El reto de medir el bienestar: por qué el crecimiento ya no basta
La economía española volverá a crecer este año por encima de la media europea. El Gobierno prevé elevar este martes su estimación de PIB hasta el 2,9%, apoyado en un avance que, pese a la desaceleración del último trimestre, mantiene a España como una de las locomotoras del continente. Sin embargo, por primera vez en décadas, ese dato ya no será la estrella indiscutida del cuadro macroeconómico. El Ejecutivo de Pedro Sánchez incorporará metas de reducción de pobreza y desigualdad en un intento de que el debate económico se acerque más a la vida real de la gente.
El gesto es relevante porque reconoce una evidencia incómoda: el crecimiento no siempre se traduce en bienestar compartido. Tras años de mejora del empleo y de los salarios, varios indicadores sociales muestran una cara menos favorable. La pobreza persistente aumentó en 2024 hasta el 13,6%, un retroceso respecto al año anterior que corrige parcialmente la mejora registrada tras la pandemia. Entre los trabajadores, el riesgo de pobreza sigue afectando al 11% de los ocupados, uno de los porcentajes más altos de la UE. Y aunque el índice Gini revela una leve tendencia de mejora desde 2015, España continúa más desigual que la media europea.
Esta paradoja —más riqueza agregada, pero dificultades crecientes para determinadas capas sociales— se reproduce en la Encuesta de Condiciones de Vida: el 25,8% de la población está en riesgo de pobreza o exclusión social, un dato que, pese a mejorar ligeramente, continúa siendo muy alto. Mientras tanto, la renta media de los hogares avanza casi sin pausa desde 2016, lo que confirma que las ganancias de la recuperación se concentran más en unos grupos que en otros.
El nuevo cuadro macro quiere actuar como mecanismo de “autodisciplina”, según fuentes gubernamentales. La intención es que las previsiones de pobreza y desigualdad formen parte de la arquitectura oficial con la que se diseñan los Presupuestos. Es una manera de asumir que la evaluación de una política económica no puede limitarse a observar el PIB, del mismo modo que medir el cambio climático exige algo más que un termómetro. La economía crece, sí, pero crece con sombras: trabajadores con salarios insuficientes, jóvenes expulsados del mercado de la vivienda y desigualdades persistentes entre territorios y grupos sociales.
Un indicador global de desigualdad
Es un movimiento que se alinea con la corriente internacional que reclama métricas más completas. Hace apenas unos días, 500 economistas —entre ellos Thomas Piketty, Gabriel Zucman y la exsecretaria del Tesoro Janet Yellen— pidieron a los líderes mundiales un indicador global de desigualdad inspirado en el panel científico del clima. El G-20 ya ha publicado su primer informe específico sobre el tema, dirigido por Joseph Stiglitz, que reclama situar esta cuestión en el corazón de la acción pública.
El Gobierno reivindica avances como la subida del salario mínimo o el ingreso mínimo vital, medidas que han contribuido a mejorar la situación de los más vulnerables. Pero también admite que el aumento de los desequilibrios exige una mirada más fina. Incorporar estos indicadores no resolverá, por sí solo, la desigualdad. Pero sí puede obligar a que las prioridades económicas se sitúen donde deberían: en la capacidad de un país de garantizar que el crecimiento no deje a nadie atrás.
La actualización del cuadro macro llega, además, en un momento de expectativas relativamente optimistas. Bruselas prevé mejorar sus propias previsiones de otoño y varias casas de análisis apuntan a un crecimiento incluso superior. Pero esa mejora solo será una buena noticia completa si la acompañan datos que indiquen que la prosperidad se reparte mejor.
España ha logrado estabilizar su economía tras una década complicada. Ahora llega la parte difícil: demostrar que el progreso también se mide por la distancia —cada vez menor, si las políticas funcionan— entre quienes llegan a fin de mes con holgura y quienes siguen atrapados en la precariedad. Porque un país no avanza cuando crece su PIB: avanza cuando crece su igualdad. @mundiario