Victorias pírricas, mal de muchos y consuelo de tontos
De parte del PSOE, en vísperas de las elecciones en Aragón y con malos augurios para los inquilinos de Ferraz, que la hipotética victoria del PP será agridulce. Y tienen razón, oye, condenado de antemano a soportar, en las futuras cosas del gobernar, a un invitado no deseado como VOX, que ya sabemos que ni come ni deja comer. Pero, chico, sentidos pésames transmite el PSOE a sus rivales populares que para él no admite. Porque, no nos engañemos, desde hace una década, las victorias de cada uno de los dos eternos rivales que se juegan el título cada cuatro años, en prácticamente todas las Españas, son pírricas, de esas que no les han permitido pronunciar esa frase mágica con la que sueñan los vencedores: ¡dejadme solo!
Se acabaron las mayorías absolutas, los gobiernos en solitario, y se abrió la veda a las aritméticas parlamentarias, las leyes de ofertas y demandas legislativas y el contrabando a través de las fronteras jurídicas y constitucionales. Se ha impuesto la política del estraperlo, el mercado negro, el plagio pagano de aquella frase evangélica según San Lucas: dad, y se os dará. Y, claro, en ese contexto, resulta paradójico, incluso ridículo que, los que van a perder en Aragón, se consuelen con las malas compañías de ultraderechas a las que van a tener que someterse los que van a ganar.
Pero, hombre, si los que van a perder ahora, acaban de perder en Extremadura, tal vez en Castilla y León y puede que en Andalucía, ya ganaron (o algo parecido) en 2023, con sumas y restas de ultraizquierdas, de indepes, de deshonorables presidents, de recogedores de nueces y agitadores de árboles de esos que, año tras año de legislatura, nos mantienen en vilo deshojando margaritas, si, no, si, no, hasta que, en unas nuevas urnas generales, el pueblo soberano decida si más vale gobiernos solos que mal acompañados o gobiernos afectados de ultra arterioesclerosis crónica a su izquierda o a su derecha.
Porque esa va a ser la cuestión en los próximos años, que todo parece indicar que vamos a vivir peligrosamente: o gobiernos con la exclusiva función de servir al pueblo, a todo el pueblo, de toda condición, edad, lugar de nacimiento, género e ideología, o gobiernos, en cuyos mezquinos manuales de resistencia, los importante no sean las mujeres y los hombres, sino los nombres, ya sabes: alter egos de Abascales, Yolandas, Puigdemonts, Junqueras, Otegis, Ayusos, Nogueras, Rufianes, buscavidas de esos, diestros o zurdos, que nos amargan las vidas a la gente corriente, a los pobres mortales. @mundiario