PNV agita el árbol y Bildu recoge las nueces
Han soltado a Txeroki de lunes a viernes y, por deducción, le da a uno la sensación de que están inaugurando cárceles del alma, o lo que sea esa parte metafísica humana, en rincones de los cuatro puntos cardinales en los que habitan anónimas españolas y españoles, con memoria, claro. Porque, a lo largo y ancho de nuestra geografía, la siniestra sombra de ETA sigue siendo alargada con efectos retroactivos. Las cabezas que han sobrevivido a sus caídos por la espalda, que han volado por los aires con bombas lapa y solo pudieron regar las calles del Norte, el sur, el este y el oeste de lágrimas que llovían sobre mojado, una y otra vez, en regueros de sangre inesperada de padres, maridos, hermanos, e hijos, incluso tras el éxodo de este pueblo ibérico hasta la tierra prometida de la democracia, tendrán presente, planificarán sus futuros, pero es prácticamente impensable que hayan enterrado su pasado.
Como sociedad, como pueblo, las recientes páginas de nuestra desdichada historia reflejan la generosidad y la inteligencia colectiva de taparse la nariz, de correr un tupido velo y afrontar el siglo XXI sin mirar hacia atrás con ira. Hombre, sí, cuando Franco y su oprobioso Régimen, con las manos ligeras para firmar espeluznantes sentencias de muerte, al alba, al alba, los atentados sometían a las conciencias de los ciudadanos a un duelo entre el bien y el mal, el derecho natural a la vida y la digestión de una lapidaria frase placebo: ¡el que a hierro mata a hierro muere! Pero luego llegó la Reforma, la transición, Adolfo Suárez y mandó parar, y esos chicos que practicaban la justicia por su mano, con la disculpa de derribar una dictadura, siguieron, erre que erre, nueve parabellum a nueve parabellum, sin disculpa alguna para seguir practicando el acoso y derribo a una recién nacida democracia. Ellos continuaron agitando clandestinamente el árbol de Guernica, mientras la nomenklatura oficial de Euskadi seguía recogiendo las nueces y, naturalmente, los votos.
Ahora, ya ves, España está metida en un lío y Euskadi en otro. Ahora, Moncloa le permite recoger muchas nueces a los que antes solo agitaban el árbol y, los que agitaban el árbol, sin prisa pero sin pausa, van camino de ponerse las botas y los votos en detrimento de los que antes cosechaban las nueces. Un lío, ya te digo, que se refleja en el rostro, antes impenetrable, de Aitor Esteban, miradle, condenado a ir dando palos de ciego.
Pero bueno, a lo que íbamos: que han soltado a Txeroki de lunes a viernes, gracias a ese expediente (dicho sea con ironía) de buen comportamiento, de colaborar con la justicia, de despejar las incógnitas de casos entre asesinados, todavía sin noticias de sus asesinos, de pedir perdón (se imagina uno que de pensamiento, claro) a una sociedad de gobernados que, a medida que va perdiendo toda esperanza en la inteligencia natural de sus gobernantes, se va entregando en cuerpo y alma a la inteligencia artificial que, por cierto, está en las manos de los nuevos enemigos públicos número uno de nuestro actual Presidente del Gobierno: los tecnoligarcas.
Uno, en su ingenuidad, empieza a pensar que el PNV, gran parte de la civilizada sociedad esuskalduna, no sabe con quién se está jugando los cuartos. Quizá se han leído el retrato escrito de Fernando Aramburu de aquellos momentos mas oscuros de su onírica Patria, pero, contemplado el panorama desde aquí abajo, y con todas las reservas, se vislumbra una coincidencia entre la salida de la cárcel de Txeroki y el principio de una larga estancia de ese gran pueblo de ahí arriba entre rejas de Bildu y su peculiar alcaide Arnaldo Otegi o posibles sucesoras/sucesores. @mundiario