Los móviles se salvan: Trump excluye iPhones y chips de los nuevos aranceles
Los amantes de la tecnología pueden dormir tranquilos —al menos de momento—. A pesar de la agresiva ofensiva arancelaria lanzada por la Administración Trump, los smartphones, ordenadores portátiles, procesadores y otros productos tecnológicos clave han quedado fuera del alcance de las nuevas tasas impuestas a las importaciones chinas.
La decisión, publicada discretamente este viernes por la noche en un documento de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, representa un inesperado giro en la errática política comercial del presidente estadounidense. En medio de una semana marcada por el cruce de represalias entre Washington y Pekín, el Ejecutivo ha optado por excluir de los gravámenes del 145% a un sector especialmente sensible: el tecnológico.
Entre los beneficiados destacan Apple y Samsung, que veían peligrar sus márgenes y precios ante la amenaza de aranceles que podrían haber duplicado el coste de un teléfono fabricado en China. Un iPhone de mil dólares, por ejemplo, habría visto su precio aumentar en 700 dólares según estimaciones de expertos. El impacto en el consumidor habría sido inmediato, provocando un terremoto tanto en ventas como en confianza.
Pero no solo los consumidores y fabricantes de móviles ganan con este giro. Las exenciones también alcanzan a componentes clave como chips, discos duros o las máquinas necesarias para producir semiconductores, un gesto que muchos interpretan como un guiño a gigantes del sector como Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSMC), que acaba de anunciar inversiones en suelo estadounidense.
La lógica tras esta decisión parece clara: trasladar la producción tecnológica a Estados Unidos llevaría años y enormes inversiones, algo inviable a corto plazo. En este contexto, los aranceles no solo no reindustrializarían el país, sino que encarecerían productos esenciales y pondrían en jaque a empresas emblemáticas del país.
Aun así, la alegría podría ser pasajera. Estas exenciones responden a una cláusula legal que impide la acumulación de aranceles sectoriales y generales, pero no garantizan inmunidad en el futuro. Analistas advierten que los productos que hoy se libran de los recargos podrían verse afectados por nuevas medidas más adelante. En la era comercial de Trump, la única constante es la incertidumbre.
Esta marcha atrás llega tras una semana de alta tensión entre China y EE UU, con aranceles cruzados del 125% y 145% respectivamente. El propio Trump se ha visto obligado a moderar el tono tras el desplome de los mercados, las críticas internas y el temor a una recesión global. El miércoles anunció una suspensión parcial de los aranceles para todos los países, salvo China, durante 90 días.
No es la primera vez que el republicano hace uso de las exenciones tecnológicas. Durante su primer mandato, también protegió a móviles, relojes inteligentes y otros dispositivos de la guerra comercial con China. Un patrón que se repite, quizá porque sabe que tocar el bolsillo del consumidor en plena era digital puede salirle demasiado caro.
Lo cierto es que el equipamiento eléctrico y electrónico representa la mayor partida de importaciones de EE. UU. desde China, con un valor de 127.000 millones de dólares. Muy por delante de sectores como la automoción (18.000 millones) o el acero (13.000 millones). Golpear a esta industria no solo habría sido arriesgado: habría sido un suicidio económico.
Por ahora, los móviles se salvan. Pero en el tablero de ajedrez comercial que ha desplegado Trump, cada movimiento puede cambiarlo todo. @mundiario