Preguntas y algunas respuestas sobre el aumento del clima de guerra en Siria

Los expertos en armas químicas afirman que el gas sarín no se evapora rápidamente por lo que los testigos deberían llevar máscaras y ropa especial.
Expertos en armas químicas afirman que el gas sarín no se evapora rápidamente por lo que los testigos deberían llevar máscaras y ropa especial.

El colaborador de MUNDIARIO Gabriel Martín se pregunta con qué objeto el Gobierno de Bashar al-Assad ordenaría un ataque con armas químicas teniendo inspectores de Naciones Unidas en su país.

Preguntas y algunas respuestas sobre el aumento del clima de guerra en Siria

Mientras las potencias occidentales movilizan sus tropas a Siria para ultrajar una vez más la soberanía de un país de Oriente Medio, una pregunta permanece sin respuesta para comprender el evento que Occidente está apuntalando para ampliar la intervención contra Siria: ¿con qué objeto el gobierno de Bashar al-Assad ordenaría un ataque con armas químicas en el preciso momento en que inspectores de las Naciones Unidas se encuentran en el país? Si hubo un ataque con agentes químicos, ¿quién lo provocó? De hecho, ¿hubo un ataque con gas sarín?

El 26 de agosto se conoció la noticia de que aviones de combate británicos comenzaron a aterrizar en la isla de Chipre, a apenas 200 kilómetros de distancia de Siria, mientras que un submarino nuclear se posicionó en la región y buques de guerra de la Royal Navy partían para “ejercicios” en el Mediterráneo. Al mismo tiempo, Francia, el país que actuó por cuenta y orden de los Estados Unidos en la intervención en Libia, habría ordenado desplazar el portaaviones Charles De Gaulle a la zona de operaciones. La Sexta Flota de los Estados Unidos cuenta actualmente con cuatro destructores de misiles guiados en la zona, cada uno de los cuales podría incorporarse al ataque.

Por su parte, Arabia se sumó con el propio lenguaje de la corrupción y le ofreció a Vladimir Putin un acuerdo secreto petrolero por U$S15.000 millones, a comienzos de agosto, a través del jefe de inteligencia Bandar bin Sultán, el mismo que fuera el embajador de la familia Saud en Washington entre 1983  y 2005, y se reuniera personalmente con George Bush en la Casa Blanca mientras la familia Bin Laden abandonaba los Estados Unidos a las pocas horas del atentado del 11 de septiembre. La oferta incluía preservar la base naval rusa en Siria en caso de que Bashar al-Assad fuera derrocado, lo que evidencia que Bandar hablaba también por la CIA.

La organización francesa Médicos Sin Fronteras afirmó el sábado 24 de agosto que habían atendido a unas tres mil personas en Damasco con síntomas de un ataque con armas químicas, de las cuales 355 habían fallecido. Es día, los gobiernos de Estados Unidos, Reino Unido y Francia se apresuraron para cimentar la conclusión de que el régimen de al-Assad  era el culpable. Ni siquiera importaba qué dijeran los inspectores de la ONU sobre el terreno. Las imágenes de altísimo impacto que dieron la vuelta al mundo eran elocuentes.

Aunque la representante sobre asuntos para el desarme de la ONU, Angela Kane, pidió ese mismo día que las autoridades sirias garanticen el acceso al área donde se desarrollaron los eventos, ya un día antes el General Martin Dempsey, jefe del Estado Mayor Conjunto, tenía preparados los distintos escenarios de intervención militar para que la Casa Blanca eligiera.

El pasado 5 de mayo la agencia Reuters reportó que Carla del Ponte, miembro de la comisión de derechos humanos que estudia los eventos que desde hace dos años desgarran a Siria, afirmó no existir evidencia alguna de que el gobierno usara gas sarín en el pueblo de Khan al-Assal, cerca de Aleppo: “Este fue usado por la oposición, los rebeldes, no por las autoridades gubernamentales”.

El presidente estadounidense Barack Obama advirtió también en aquella ocasión que de comprobarse el uso de armas químicas, el gobierno sirio habría cruzado una línea roja. Pero una realidad insoslayable daba por tierra lo que Washington pretendía instalar: Khan al-Assal estaba en manos de las fuerzas oficiales, sólo los terroristas tenían motivos para el ataque.

El 23 de agosto, Paula Vanninen, directora del Instituto Finlandés para la Verificación de la Convención sobre Armas Químicas (Verifin), puso en duda la veracidad del presunto ataque con armas químicas por parte del gobierno de al-Assad en los suburbios de Damasco: “No estoy convencida (por las imágenes de los videos) porque la gente que está intentando ayudarlos no están usando ropa que los proteja ni máscaras para respirar”, por lo que “en un caso real, ellos también deberían estar contaminados y deberían tener síntomas”.

