Aquel pronóstico sobre el futuro del PSdeG
Corría el año, creo recordar 1989, cuando organizamos una visita a Madrid por parte del entonces alcalde de la ciudad de Compostela, para entrevistarnos con el vicepresidente del Gobierno de España.
Después de un intercambio de informaciones sobre determinados proyectos que se pretendían impulsar en la ciudad, y una vez acordados los pasos a seguir, el vicepresidente le hizo la siguiente pregunta al alcalde:
—¿A quién te parece que debería de nombrar como delegado del Gobierno en Galicia?
Este, le contestó de inmediato.
— Hay un buen número de gallegos muy capaces para ese puesto, pero me parecería oportuna la continuidad de una persona culta, independiente, liberal, que ya está ejerciéndolo: Domingo García Sabell.
El vicepresidente esbozó una media sonrisa socarrona y después de unos segundos nos dio una opinión sobre nuestro país, y sobre los socialistas gallegos, manifestando:
—Por este despacho pasaron varios politicos gallegos y alcaldes antes que tú.
Al sugerirles la misma pregunta, comprobé que todos ellos traían en mente a quienes no debiera nombrar para ese cargo.
—Fulanito de ninguna manera, menganito no, por esto y aquello…
Ninguno de ellos me propuso o sugirió nombre o candidato alguno.
—Estuvieron aquí, por igual cuestión, los compañeros catalanes del PSC que se acercaron en grupo hace unos días.
Me advirtieron entonces que de no seleccionar a uno de sus candidatos consensuados (traían dos), tendría serios problemas con ellos.
—Desde siempre he preferido tratar con compañeros que, siendo leales, pacten o exijan lo que quieren para su comunidad, para sus alcaldías, de forma que cuando los gobiernos estén en otras manos, puedan actuar siguiendo nuestros principios con autonomía y sin dependencias de terceros.
—No parece ser este vuestro caso pues os conformáis con no decidir nada si podéis conseguir que otros tomen las decisiones sobre Galicia.
A vosotros, por lo visto, os une más estar en contra de alguien o de algo, que a favor de encontrar soluciones conjuntas pactadas.
—Tenéis en Galicia individualidades magnificas de alcaldes, citó entonces a varios entre los cuales los de A Coruña, Santiago, Ferrol, o de Ourense destacaban, pero no he recibido una sola petición conjunta que ayude a hacer bueno aquello de que: “el todo es mayor que la suma de sus partes”.
Han transcurrido 36 años desde aquella entrevista y algunos seguimos recordando el enorme trabajo y logros individuales de todos aquellos políticos, a los que hoy habría de añadirse el alcalde de Vigo, pero también, otros de muchas localidades bien gestionadas desde Pedrafita a Pontecaldelas, de Ares a Maceda con la alcaldesa más joven de Galicia.
Sin embargo, a pesar del enorme poder y músculo municipal, y de politicos parlamentarios destacados, como Fernando González Laxe; Antolín Sánchez Presedo, Emilio Pérez Touriño, Xaquin Fernández Leiceaga; Gonzalo Caballero… Ninguno consiguió nunca superar el síndrome colectivo de los “reinos parroquiales”.
Once secretarios generales y una comisión gestora en 44 años, a una media de secretario general cada cuatro años es un tiempo insuficiente para ser conocido y valorado por la ciudadanía.
Un partido con más de 10.000 militantes, 1.000 concejales, las alcaldías de Vigo, A Coruña y Lugo, además de otras 98 localidades, dos presidencias de diputación, 9 diputados autonómicos, y muchas decenas de “casas del pueblo o agrupaciones socialistas” constituyen una buena estructura organizativa de fondo, que ya quisieran para si otras formaciones.
No entender, por ejemplo, que competir con TVG y muchos medios de comunicación conservadores gallegos, pasa necesariamente por hacerlo con los medios conjuntos propios antes descritos, ayuntamiento por ayuntamiento, parroquia por parroquia, lugar a lugar, es no saber interpretar esa circunstancia gallega, es simplemente no estar en la realidad del país, o hacer oposición desde posiciones poco eficaces.
No saber cómo concretarlo, evidencia la falta de una dirección inteligente y de una cultura política que aproveche sus sinergias.
Ello, a pesar de disponer de buenos políticos individuales en activo, y otros muy competentes, lamentablemente enviados al ostracismo o eliminados desde dentro del PSdeG por falta de voluntad unitaria de la actual dirección.
También pone de manifiesto la necesidad de una reflexión conjunta sobre cómo actuar aquí y ahora, pues el futuro del socialismo gallego está contenido en este presente.
El comportamiento activo del militante y de los cargos institucionales en general se ha diluido, y nos dicen algunos dirigentes gallegos, que no lo estimulan porque no es necesario.
Puede hacerse, debe hacerse, sin complejos, porque es mucho lo conseguido por los socialistas durante estos años, en España y cuando gobernaron Galicia.
Es tanto lo logrado que necesariamente nos debieran de llenar de orgullo aquellos que nos precedieron.
Debiéramos recordarlo ante cualquiera, en lugar de discutir una y otra vez lo que indican las agendas de ciertos medios de comunicación o en las redes, interesados muchas veces más en publicar escándalos, espectáculos y patrañas infundadas y judicializadas, que sólo sirven para evitar debatir los asuntos que realmente interesan al ciudadano, y eludir las responsabilidades de cada formación política y de cada gobierno, desde el central a los autonómicos y municipales.
Quizá lo olvidamos todo, y por lo tanto hay que tratar de aprenderlo de nuevo.
Todo esto condujo al socialismos gallego al desconcierto, a la desmotivación, a la falta de proyecto propio autónomo, a la impresión de una excesiva dependencia de Madrid, y a una desunión que hace tantos años pronosticaba aquel ministro sobre como ser mucho menos fuertes.
Poner fin al temor de no poder soñar sobre cual puede ser el futuro de Galicia sin un PSdeG fuerte, es mi inquietud.
Es menester creer en los milagros congresuales del mes de marzo para recobrar el buen juicio antes de que caigamos en la irrelevancia política, de la que ya tenemos una buena muestra en los resultados electorales pasados.
Y en ese futuro necesariamente estarán aquellos que pretendan hacer de este presente algo diferente.
No serán muchos, pero serán los más conscientes y generosos y de ellos dependerá el futuro del PSdeG. @mundiario