La importancia electoral de Barcelona

Oriol Junqueras. / Mundiario

ERC y Junts confrontan para equilibrar representación autonómica y local en perjuicio del PSC que busca rentabilizar las reformas legales en favor de los independentistas.

Si en alguna ciudad española las elecciones municipales trascienden el ámbito local, condicionan la política autonómica e influyen en el Gobierno estatal es, sin duda, en Barcelona. A su carácter de cocapital económica y cultural de España suma la capitalidad de Cataluña. Es además la principal ciudad gobernada por uno de los partidos coaligados en Unidas Podemos.

En un artículo publicado anteriormente en MUNDIARIO, adelantábamos como hipótesis que la designación como candidato a la Alcaldía barcelonesa por Junts de quien ya fue Alcalde por CiU, Xavier Trías, alteraría las tendencias electorales. Desde el pasado domingo la hipótesis ha sido refrendada por el sondeo demoscópico publicado por el principal diario de la ciudad, que es además el segundo de España por tirada. Según dicho sondeo, se produciría un vuelco absoluto, encabezando Trías los posibles resultados, seguido por la actual Alcaldesa, Ada Colau y por el socio de gobierno de esta, el candidato del PSC, Jaume Collboni, quedando más distanciado el candidato de ERC, Ernest Maragall. Ganar no significa gobernar como comprobó este último hace cuatro años cuando tras ganar en votos y concejales no obtuvo la Alcaldía pues la candidatura del antiguo Primer Ministro de Francia, Manuel Valls, optó por evitar un Gobierno local nacionalista.

La encuesta revela también la voluntad de cambio de los electores ya que una mayoría de dos tercios expresa voluntad de cambio de Gobierno. Entre las críticas principales, figuran los niveles de seguridad ciudadana y de limpieza de las vías públicas. Por otra parte, el actual Ejecutivo local se ha destacado por mostrarse contrario al turismo habiendo decretado una moratoria en la construcción de hoteles, ha denegado el permiso para crear una sede del Museo Hermitage de San Petersburgo, ha sido tolerante con el fenómeno okupa y se ha embarcado en un proyecto urbanístico, las llamadas supermanzanas, atractivo teóricamente pero conflictivo en su puesta en práctica.

Los resultados municipales influirán en la política autonómica sobre todo tras la salida de Junts del Ejecutivo catalán en octubre pasado, dejando a este en una minoría insostenible. Si uno de los partidos nacionalistas obtuviese la Alcaldía barcelonesa, sería posible alinear los intereses de ambas instancias de Gobierno, marginando al PSC. La pugna entre las dos formaciones nacionalistas principales, mostrada con toda claridad durante la reunión de los Presidentes Sánchez y Macron, es abiertamente preelectoral. Sánchez respalda a ERC institucionalmente mientras el mismo partido se manifiesta en la calle de donde su Presidente, Oriol Junqueras, es expulsado entre gritos de traidor.

El Gobierno estatal también se verá afectado. Durante las últimas semanas está intentando que las concesiones efectuadas en Madrid, indulto y modificaciones del Código Penal, con el objetivo de diluir las consecuencias de la intentona independentista de 2017, tengan como contrapartida un acuerdo ERC-PSC en el Parlamento catalán. El diálogo está encallado en torno a asuntos relevantes como la ampliación del aeropuerto barcelonés o un proyecto urbanístico en Tarragona. Al mismo tiempo, jueces y fiscales difieren del Gobierno en el alcance jurídico de las modificaciones legales citadas, entorpeciendo más el problema.

Si la situación política no se estabiliza en Cataluña tras las elecciones de mayo, las elecciones autonómicas podrían adelantarse a una fecha anterior a las elecciones generales, añadiendo más presión sobre los partidos del Gobierno estatal.

Los demás partidos no son ajenos a la confusión preelectoral. La Vicepresidenta Segunda ha acudido a Barcelona para apoyar expresamente las propuestas de En Comú, que coinciden con las del nacionalismo, sin desdeñar un posible referéndum de autodeterminación, aludido con eufemismos. La llamada plataforma Sumar se está revelando como un agregado de fuerzas locales y territoriales poco estructuradas orgánicamente pero compartiendo un programa básico común que, coincidiendo con el PSOE en la política social, discrepa en casi todo lo demás: instituciones, política económica, alianzas internacionales, defensa, etc.

Otro conflicto interno en la coalición PP-Vox que gobierna Castilla y León, ha descolocado a los dirigentes populares que se debaten entre adoptar medidas de contención de su socio o convocar elecciones anticipadas que serían percibidas como un fracaso. La ofuscación en su día de Pablo Casado llevó al PP a romper un cómodo gobierno con Ciudadanos para encontrarse en manos de Vox. Una eventual repetición no garantiza cambios. Lo más relevante es que ante el problema surgido, tanto Mañueco como Feijóo tardaron días en reaccionar, demostrando que ante muchos problemas sociales no tienen una respuesta elaborada y a la altura de los tiempos, debilidad que Vox intentará aprovechar en más ocasiones.

Así, a poco más de cien días de las elecciones, son varios los elementos singulares que pueden matizar los resultados. Estos en ningún caso serán un plebiscito sino una suma heterogénea de resultados parciales. @mundiario