Sánchez anticipó ayer un ¡Extra Omnes!
En breve espacio de tiempo, la voz del Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias resonará en la Capilla Sixtina: ¡Extra Omnes!, o sea, ¡fuera todos! Se refiere, naturalmente, a todos aquellos que no tienen ni voz ni voto a partir del momento en el que se cierren las puertas, se repartan papeletas, se hayan almacenado provisiones suficientes de paja húmeda y seca y millones de católicos del mundo permanezcan pendientes de una chimenea, de dos metros de alto, que no sabe uno cómo se las arregla para mantener a media humanidad pendiente de sus fumatas.
En días como estos, con liturgias como esas, no puede evitar uno establecer comparaciones entre los solemnes cónclaves eclesiásticos y las terrenales sesiones de investidura laicas. Quiero decir que, con todos los respetos para la capacidad de inspiración del Espíritu Santo, al que se encomiendan sus eminencias para investir a un Papa, resulta inevitable imaginar que anden sueltos por la Capilla Sixtina demonios de los celos, de los intereses creados, de las intransigencias ideológicas rondando en las cabezas (¡recuerda que eres mortal!) cubiertas por solideos cardenalicios.
Son tales las similitudes intrínsecas entre cónclaves para suceder a un Papa e investiduras para suceder a un presidente de gobierno, por mucho que la parafernalias extrínsecas sean como el día y la noche, que incitan hacerse la pregunta clásica del huevo y la gallina: ¿qué fue antes…? Pero bastan unos segundos para caer de la burra, oye: la Iglesia ha sido la maestra y la política ha sido la discípula que nos ha ido aportando alumnas y alumnos de calificación insuficiente, algunos que han progresado adecuadamente, algún que otro sobresaliente y dirigentes cum laude que se podrían contar con los dedos de una mano.
La última tendencia de los aspirantes al poder laico, a partir de investiduras democráticas, claro, o sea, de cónclaves parlamentarios, es que una vez que se proclame ¡habemus presidente! su status quo adquiera características papales, o sea, hasta la que muerte les separe o algo así. Se le está detectando a Trump, por ejemplo. Y da la sensación de que le tienta a Sánchez, ¡tú eres Pedro!, y nunca mejor dicho. Ayer mismo, sin ir más lejos, nos dejó atónitos con su versión seglar del ¡Extra omnes! que resonó en el Palacio de La Moncloa, en alusión a los gastos de defensa y ante la parsimonia de la audiencia mediática: ¡fuera acuerdo de Consejo de Ministros, fuera exposición en el Congreso de los Diputados, fuera presupuestos, fuera una Constitución que, por lo visto, se ha descubierto que está plagada de artículos con distintas y distantes interpretaciones ad hoc!
Es evidente, señor Sánchez, que usted es Pedro y sobre esa piedra quiere levantar el heterogéneo progresismo nacional una iglesia, en vez de una democracia. @mundiario