Fase de preemergencia por incendios: qué significa y por qué la gestión recae en las comunidades
En plena ola de incendios forestales, el Ministerio del Interior ha activado la fase de preemergencia en situación operativa 1 del Plan Estatal General de Emergencias de Protección Civil (PLEGEM). La medida busca reforzar la coordinación con las comunidades autónomas y garantizar que, si la situación empeora, los recursos estatales y europeos puedan movilizarse con rapidez.
Lejos de ser una intervención directa, la preemergencia funciona como una alerta temprana. En esta fase, el Centro Nacional de Seguimiento y Coordinación de Emergencias (CENEM) considera que los incendios pueden ser controlados con medios propios autonómicos, pero establece un canal reforzado de comunicación y seguimiento para prevenir un salto a niveles de emergencia más graves.
El PLEGEM define tres niveles operativos en caso de catástrofe:
Situación 1 (preemergencia). Emergencia controlable por las comunidades con sus recursos y apoyos puntuales de otros territorios, sin coordinación central obligatoria.
Situación 2. Los medios autonómicos no bastan o hay riesgo de que no sean suficientes; el Estado interviene con medios propios.
Situación 3. Emergencia de interés nacional; Interior y la Unidad Militar de Emergencias (UME) asumen la dirección operativa, con integración de mandos autonómicos.
En la fase actual, la función principal del Estado es vigilar, coordinar y anticipar refuerzos si fuera necesario. Esto incluye tener en prealerta a instituciones como la Unión Europea, que podría activar el Mecanismo Europeo de Protección Civil si alguna comunidad lo solicita.
Por qué la gestión recae en las comunidades autónomas
En España, la competencia principal en materia de protección civil y extinción de incendios forestales está transferida a las comunidades autónomas. Esto significa que son ellas quienes dirigen la emergencia en su territorio. El Gobierno central actúa solo como apoyo, proporcionando medios adicionales si se supera la capacidad autonómica. La coordinación nacional se activa formalmente en niveles 2 y 3 del PLEGEM, no en la preemergencia.
Este reparto de funciones está diseñado para acercar la gestión al territorio afectado, ya que las administraciones autonómicas conocen mejor su geografía, sus recursos disponibles y sus protocolos locales.
Aunque la gestión operativa esté en manos autonómicas, Interior mantiene un papel activo:
- Monitoriza todos los incendios a través del CENEM.
- Coordina la disponibilidad de medios estatales como la UME, las brigadas forestales del Ministerio para la Transición Ecológica y medios aéreos del Ejército del Aire.
- Prealerta a la Unión Europea para un posible despliegue de ayuda internacional.
- Apoya la seguridad y logística con más de 5.000 efectivos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que facilitan evacuaciones, control de carreteras y tareas de investigación sobre el origen de los fuegos.
Una crisis con margen de maniobra, pero sin tiempo que perder
Actualmente, 13 incendios están bajo seguimiento especial: en 11 de ellos ya se ha pasado a nivel 2, lo que implica la entrada de medios estatales y de otras comunidades. Más de 1.000 efectivos de la UME trabajan sobre el terreno, junto con aviones y helicópteros pilotados por personal militar.
El ministro Fernando Grande-Marlaska advierte de que la situación meteorológica —marcada por calor extremo, tormentas secas y riesgo de rebrotes— complica la extinción y obliga a anticipar recursos para los próximos días.
La fase de preemergencia es, en esencia, un aviso elevado, pero no una intervención directa. Sirve para que el Estado y las autonomías trabajen en paralelo, evitando duplicidades y garantizando que, si la crisis escala, la respuesta sea inmediata.
El modelo español de protección civil busca un equilibrio entre las autonomías con dirección operativa, conocimiento del terreno, despliegue inicial; y el Estado central que presta apoyo estratégico, medios extraordinarios, coordinación internacional.
La clave está en que este engranaje funcione sin fricciones, porque en un incendio cada minuto perdido se multiplica en hectáreas arrasadas. @mundiario