El radón, la prevención y los controles

Radón. / RR SS.
El radón es un elemento químico que se conoce como gas noble y es radiactivo. Ahora comento este problema.

Los átomos, todos los átomos, están formados por un núcleo y unos electrones que circulan en su entorno, y son casi todos estables.

Es decir, no se “desintegran”, pero hay algunos que se suicidan y cambian de traje convirtiéndose poco a poco en otros personajes hasta alcanzar su estabilidad.

Se dice científicamente que su estructura se modifica brutal y espontáneamente varias veces. Al final se tranquilizan o estabilizan y entonces se vuelven inofensivos.

Pero el radón en este punto, ya es otro elemento.

El gas radón nace de la desintegración del radio, otro elemento que también es muy radiactivo y que en su camino hacia la estabilidad da a luz a este gas.

Este, se auto destroza y emite tres tipos de rayos, las llamadas emisiones de partículas – alfa y beta- y rayos electromagnéticos llamados gamma, de enorme energía que se propagan a la velocidad de la luz, y que en realidad son como las ondas de radio, las luminosas o los Rayos X, pero con peligro si penetran en nuestro organismo perjudicando tejidos y células.

El verdadero riesgo es la mencionada partícula alfa, que no es peligrosa fuera del cuerpo humano, pues es muy poco penetrante, pero… si la inhalamos al respirar se adhieren al tejido pulmonar y provoca efectos lesivos y mutaciones.

Es decir, puede provocar cáncer de pulmón, aunque no sea esta la causa más frecuente de esta enfermedad, sino el fumar.

Si en tu domicilio tienes exceso de radón, luego comentamos cómo comprobarlo, y además eres fumador, la probabilidad de contrae esa enfermedad es de 40 veces mayor que por separado.

El dichoso radón provoca en Europa un 8-10%, de estos cánceres y en Galicia, debido a que somos una zona propensa a este gas, y en la que se toman pocas precauciones y controles institucionales y/o constructivos para su eliminación, la cifra es superior.

Dos investigadores excelentes de nuestra USC, los doctores Juan Barros, profesor titular en la Facultad de medicina y Alberto Ruano, saben de esto mucho.

 El primero fue pionero en estudiar y medir los efectos perniciosos del radón, y puso en marcha el Laboratorio de Radón de Galicia, dependiente de nuestra universidad, mérito que como es frecuente tiene menos valor social que meter un gol en el partido del domingo.

Alberto Ruano, doctor en Farmacia, Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública, es el otro puntal de esta investigación sobre este gas asesino.

En física, donde todo se mide o se intenta medir, los científicos se han puesto provisionalmente de acuerdo para medir el radón a través de una unidad que mide su actividad radiactiva, que equivale a una desintegración nuclear por segundo y le pusieron el nombre de bequerelio, aunque la RAE recomienda llamarle bequerel.

Pues bien, a través de unos dispositivos detectores de radón que captan las partículas alfa, situados en una o varias estancias de la vivienda y después de un tiempo de exposición, son contabilizadas por un ordenador, y así es medido el radón con exactitud.  

Si se superan en esa medida los 300 bequerel/m3, estamos ante una situación de riesgo que debe corregirse.

¿Y cómo se corrige cuando vivimos en un edificio ya construido? En general ventilando las viviendas, o lugares de trabajo, y si la cosa es más grave forzando esta ventilación con un pequeño extractor que renueva cada cierto tiempo el aire de la vivienda.

 El radón penetra en los edificios o viviendas básicamente a través del suelo con el que está en contacto por cualquier abertura por pequeña que esta sea.

¿Y qué deberíamos hacer al respecto para saber dónde y cómo construir un edificio o una vivienda?

Nada más sencillo, hacer una cata sobre el terreno, para comprobar su idoneidad, o, dejar preventivamente entre el revestimiento del suelo de la casa o lugar de trabajo y el terreno un espacio de centímetros y unas rejillas, para que circule y pueda evacuarse el radón. Así de sencillo. Un ejemplo: nuestros entrañables hórreos, que están exentos de este problema.

Los nuevos edificios por construir, “libres de radón”, debieran ser un estupendo reclamo para muchos compradores, y  los promotores tendrían en ello unos costos insignificantes.

Los ayuntamientos podrían exigir, al igual que en varios países europeos o en EEUU, un certificado al respecto.

El Real Decreto 732/2019, de 20 de diciembre, modifica el Código Técnico de la Edificación y dispone: “13.6. Exigencia básica HS: protección frente a la exposición al radón.

Los edificios dispondrán de medios adecuados para limitar el riesgo previsible de exposición inadecuada a radón procedente del terreno en los recintos cerrados”

Los ciudadanos con potencial riesgo al radón (unos 180.000 en Galicia), debieran ser conscientes que la prevención a este gas supone en primer lugar conocer si su vivienda o edificio está fuera de ese riesgo, midiéndose.

El Laboratorio de Radón de Galicia, con cifras inferiores a los 100 euros lo hace con la máxima garantía científica.

De estar el edificio, vivienda habitual o lugar de trabajo contaminado, con más de 300 B/m3, adoptar medidas sencillas que permitan solucionar este problema.

Conocemos los hechos, tenemos un “mapa potencial del radón en Galicia” elaborado por buenos investigadores, disponemos de un buen laboratorio público, pero, como diría Wittgenstein “los hechos pertenecen al problema, no a su solución”.

Y la solución es fácil de entender y fácil de aplicar para evitar a este asesino incoloro, inodoro e insípido. @mundiario