Gobierno bifuncional: ministros candidatos
Esta dinámica afecta sobre todo en las autonomías en las que no gobierna su partido. Sin embargo, es necesario cuestionar esta manera de actuar desde el Gobierno de España. No resulta nada lógico que las personas que tienen la obligación de administrar al conjunto del país puedan utilizar su cargo para deteriorar a la oposición a la que se va a enfrentar en unas futuras elecciones. Un ministro tiene muchos resortes estatales e instrumentos administrativos para jugar con ventaja en su batalla contra el adversario de su comunidad autónoma. Puede frenar iniciativas que dependan de decisiones del Gobierno central para obstaculizar éxitos de la administración autonómica a la que aspira. Puede frenar el traspaso de los fondos previstos para la autonomía si van a favorecer a su adversario. En definitiva, un ministro en campaña electoral permanente se mostrará más como partidista y aspirante que como ministro de todos los españoles.
También es cierto que, en un intento de ganarse el favor de la población, ese ministro candidato puede promover iniciativas que favorezcan a los ciudadanos. Por ejemplo, promover más inversiones de competencia estatal en ese territorio, anunciar más inversiones e iniciativas. Pero siempre estará actuando en competencia y enfrentamiento con el gobierno autonómico al que aspira desbancar. Además de posibles perjuicios a otras partes del país que necesitaban más esos recursos.
Esta doble designación de ministro y candidato supone que se va a dedicar a tiempo parcial a su ministerio, que va a estar en constante enfrentamiento y confrontación con sus adversarios en cada ocasión que se le presente, o cada vez que visite a la comunidad autónoma deseada. Las visitas oficiales a estos territorios se convertirán en una constante batalla porque estarán allí como ministros y como líderes de la oposición.
Por ejemplo: Óscar López actúa siempre en claro enfrentamiento con la presidenta de Madrid, Isabel Diaz Ayuso. Con razón o sin ella, con motivo o sin motivo, cualquier circunstancia desencadena una guerra. Y no parece que sea lo más apropiado para un ministro del Reino de España.
Diana Morant, titular de Ciencia, Innovación y Universidades, tiene que dedicar más tiempo a descalificar al presidente de la comunidad valenciana que a su trabajo ministerial. Difíciles encuentros, acuerdos y gestiones educativas en Valencia se van a registrar.
María Jesús Montero, titular de Hacienda, siempre quedará la sospecha de que las decisiones que tome como ministra sobre Andalucía se pueden considerar como una búsqueda de beneficio personal, y desatención a otros territorios.
Y Pilar Alegría en Aragón… @mundiario