Al mismo tiempo, desde el SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute), John Hart, jefe del Proyecto de Seguridad Química y Biológica, dijo que ninguna de las víctimas mostraba que la contracción de las pupilas coincidiera con los síntomas de haber sido expuesto a un ataque con gas nervioso.

El editor de la revista CBRNe especializada en armamento químico, Gwyn Winfield, afirmó que según las evidencias disponibles, en Ghouta no se utilizó armamento químico disponible en los arsenales de las fuerzas armadas sirias. Winfield agregó a AFP el llamativo dato de que no hay médicos ni enfermeras entre los afectados, “lo que sugiere que la toxicidad no puede ser considerado gas sarín de uso militar”

El consultor privado y oficial retirado del Chemical Corps del US Army Dan Kaszeta señaló una serie de puntos que ponen en duda la veracidad del video difundido para sensibilizar a la opinión pública mundial y mejorar el clima para una intervención que derroque a al-Assad:

  • Ninguna de las personas que están tratando a las víctimas, ni los reporteros que las están fotografiando visten ropa o cascos que los protejan de los residuos químicos.
  • Pese a no usar protección alguna, ninguno parece afectado, y los armamentos químicos y gases nerviosos en su concentración militar no se evaporan inmediatamente.
  • Para masacrar a la cantidad de personas denunciadas como víctimas de un ataque con sarín, las cantidades utilizadas serían tales que no podrían asistirlas sin la protección adecuada.

En una entrevista difundida por Euronews, Stephen Johnson, experto en armamento químico del Instituto Forense de Cranfield, afirmó que el video resulta sospechoso porque “parece demasiado realista, como si hubiese sido todo preparado, lo cual no quiere decir que sea falso, pero resulta inquietante, como por ejemplo algunas víctimas con una espuma que es demasiado blanca, demasiado pura, lo que no es consecuente con alguna herida interna por lo que debería verse más sangrienta o amarilla”.

El investigador Jean Pascal Zanders fue más allá y apuntó que las víctimas estuvieron más cerca de ser asfixiadas en vez de haber padecido un gas mostaza o sarín: “Deliberadamente no uso el término de armas químicas en este caso”. No niega la posibilidad del uso de algún otro tóxico, pero apunta a la idea de que las evidencias no indican que se haya usado un agente de uso militar.

George Sabra, uno de los cabecillas de la oposición a Bashar al-Assad, se apresuró a afirmar que el ataque a los habitantes de Ghouta, al este de Damasco, había dejado unas 1.300 víctimas y aseguraba que “este fue el tiro de gracia a cualquier esperanza para una solución política en Siria”. Dicho de otro modo, Sabra pedía la profundización de la vía militar.

William Hague, el secretario de Relaciones Exteriores, advirtió que el mundo no puede mantenerse al margen y permitir que el régimen de Assad use armas químicas contra el pueblo sirio "con impunidad". Desde el Foreing Office decidieron invertir la carga de la prueba: en un artículo del Telegraph advirtieron de que los inspectores de la ONU debían conseguir pruebas convincentes de que el gobierno de al-Assad era inocente del ataque de Ghouta.

El Gobierno de al-Assad abrió la posibilidad de que los inspectores de las Naciones Unidas fueran a Ghouta para aclarar la situación. El propio ejecutivo sirio insiste desde hace meses en abrir una mesa de negociaciones con los “rebeldes”. No obstante, mientras los inspectores de la ONU se dirigían al distrito donde el presunto ataque con armas químicas habría tenido lugar, fueron atacados por francotiradores mientras transitaba una zona con presencia de ambas fuerzas en conflicto.

Se podría finalmente instalar un nuevo interrogante sobre el episodio de Ghouta. ¿Para qué al-Assad usaría armas químicas sobre la población civil en vez de lanzarlo sobre quienes buscan derrocarlo?

Las pruebas que empujan a profundizar la tragedia siria fueron difundidas y editadas por fuentes de segunda mano, involucradas en el conflicto y que además de ser financiados y armados por las potencias occidentales, están pidiendo la intervención abierta de estos.

En la realpolitik no importan las pruebas, ni las preguntas. Se trata de un juego prestidigitado, donde la catástrofe está decidida de antemano. Y así lo prueban todos los ataques de falsa bandera que Estados Unidos usó desde el hundimiento del USS Maine, el 15 de febrero de 1898, en adelante.

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