Geopolítica, diplomacia y moral
Lo que está sucediendo en el área internacional, ¿podría ocurrir nacionalmente? ¿A que nos referimos?: a la actitud de EE UU o de Trump, como se prefiera. ¿Y qué dice y hace Trump? Dice: "No me siento limitado por ninguna ley, norma, control o contrapeso internacional"; "los únicos límites a mi capacidad para usar el poderío militar estadounidense" son "mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme".
¿Qué hace?: amenaza con apoderarse de Groenlandia; secuestra al presidente de un país; bombardea a otro con el cual estaba negociando, y parece que satisfactoriamente; declara guerras sin autorización de su parlamento; aprovecha una conversación telefónica para localizar a su interlocutor y bombardearle; amenaza a Canadá con convertirlo en un Estado más de los EE UU; interfiere en la política española porque esta se niega a incorporarse al ataque contra Irán, etc.
Decimos descaradamente porque la anulación del criterio de los ciudadanos y de la soberanía de las naciones ya no se hace subrepticiamente bajo justificaciones engañosas. Incluso tiene sus epígonos menores, como la verde Berboken, que no hace mucho decía: "Si hago la promesa a la gente de Ucrania: 'estamos con vosotros todo el tiempo que nos necesitéis', entonces quiero cumplirla, sin importar lo que piensen mis votantes alemanes, pero quiero cumplirla a la gente de Ucrania". No hablamos del contenido de esa moral ni de ese yo egocéntrico, sino de la fuerza vinculante que para cada político tiene el mandato electoral. ¿Mandato del ciudadano o criterio particular? Lo más preocupante es que estos gestos antidemocráticos no desgastan. Como premio se la nombra presidenta de la Asamblea General de la ONU, un foro en el que la democracia y la igualdad deberían ser guías imprescindibles para facilitar la convivencia y el diálogo.
¿La frase de Trump es una novedad? No, es un paso más en la deriva democrática. Ya lo de un mundo basado en reglas anticipaba un grave debilitamiento del derecho internacional. Incluso el concepto de democracia flaquea. Recordemos la última Cumbre para la democracia donde se excluyó a países democráticos y se incluyó a países autoritarios.
Las acciones y palabras de Trump son en primer lugar la demostración de que una mezcla de decadencia y voluntad alienada cree puede prescindir de la diplomacia sin consecuencias catastróficas; en segundo lugar una manifestación sincera de que la nación y el ciudadano han sido apartados de un manotazo como fuerzas necesarias y legitimadoras para una verdadera democracia, bien nacional, bien mundial. En Trump es descarada, pero esa deriva lleva décadas produciéndose. ¿Habremos de aceptar tales razonamientos basados en la sinrazón?
Quizás esta atonía se justifica en cierto bienestar vital. Después de todo, ¿para qué complicarnos la vida si otros se encargan de la gestión de nuestros asuntos? Podemos desinteresarnos de la democracia, pero la cuestión es, ¿no fue acaso la democracia la que facilitó ese modesto bienestar? ¿No habremos cambiado los términos, como tantas veces ocurre con estos asuntos?
Una aparente digresión: el empobrecimiento del lenguaje es a la vez un empobrecimiento de las ideas y de los ideales. Si dijéramos, por ejemplo, que tales actitudes no son sensatas, ¿entenderíamos cabalmente el sentido de tal expresión? El lenguaje nos remite a prudencia, cautela, madurez, equilibrio, es decir, evitación de los extremos. ¿Valoramos la sensatez? ¿El hegemón unipolar posee tales cualidades? ¿No era el suyo, tal como se decía enfáticamente, un “liderazgo inspirador”?
Habíamos dejado a un lado el contenido de esa moral para expresar la idea principal. Ahora preguntémonos cuál es la moral de estos guerreros. ¿Qué dice el ministro de la guerra norteamericano, Pete Hegseth, para justificar su “furia épica”?
Por un lado esgrime la amenaza nuclear de Irán. “Inminente”, dice. Llevan así desde 1996 sin que esa amenaza se haya materializado. Encima eliminan al jefe de Estado que había vetado la creación de bombas nucleares. Pero, ¿por qué Israel. sí?
