El bloque progresista se desmorona por la renovación: la crisis del CGPJ tras un año de mandato

Isabel Perelló, presidenta del CGPJ y el Tribunal Supremo. / @PoderJudicialES

La reestructuración de las comisiones internas del órgano de gobierno de los jueces ha desencadenado la mayor fractura de la cúpula del Poder Judicial desde el pacto entre el PSOE y PP que desbloqueó la renovación.

El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), órgano de gobierno de los jueces y encargado de velar por la independencia judicial en España, atraviesa una crisis institucional sin precedentes tras la reestructuración interna impulsada por su presidenta, Isabel Perelló. El cambio de composición de las comisiones —aprobado con los votos del bloque conservador, el apoyo del vocal propuesto por Sumar, Carlos Hugo Preciado, y el voto favorable de la propia Perelló— ha provocado la “ruptura total del consenso” que hasta ahora había sostenido el equilibrio entre sensibilidades ideológicas dentro del Consejo.

El bloque progresista, integrado por nueve vocales, difundió un comunicado en el que acusa a Perelló de haber “encabezado la ruptura del mandato del consenso, ignorando a los vocales” en el seno del órgano. Según denuncian, la presidenta ha “impuesto una renovación total” de las comisiones, pese a que la Ley Orgánica del Poder Judicial solo exige la rotación anual de la Comisión Permanente. Esta decisión, aseguran, supone “la ruptura consciente del consenso que había regido este primer año, un golpe a la representatividad plural y una grave distorsión de la colegialidad institucional”:

La nueva estructura, que entrará en vigor el 1 de noviembre, deja al sector conservador con mayoría en nueve de las 11 comisiones. La Comisión Permanente —el órgano más importante del Consejo después del Pleno— pasará a estar dominada por cuatro vocales conservadores, dos progresistas y el propio Preciado, cuya posición ha resultado decisiva. Al magistrado se le “ha otorgado una representatividad y un peso en el seno del consejo muy superior al de cualquier otro vocal y se le equipara al de un grupo más”, lamentan los firmantes del comunicado.

La tensión estalló cuando el vocal José María Fernández Seijo, considerado una figura moderada y puente entre sectores, presentó su renuncia a la presidenta en señal de protesta. Aunque la dimisión no ha sido formalizada en el registro oficial, su gesto simboliza la magnitud del desencuentro interno. Fuentes cercanas al magistrado señalan que su salida responde al “castigo continuado” que, a su juicio, el bloque progresista ha sufrido bajo la dirección de Perelló.

Los conservadores recuperan la mayoría

Desde la mayoría conservadora se defiende que la nueva composición “mantiene el equilibrio” y se ajusta a la regla no escrita de que quien preside una comisión cede la mayoría de vocales al otro bloque. Aseguran además que el proceso fue fruto de dos meses de negociaciones y que los progresistas llegaron al Pleno con una propuesta “incompleta”, negándose luego a subsanar los errores cuando se les concedió un receso.

El núcleo del conflicto radica en el papel de Carlos Hugo Preciado, uno de los dos vocales designados por Sumar. Mientras el entorno progresista lo considera un “traidor” a la disciplina ideológica del grupo, él se define como “progresista independiente” y defiende que en el nuevo reparto el “equilibrio entre sensibilidades se ha conservado con carácter general en la renovación”, aunque reconoce que “los progresistas más próximos al Ministerio de Justicia han perdido peso respecto de las opciones progresistas independientes.”

La fractura ha dinamitado el frágil entendimiento alcanzado tras la renovación del Consejo en 2024, cuando el acuerdo entre PSOE y PP puso fin a cinco años de bloqueo institucional. Durante su primer año, el órgano había logrado mantener un funcionamiento estable y productivo, con más de 160 nombramientos judiciales aprobados por consenso. Ese clima de cooperación, sin embargo, parece haber llegado a su fin.

Un vocal progresista anuncia su dimisión

Los vocales progresistas sostienen que la presidenta ha traicionado el espíritu de diálogo con el que asumió su cargo. “Con su actuación, la presidenta ha quebrado también las condiciones básicas de confianza que ella misma había proclamado al inicio del mandato”, afirma el comunicado, que advierte de “consecuencias institucionales” si no se restablece la pluralidad en la toma de decisiones.

Después de la decisión de Perelló, el vocal progresista José María Fernández Seijo ha presentado una carta en la que traslada a la presidenta su intención de dimitir. El magistrado era hasta ahora uno de los negociadores del grupo progresista con el ala conservadora para acordar nombramientos discrecionales,

El enfrentamiento no solo expone las grietas ideológicas del CGPJ, sino que plantea interrogantes sobre la estabilidad futura del órgano en un momento de especial sensibilidad para el Poder Judicial. Con un Consejo dividido en tres bloques —conservadores, progresistas y un vocal independiente—, la capacidad de consenso se ve seriamente comprometida.

A menos de un año de su renovación, el CGPJ vuelve a estar en el centro del debate político y judicial. Isabel Perelló, que llegó a la presidencia con el apoyo de los sectores progresistas y el aval del Gobierno, enfrenta ahora el desafío de recomponer la confianza interna y evitar que el órgano que debe garantizar la independencia judicial se vea atrapado por su propio conflicto interno. @mundiario