Lo que pasa en La Moncloa se queda en La Moncloa
De parte de Óscar López, actual Ministro de Transformación Digital y Función Pública, que es muy grave que se hayan filtrado conversaciones privadas del Presidente del Gobierno. Está escandalizado, el hombre, porque en un periódico aparecen hoy confidencias entre Pedo Sánchez y José Luís Ábalos, que es una cosa que por lo visto está muy fea, oye, como si con las cosas de La Moncloa hubiese que aplicar la norma no escrita para las cosas que ocurren en Las Vegas, ya sabes: lo que pasa en las Vegas se queda en La Vegas.
Y, en cierta forma, tiene razón el señor Ministro apelando a que las cosas que pasen en La Moncloa se queden en La Moncloa, hombre, porque a estas alturas de la Legislatura ya sabemos todos que ahí se juega: a la ruleta en la que la bolita siempre acaba cayendo en Waterloo; a las tragaperras fiscales en las que siempre acaba ganando la casa; al Bingo parlamentario en el que la mayoría de los ganadores suelen tener acento catalán o vasco; al póker en el que siempre son los mismos los jugadores que tienen un As en la manga. Ahí se juega a todo, vale todo, ganan siempre unos cuantos elegidos y pierden la esperanza, el poder adquisitivo, la fe en la Justicia, el orgullo de ser demócratas (centro liberales o centro socialdemócratas, ¿qué más da?), una mayoría silenciosa y silenciada de españolas y españoles que se han quedado parados en la historia, ¡miradlos!, como esos viajeros, en tantos tramos de vías férreas, acordándose de la madre que parió a otro tal Óscar, hijo de una señora, como todas las madres, con todas las probabilidades de ser una santa.
En un país como el que soñamos hace décadas, tras una oportuna flebitis, una transición que dejó con la boca abierta a Europa, un Cónclave de pactos en La Moncloa con inesperada fumata blanca y una Constitución aprobada por mayoría aplastante, un Ministro, aunque fuese de Transformación Digital ( o sea, de relleno), no estaría ahora escandalizado por la filtración de mensajes entre un Presidente del Gobierno y un Ministro Doberman dedicado a lanzarse al cuello de colegas de partido, sino por sus contenidos. Perdone usted que se lo diga, señor López, pero lo grave, lo denigrante, es que el máximo responsable de los destinos de 48 millones de ciudadanos, aritméticamente elegido por sus diversos representantes parlamentarios, haya soltado toda esa deslealtad, toda esa inquina, todo ese fango sobre compañeros de partido que, en el ejercicio de su derecho de expresión y defensa de sus ideales socialdemócratas, hayan dicho lo que piensan entre tantos varones que se piensan lo que dicen y se callan lo que a tantos les gustaría decir.
El dilema de la socialdemocracia madrileña, a partir de hoy, es decidir si de Madrid se puede ir al cielo de la mano de Óscar López, ese Ministro de relleno que se ha convertido en un plagio, en carne y hueso, de aquel celebre personaje de tebeo del gran Vázquez: Angel Síseñor . Ahora, claro, se llamaría Óscar Siseñor. @mundiario