Veinticuatro horas sin dormir

Médicos. / RR. SS.
No es una metáfora: es la rutina diaria de miles de médicos en España. Vocación y excelencia los llevan a formarse durante más de una década, pero el sistema que debería protegerlos los exprime hasta el límite.

Tengo una hija médico. En una familia con varias generaciones de empresarios, su elección no fue casualidad, sino vocación pura. Vocación y excelencia: los mejores expedientes del instituto, notas imposibles en la selectividad, una carrera que exige más años que ninguna otra y un compromiso que empieza el primer día y no termina nunca. La medicina, en España, sigue siendo el destino de los más preparados. Y, sin embargo, también el de los más maltratados por el propio sistema que dicen proteger.

El pasado 3 de octubre miles de médicos salieron a la calle. No fue una huelga contra los pacientes, sino por ellos. Por un Estatuto propio que regule su jornada, sus descansos, sus guardias, su conciliación y su carrera profesional. No piden privilegios; piden seguridad, eficacia y respeto. Porque quien cura vidas no debería hacerlo con la mente agotada ni con el cuerpo al límite.

Nadie aceptaría subirse a un avión sabiendo que el comandante lleva 23 horas sin dormir. Y, sin embargo, lo damos por normal en un hospital. Médicos que encadenan guardias de 24 horas seguidas, muchas veces sin descanso real después, acumulando jornadas que fácilmente superan ese límite. Europa lo prohíbe: la directiva europea establece un máximo de 48 horas semanales de media y un mínimo de 11 horas de descanso entre jornadas. En Reino Unido los turnos rara vez superan las 13 horas; en Alemania y Francia se garantiza siempre el descanso posguardia. Aquí seguimos normalizando lo inaceptable.

Tampoco los sueldos resisten comparación. Un médico español gana, de media, entre un 40 % y un 60 % menos que sus homólogos franceses o alemanes. En Francia, un médico de hospital supera los 80.000 € anuales; en Alemania, los 90.000; en Reino Unido, entre 70.000 y 100.000 €. En España, la media ronda los 45.000 €, y eso contando guardias, noches y festivos. Y lo más sangrante: esas horas de guardia, aunque tributan en el IRPF, no cotizan para la jubilación. Es decir, se trabaja más, se paga más… y no se computa. A cambio, nuestros diputados y senadores sí se mantienen a la par de sus equivalentes europeos, con dietas, chófer y calendario generoso. Quizá sea hora de preguntarse si estamos pagando bien lo que de verdad importa.

La sanidad pública española resiste gracias al compromiso de sus profesionales, no gracias a la gestión. Cada urgencia, cada quirófano, cada guardia sale adelante porque alguien decidió estudiar diez años para llegar ahí, y porque, a pesar de todo, sigue creyendo en lo que hace. Pero la vocación no puede seguir siendo coartada para la explotación. No se puede construir un sistema sanitario fuerte sobre turnos inhumanos, salarios indignos y una burocracia que trata igual a quien gestiona un expediente que a quien sostiene una vida.

He vivido lo que significa el trabajo, la responsabilidad y la gestión. Pero si algo me ha enseñado ver a mi hija volver de una guardia de 24 horas, es que ningún empresario, ningún político, ningún directivo carga sobre sus hombros lo que ella y tantos otros cargan cada día. Y que, si a ese esfuerzo no le damos descanso, reconocimiento y condiciones dignas, un día nos encontraremos sin médicos… y sin sanidad.

Porque, al final, más importante que la vida, es salvarla. @mundiario