Incendio histórico en Galicia: 16.000 hectáreas arrasadas

El incendio de Chandrexa de Queixa, en Ourense. / Mundiario
El fuego de Chandrexa de Queixa, en Ourense, ya es el mayor registrado en Galicia y simboliza la magnitud de una ola de incendios que desborda medios y paraliza comunicaciones.

Galicia vuelve a estar en el epicentro de la tragedia forestal, y esta vez el récord es amargo: el incendio de Chandrexa de Queixa, unido al de Vilariño, ha alcanzado las 16.000 hectáreas, convirtiéndose en el mayor registrado en la historia de la comunidad. La oleada de incendios que ha barrido España esta semana —con casi 115.000 hectáreas calcinadas en apenas unos días— encuentra en el sur de Ourense y en la vecina Castilla y León su frente más dramático.

La magnitud del desastre se mide no solo en hectáreas, sino en vidas alteradas. Más de treinta municipios ourensanos han recibido mensajes de alerta para que su población se confine. Carreteras como la A-52 han sido cortadas en varios tramos, y la línea ferroviaria de alta velocidad entre Madrid y Galicia sigue interrumpida, al menos hasta la primera mitad del sábado. El riesgo es literal: el fuego ha llegado a acercarse peligrosamente a vías y túneles, según el 112 Galicia.

El mapa de incendios en Ourense es desolador: Oímbra-A Granxa (10.000 hectáreas), A Mezquita-A Esculqueira (9.000), Maceda (2.500), Larouco-Seadur (1.500) y otros de menor extensión mantienen en situación de emergencia a toda la provincia. Y aunque hay frentes activos en A Coruña y Pontevedra, es el sur de Galicia donde la realidad se parece demasiado a un escenario bélico: aldeas incomunicadas, residencias evacuadas y fábricas reducidas a cenizas.

La alcaldesa de A Rúa, María González Albert, ha descrito la situación como “dramática”, con la evacuación de mayores y el corte de accesos por las llamas. El director general de Defensa do Monte, Manuel Rodríguez, ha reconocido que los múltiples frentes “empiezan a desbaratar los servicios de emergencia”. La imagen es la de un territorio que lucha contra demasiados fuegos al mismo tiempo.

Mirar hacia atrás y hacia adelante

Pero más allá de la emergencia inmediata, este incendio histórico obliga a mirar hacia atrás y hacia adelante. Hacia atrás, para reconocer que Galicia lleva décadas arrastrando un problema estructural de abandono rural, falta de gestión forestal y un modelo de prevención que, aunque reforzado en medios, sigue mostrando grietas cuando las condiciones se extreman. Hacia adelante, para entender que el cambio climático no es una amenaza abstracta: el aumento de temperaturas, la sequía y la sucesión de olas de calor son ya el telón de fondo habitual de los veranos.

En esta ocasión, el viento y la orografía han jugado en contra, pero también lo han hecho factores humanos: la simultaneidad de incendios apunta en algunos casos a la intencionalidad. Y frente a todo eso, la respuesta no puede limitarse a más helicópteros o más brigadas, sino a una estrategia integral que combine ordenación del territorio, reforestación inteligente, desincentivo del abandono y educación ambiental.

Las cifras son contundentes: 16.000 hectáreas arrasadas solo en un incendio, 115.000 en el conjunto de España esta semana. Pero más allá de los números, hay un patrimonio natural y humano que no se puede cuantificar. Cada hectárea quemada es también una pérdida de biodiversidad, de suelo fértil y de arraigo comunitario.

El incendio de Chandrexa de Queixa quedará registrado como el mayor en la historia de Galicia. Lo preocupante sería que quedara también como un símbolo de impotencia, en vez de convertirse en un punto de inflexión. Porque si algo revelan estas llamas es que el verano que ahora se vive será, de no actuar, un verano repetido. Y con él, una Galicia más pobre en bosque, en vida y en futuro. @mundiario