Trump, objeto de rechazo fuera y dentro de EE UU

Manifestaciones contra Trump en EE UU. / @peaceisactive

La apuesta temeraria de Trump sitúa al mundo al borde de una recesión, mientras decenas de miles de personas se movilizan en Estados Unidos para protestar contra lo que denuncian como una “toma hostil del poder” por parte de Trump y Musk.

Donald Trump vuelve a colocarse en el centro de una tormenta global, y esta vez no solo por sus palabras, sino por las consecuencias palpables de su manera de entender —y ejercer— el poder. En Estados Unidos, miles de ciudadanos han salido a la calle para protestar contra lo que muchos consideran una auténtica “toma hostil del poder”. Más de 1.400 movilizaciones simultáneas en todo el país marcan la primera gran contestación masiva a su nueva administración. Y no es para menos: la vuelta de Trump al tablero político no está exenta de amenazas para la estabilidad internacional. Muy al contrario, sus primeras decisiones ya están generando una onda expansiva que compromete la economía global y el orden geopolítico.

La obsesión de Trump por los aranceles ha resucitado una guerra comercial con múltiples frentes abiertos. La lógica proteccionista y agresiva que impulsa desde la Casa Blanca no solo desafía las reglas del comercio internacional, sino que hace tambalear los cimientos de la globalización tal y como la conocemos. Esta semana, el desplome de los mercados ha sido una primera señal del potencial destructivo de su ofensiva arancelaria, lanzada con una preocupante mezcla de ligereza, falta de ponderación y carencia de argumentos sólidos.

Estados Unidos parece haber adoptado, bajo la batuta de Trump, una estrategia de confrontación que se distancia no solo de sus aliados tradicionales, sino también de los valores democráticos que históricamente ha abanderado. El país ya no cree que las alianzas fuertes ni un mundo interconectado respondan a sus intereses. Esta revolución estratégica implica para Europa un reto mayúsculo: adaptarse, responder con inteligencia y, sobre todo, mantenerse unida.

La respuesta europea a esta agresión económica debe huir del apaciguamiento. La historia enseña que ante las prácticas de matones, ceder solo conduce a más abusos. La Unión Europea dispone de herramientas —como el mecanismo anticoerción— que le permitirían contraatacar más allá del intercambio de bienes, y hacerlo en sectores como los servicios, donde Estados Unidos es más vulnerable. Pero todo esto exige unidad política, algo que no puede darse por descontado si países como Italia se desmarcan. Conviene buscar su apoyo sin renunciar al diálogo con Washington, porque una estrategia basada únicamente en la confrontación puede volverse en contra.

Trump ha abierto una etapa de caos, cuyas consecuencias pueden terminar afectando principalmente a quien las ha provocado. Si Europa mantiene la cabeza fría, puede evitar convertirse en chivo expiatorio y, a la vez, reforzar su papel como contrapeso. Pero no se trata solo de contener el golpe: es tiempo de construir nuevas alianzas, completar de una vez por todas el mercado interior y, sobre todo, afrontar el gran talón de Aquiles de Europa: su dependencia en materia de seguridad. Trump podría no dudar en utilizarla como arma política. Las recientes declaraciones del secretario de Estado, Marco Rubio, exigiendo a los socios de la OTAN un gasto del 5% del PIB en defensa, son un indicio claro de hacia dónde puede ir la presión.

Europa no puede permitirse actuar desde la indignación, por más justificada que esta sea. La respuesta debe ser firme pero calculada, basada en la razón y en una visión estratégica de largo alcance. A lo largo de su historia, la UE ha demostrado que sabe crecerse ante las crisis. Hoy vuelve a tener ante sí una prueba decisiva. Superarla exigirá inteligencia política, unidad y la capacidad de entender que no solo se trata de defender el comercio o la economía, sino de preservar un modelo de convivencia basado en la diversidad, el bienestar y el respeto al derecho.

La embestida trumpista es, en el fondo, un desafío a esa idea misma de Europa. Y por eso, más que nunca, la respuesta debe estar a la altura. @mundiario