia del PP pasa por consolidar la idea de fin de ciclo y presentarse como la única alternativa estable, un mensaje reforzado por la promesa de una auditoría integral de la gestión pública si llegan al Gobierno.
La mirada del partido no se limita a La Moncloa. Ayuso aprovechó el acto para impulsar la candidatura de la presidenta María Guardiola en Extremadura y para abrir el carrusel electoral autonómico que se avecina. En ese punto, el PP combina ambición y cautela: aspira a mayorías amplias que eviten dependencias, pero asume que el escenario político seguirá fragmentado. Aun así, el tono fue inequívoco: el partido se siente en posición ofensiva.
Desde una perspectiva más amplia, la cena reflejó el intento del PP de cerrar filas y ofrecer una imagen de solvencia frente a un Gobierno debilitado. La exhibición de sintonía entre Feijóo y Ayuso no solo busca tranquilizar a la militancia, sino también enviar un mensaje al electorado: el principal partido de la oposición ha superado sus dudas internas y se considera listo para asumir el poder.
Queda por ver si esa percepción se traduce en resultados electorales y si el desgaste del Ejecutivo se consolida o encuentra vías de recuperación. Por ahora, el PP actúa como quien huele una oportunidad histórica. La cena de Navidad no fue solo un brindis anticipado, sino la escenificación de una apuesta política: la de un partido que cree que el ciclo de Sánchez se acerca a su final y que quiere llegar a ese momento unido, movilizado y preparado. @mundiario