Ucrania sigue necesitando ayuda

Ayuda desde Galicia para Ucrania. / Mundiario
La solidaridad salva vidas y Galicia está con Ucrania en medio de la devastación. Desde la periferia de Europa, vuelve a demostrar que su compromiso con los derechos humanos trasciende fronteras.

En un rincón del este de Europa, mientras las portadas ya no reflejan cada explosión ni cada herida, la guerra continúa. Ucrania sigue siendo un país bombardeado, desangrado y acosado por una agresión que ha provocado una emergencia humanitaria de proporciones colosales. En este contexto, cada gesto de solidaridad no es un simple acto de caridad: es una afirmación ética, una forma de resistencia compartida y un modo de salvar vidas. Galicia, desde la periferia de Europa, vuelve a demostrar que su compromiso con los derechos humanos trasciende fronteras.

La reciente donación de material sanitario por parte del Servizo Galego de Saúde (Sergas) a varios hospitales ucranianos es una acción que debe valorarse en toda su magnitud. Promovida por la Fundación Europeos con Ucrania, con sede en Oleiros (A Coruña), esta iniciativa logró movilizar dos tráileres llenos de equipos y mobiliario médico desde los hospitales de Lugo y Ferrol hasta centros hospitalarios cercanos al frente de guerra en Ucrania. Son hospitales dañados, en muchos casos, por los bombardeos rusos, donde atender a un herido o realizar una operación se convierte en una tarea titánica.

Aunque los equipos donados –respiradores, camas, camillas, mesas de partos, aspiradores quirúrgicos, entre otros– hayan sido dados de baja en el sistema sanitario gallego, su utilidad en Ucrania es incalculable. Allí no se trata de tener lo último en tecnología, sino de tener lo mínimo necesario para seguir atendiendo a víctimas, para seguir operando, para seguir respirando. El valor de esta ayuda no reside solo en los objetos, sino en el mensaje que conllevan: no estáis solos.

La Fundación Europeos con Ucrania, impulsora de esta y otras muchas iniciativas, se ha consolidado como un actor clave en la cooperación humanitaria con el país invadido. Fundada por Antonio Corredoira y su esposa, la ucraniana Natalia Afonina, esta organización ha enviado más de dos millones de euros en ayuda desde Galicia, ha acogido a cientos de refugiados y ha coordinado proyectos vitales en el ámbito sanitario, educativo y residencial. Su historia es la demostración palpable de cómo una ciudadanía activa puede, con decisión y constancia, aliviar los efectos de una guerra que sigue arrasando la vida de millones de personas.

Una realidad diaria de muerte y destrucción

Entre sus proyectos destacan el envío de unidades móviles de atención médica a zonas donde los hospitales han sido destruidos, la entrega de materiales para la reconstrucción de viviendas, la compra de alimentos para niños desplazados, o la donación de vehículos para transportar suministros y personas. Actúan en regiones como Kyiv, Kharkiv, Donetsk o Zaporizhzhya, lugares donde el conflicto no es una página de periódico, sino una realidad diaria de muerte y destrucción.

Pero más allá de los números y de las rutas logísticas, lo que está en juego aquí es la conciencia ciudadana. Europa no puede permitirse normalizar esta guerra. Galicia no puede permitir que la solidaridad se desgaste. La invasión rusa no es solo un conflicto territorial: es una agresión contra los principios más básicos que sustentan las democracias. En Ucrania se está librando, también, una batalla por el derecho a vivir en paz, a decidir el propio futuro, a existir sin miedo. Por eso, cada camilla enviada desde Ferrol, cada negatoscopio cargado en Lugo, cada centenar de euros recaudados en Oleiros, es también una declaración política: defender la vida frente a la barbarie.

Este tipo de cooperación, además, pone en valor el papel de las instituciones y de la ciudadanía gallega. El Sergas, al ceder material aún útil, actúa con responsabilidad social. La Fundación Europeos con Ucrania canaliza la generosidad de la sociedad civil con eficacia y transparencia. Y cientos de personas, en Galicia y en Ucrania, colaboran en la logística, el transporte, la distribución. Es un tejido de solidaridad que se construye con manos de aquí y de allá, que demuestra que las distancias se acortan cuando hay voluntad.

La corriente solidaria

No es momento de bajar la guardia. Ucrania sigue necesitando ayuda. Lo mínimo que se puede hacer desde España es mantener viva esa corriente solidaria. Quien quiera colaborar puede hacerlo de manera sencilla: la Fundación Europeos con Ucrania cuenta con canales de donación a través de Bizum (08962) o en su web http://www.fundecu.eu, donde se detallan todos los proyectos en marcha. También se puede contactar directamente a través del correo info@fundecu.eu o el teléfono 610 579 757.

El compromiso con Ucrania no debe ser pasajero. Mientras haya una escuela bombardeada, un hospital en ruinas o un niño huyendo de las bombas, la solidaridad será un deber. Porque defender a Ucrania hoy es también defender los valores que queremos para Europa mañana. @mundiario