LAS COSAS COMO SON

El portaaviones Gerald Ford en el Caribe: la nueva escalada de Trump con Venezuela

El portaaviones USS Gerald Ford. / Marina de Guerra de Estados Unidos
Estados Unidos despliega su mayor buque de guerra en el mar Caribe bajo el pretexto de reforzar su lucha contra el narcotráfico. El movimiento eleva la tensión con Caracas y alimenta dudas sobre si se trata de una operación militar o de una maniobra política.

La decisión de Washington de enviar al mar Caribe el portaaviones USS Gerald R. Ford —el mayor del mundo y buque insignia de la Marina estadounidense— supone un salto cualitativo en la tensión entre Estados Unidos y Venezuela. Oficialmente, el despliegue responde a una ampliación de la campaña militar contra el narcotráfico en América Latina. En la práctica, marca el punto más alto de la confrontación entre el Gobierno de Donald Trump y el régimen de Nicolás Maduro desde 2020.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, justificó la orden alegando la necesidad de “detectar, vigilar e interrumpir actividades ilícitas que amenazan la seguridad del hemisferio occidental”. Sin embargo, el anuncio llega en un contexto de creciente beligerancia: sobrevuelo de bombarderos B-1B frente a las costas venezolanas, ataques a presuntas embarcaciones del narcotráfico —nueve desde septiembre— y declaraciones de tono militarista que evocan los años más duros de la “guerra contra el terror”.

El grupo de ataque del Gerald Ford, compuesto por el crucero USS Normandy y los destructores USS Thomas Hudner, USS Ramage, USS Carney y USS Roosevelt, contará con más de 5.000 efectivos y cerca de 90 aeronaves. El Pentágono asegura que su objetivo es reforzar las operaciones antidroga del Comando Sur, pero las dimensiones del despliegue y su coincidencia con la escalada retórica contra Caracas han generado inquietud incluso entre aliados regionales de Estados Unidos.

Desde septiembre, la Administración Trump ha llevado a cabo una decena de ataques navales contra embarcaciones sospechosas de transportar drogas, dejando al menos 43 muertos. En la mayoría de los casos, Washington ha vinculado las operaciones con el Tren de Aragua, una organización criminal venezolana designada por EE UU como grupo terrorista. “Si eres un narco-terrorista que trafica drogas en nuestro hemisferio, te trataremos como a Al Qaeda”, escribió Hegseth en redes sociales.

Una operación de guerra

Las imágenes difundidas por el propio Pentágono —videos en blanco y negro de proyectiles impactando pequeñas embarcaciones— evocan más una operación de guerra que un operativo policial. El secretario de Defensa presumió de que el último ataque fue el primero realizado de noche. “De día o de noche, rastrearemos a su gente, los cazaremos y los mataremos”, afirmó, en un lenguaje inusualmente crudo para un responsable militar estadounidense.

Desde Caracas, Nicolás Maduro ha denunciado el despliegue como una “provocación” y ha ordenado ejercicios de defensa a lo largo de los 2.000 kilómetros de costa venezolana. “Estamos preparados para defender cada centímetro de nuestra soberanía”, dijo el mandatario, que atribuye la operación estadounidense a un intento de desestabilizar su Gobierno.

El problema, más allá del intercambio verbal, es que el Caribe se ha convertido en un escenario de alta tensión donde cualquier incidente podría tener consecuencias imprevisibles. Los ataques de las últimas semanas han ocurrido en zonas grises, entre aguas territoriales y espacios internacionales, y varios gobiernos de la región —incluidos los de Colombia y Brasil— observan con preocupación el creciente protagonismo militar de Washington en la zona.

Un mensaje político

Para algunos analistas, el despliegue del Gerald Ford no solo busca golpear a las redes del narcotráfico, sino también enviar un mensaje político. Trump, que ha descrito la actual ofensiva como una “guerra contra los narcoestados”, parece dispuesto a proyectar fuerza militar en un hemisferio que considera “estratégico” para la seguridad de Estados Unidos. “El movimiento tiene más valor simbólico que táctico”, explica un experto en relaciones hemisféricas consultado por El País. “No se necesita un portaaviones nuclear para interceptar lanchas rápidas, pero sí para mostrar poder”.

En el fondo, la operación refleja el doble filo de la política exterior estadounidense en América Latina: una combinación de cooperación antinarcóticos y de presión política que a menudo desdibuja las fronteras entre seguridad y soberanía. Washington insiste en que su meta es “desmantelar las organizaciones criminales transnacionales”. Pero, como tantas veces, el mensaje implícito parece ser otro: Estados Unidos sigue dispuesto a marcar los límites del poder en su hemisferio.

El Gerald Ford avanza hacia el Caribe con todo su poder de fuego. La cuestión es si ese gesto busca proteger la región o reordenarla bajo nuevas reglas. Y, como en otras épocas, la diferencia dependerá menos de las armas y más de la diplomacia. @mundiario