Hipótesis de simulación

El Palacio de la Moncloa. / Archivo.

Otra simulación es posible. Hay una hipótesis olvidada: un pacto de no agresión por las partes sumaría el doble. Azuzar permanentemente al manso bulldog termina por morder. 

 

La RAE define simulación como “la alteración aparente de la causa, la índole o el objeto verdadero de un acto o contrato”. Qué sería del mundo sin la simulación. Simulan en la ciencia, con la IA, en el arte y la fotografía. La NASA simula vida en la Luna. Los meteorólogos en la predicción del tiempo. En la ofimática emulando la caligrafía en papel sin faltas ortográficas. Simulan en medicina los marcapasos, con la carne vegana para deleite del cerebro y el estómago. O con los juguetes eróticos la falta de compañía carnal.

También constatamos que los poderes públicos simulados convierten la soberanía en otra simulación. Mientras, la convivencia en modo avión, espera salir de la alteración artificial y retornar al estado natural. Han pasado muchos años donde demostramos ser sosegados, pacíficos, tolerantes y respetando la joven democracia por un objetivo común.

Con la democracia adulta, asistimos a un modelo de simulación desconocido para la amplia mayoría. Lo que sí se percibe es todo lo contrario que desearíamos. Están experimentando con nosotros, con nuestro presente y futuro hacia un terreno que ni los científicos más metodológicos se atreven a vaticinar en sus tubos de ensayo o en sus ordenadores cuánticos. Lo malo, es que nos dejamos simular y ensayar a lo Méngele, con el doble riesgo que conlleva. 

La vida sigue y la percepción es que lo que realmente debería importar como es el empleo y la creación de riqueza para salir de la policrisis y mejorar el estado de bienestar general, nos distraen con polémicas y trifulcas a diario amplificadas  con vuvuzelas que en realidad encubren la guerra mediática por la aparición del revulsivo de las redes sociales. La simulación en política es catastrófica y todas las esperanzas las tenemos en la economía, que es lo que verdaderamente importa y nos da de comer.

Los simuladores de la Moncloa, del Congreso y del resto de los pseupoderes parecen no haberlo entendido. Tan grave es el abuso de poder de unos como la constante resistencia al entendimiento del otro. ¿Recuerdan las florituras que se contaban a favor de la gran coalición? Hoy son obuses en alas de drones que simulan aeronaves pilotadas por humanos con asientos eyectables y paracaídas en caso de impacto enemigo.

La simulación simulada. La política simulada se extiende por todo el  territorio nacional. Observadores extranjeros no terminan de atenderla y la asemejan a una niebla pasajera, animándonos a  centrarnos en la marcha de la recuperación y el cambio climático. No puedo estar más de acuerdo. 

En el fondo, 50 años de democracia nos descorona de aquella ejemplar imagen internacional de transición democrática. En su lugar, la actual simulación simula la balcanización de España y el desgarro de la convivencia por imponer la razón de unos a costa de otros. Nos creíamos con más sentido de Estado, pero éste brilla por su ausencia y nosotros con la anemia por los suelos. Ni unos ni otros son conscientes del daño colectivo. Dicen representarnos pero están en busca del obsceno provecho partidista cuando no individual.

Ahora vale todo, como en los Balcanes hasta que un día llegaron a las armas. No aquí tanto por las tensiones étnicas ni religiosas, pero sí por las ideológicas y territoriales. ¿Esto es lo que queremos? Por favor simulen otra hipótesis, otro sosiego, otra quietud, diálogo, convivencia y otra prosperidad sin renunciar a la crítica y a la igualdad de todos, que la beligerancia actual no deja llegar a fin de mes a una amplia mayoría con hipotenusa, catetos y exceso de inestabilidad. @mundiario