¿Cómo sería España si votase como Gipuzkoa, por un lado; y como Murcia, por otro?
En enero de 2023 MUNDIARIO publicó un artículo de este servidor, ¿Cómo sería políticamente España si Euskadi y Cataluña fuesen independientes?, en el cual apreciamos cómo, en una España sin estas siete circunscripciones, Pablo Casado o Núñez Feijoo encabezarían —apoyados por los representantes de Vox— el Consejo de Ministros. El resultado del 23-J lo confirmó. Pues, de entre los otros cuarenta y cinco distritos, únicamente en Pontevedra, Navarra y Sevilla las fuerzas de izquierda sumaron más escaños que las azules.
Las últimas elecciones generales dieron 171/350 escaños a las formaciones progresistas: PSOE, 102; PSC, 19; Movimiento Sumar, 7; IU, 6; Podemos, 5; Catalunya en Comú, 7; Más Madrid, 2; Compromis, 2; Chunta Aragonesista, 1, Més, 1; ERC, 7; EH Bildu, 6; PNV, 5; y BNG, 1.
En contraposición, la derecha obtuvo 179 parlamentarios: PP, 137; Vox, 33; JxC, 7; UPN, 1; CC, 1.
Es decir, España pivota ligeramente hacia el centroderecha, aunque ello no se traduzca en la consecución de la Moncloa para PP-Vox.
Los polos ideológicos opuestos dentro de las cincuenta y dos jurisdicciones electorales son Gipuzkoa y Murcia. Así, y haciendo un ejercicio de política-ficción, vamos a estudiar cómo sería el resultado del conjunto de España extrapolando la sociología de cada una de estas dos provincias tomando como fuente el resultado en las dos asambleas estatales en 2023.
El mencionado Territorio Histórico Vasco es la entidad política supracomarcal más izquierdista y soberanista de España. Allí, el 23-J, los partidos progresistas (EHB, Sumar, PSOE y PNV) recibieron el 87,66 % de los sufragios en las elecciones al Congreso de los Diputados. Por su parte, el socialismo republicano crítico con el Régimen del 78 (EHB y Sumar) logró allí el 41,79 %. Y los partidos federalistas, confederalistas e independentistas (Sumar, PNV y EHB) alcanzaron el 64,4 7% de los votos emitidos.
Si hiciésemos una extrapolación a un Congreso de los Diputados con circunscripción única y proporcional (0,29 % de los votos= 1 escaño) adoptando la sociología gipuzkoana, la izquierda arrasaría:
1. Suma de partidos de corte plurinacional (extrapolación de EHB): 109/350
2. PSOE: 82/350
3. PNV: 79/350
4. Sumar: 37/350
En total, las fuerzas progresistas tendrían una mayoría hipercualificada de 307/350 diputados. Y si excluimos de las izquierdas al PNV, el resto de fuerzas rojas rozarían los 234/350 escaños, (228/350) que son necesarios para efectuar una reforma extraordinaria de la Constitución (junto a una mayoría equivalente en el Senado más voto afirmativo mayoritario y vinculante en referéndum, según el artículo 168 de la CE).
En una Cámara Alta con un sistema electoral totalmente democrático (0,38 % de los sufragios=1 escaño) el resultado sería igualmente exitoso para el progresismo: 235/266 escaños serían para la izquierda de PP y Vox; y 170/266 actas, sin el PNV. En esta institución 178 senadores son los que marcan la barrera de la reforma agravada, mientras que 160/266 senadores son los necesarios para una reforma ordinaria (teniendo en cuenta, también, un resultado similar en el Congreso y contando con el "sí" en un referéndum, recordemos).
En contraposición, Murcia es el ente administrativo más derechista de entre las cincuenta provincias más Ceuta y Melilla.
Si hiciésemos una extrapolación sociológica “murcianizada” a una Cámara Baja con circunscripción única y totalmente proporcional, la derecha obtendría una victoria arrolladora:
- PP: 144/350 parlamentarios.
- Vox: 76/350 actas.
PP y Vox sumarían 220/350 escaños, por lo que superarían la barrera de los 210 diputados, que establece el límite de la mayoría cualificada ordinaria.
En el Senado ambos lograrían una mayoría cualificada ordinaria de 168/266 actas. Por tanto, estas dos fuerzas azules podrían reformar la Carta Magna por su cuenta de manera ordinaria, siempre que tuviesen el apoyo popular en un hipotético plebiscito oficial (artículo 167 de nuestra norma suprema).
En conclusión, si toda España votase como la izquierdista Gipuzkoa, lo más probable es que tuviésemos una III República con un carácter federal-plurinacionalista y con un Estado social y democrático de derecho más sólido que el actual.
En contraposición, una sociedad “murcianizada” en términos político-culturales posiblemente apoyaría un texto constitucional más capitalista, más monárquico, más castellano-madrileñista y más restrictivo en cuestiones de pluralismo político.
Gipuzkoa y Murcia son antagónicas políticamente y muestran hasta qué punto en un país de 506.030 km2 y casi cuarenta y ocho millones de habitantes puede haber tanta heterogeneidad. Dentro de esta diversidad, resaltan los polos opuestos: la defensa de la herencia actualizada de la II República frente al apoyo a un modelo constitucional no lejano a lo que Alianza Popular realmente soñó en 1978. @mundiario