Otro argumento es la defensa de sus aliados, del comercio, del estrecho de Ormuz. ¿Una hiperpotencia inspiradora no debería calibrar mejor sus posibilidades? Más bien han provocado todo lo contrario, aparte de que parece que su único y verdadero aliado es Israel, haga lo que haga (Gaza, Cisjordania, Libano, Altos del Golán…).
Cambio de régimen: el pueblo iraní, dice el ministro de la guerra, debe "tomar el control de su destino". ¿No es un contrasentido que el control del propio destino dependa de la acción de un país extranjero? ¿Podría ocurrir mañana que decidan cambiar el destino de España porque hacemos mucho ruido y comemos tarde?
Llamado a la "Guerra Santa", pidiendo a los ciudadanos que recen de "de rodillas en el nombre de Jesucristo" por las tropas. ¿Es esta una frase con la que luego se pueda criticar a las teocracias? ¿Qué ocurre con el reiteradamente olvidado quinto mandamiento (no matarás, si por el desuso se ha olvidado).
Justificación divina: la "providencia de Dios Todopoderoso" protege a las tropas estadounidenses. ¿Es esto normal en un país que se pone como ejemplo de modernidad?
Fanatismo religioso iraní. ¿Sólo el de ese país? ¿Y Arabia Saudita, Catar, Israel, el propio EEUU? ¿No es esto el colmo del cinismo, de la torpeza, de la ignorancia, de la insania mental? Todos estos argumentos por el contrario abonan la necesidad de un derecho universal no dependiente de nadie y sí bajo la vigilancia de todos. Por cierto, ¿era Mossadeq, derribado en 1953 por la Operación Ajax, un teócrata?
¿No va esto más allá de la moralidad, demostrando que es la cobertura a un plan que ya Netanyahu describió en 1995 en un libro titulado “Luchando contra el terrorismo” y ratificado en 1996 mediante un plan denominado a su vez “Una ruptura limpia: una nueva estrategia para asegurar el reino”, donde se preveía destruir a siete países molestos: Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán? Parece que el plan va cumpliéndose. Ninguno de estos ataques tiene justificación ni ha mejorado la vida de sus habitantes. Todo lo contrario. Los únicos que se han beneficiado son quienes se nutren de catástrofes. Destrucción, robo de materias primas, construcción.
Lo que estas guerras si demuestran y que luego se olvida es que los que van al combate, los que luego físicamente lo reconstruyen todo de una forma que sería increíble de no ser por la evidencia de los hechos, son los que no tienen derecho a opinar y elegir su rumbio. Es sorprendente como la descoordinación provocada por la desinformación puede debilitar a una fuerza poderosísima; tanto que puede reconstruir todo un mundo destruido. Las fotos de las ciudades arrasadas en la IIGM deberían ser suficientemente explicativas. Pero nuestra curiosidad no pasa de una pantalla llena de evasiones y evasivas.
Todo esto se presenta como nuevo. Pero no lo es. La mutua destrucción es una constante de la política. No es que fuera suficiente, pero la diplomacia salvaba muchas situaciones dramáticas. No obstante, se ha renunciado a ella. No se tiene el menor conocimiento de qué es, y ya se sabe, lo que se ignora se desprecia.
¿Volvemos al estado natural en el que el hombre es un lobo para el hombre y donde no hay más realidad que la fuerza? ¿Tan seguros están de la suya? Quienes renunciaron a tal solución no eran débiles ni ingenuos pacifistas; simplemente sabían que ese camino lleva a la destrucción colectiva. Quienes estuvieron de verdad en la guerra experimentaron lo necesaria que era una convención como la de Ginebra. Se habla de terrorismo, pero afortunadamente aún no se ha respondido con el ojo por ojo. La posible contaminación de aguas, los virus destructivos, las enfermedades etnitizadas, en cada esquina una amenaza embozada no valen una victoria. Aparte de que el poder total ha desaparecido. La demencia que estamos viviendo es la de un poder que ha pasado de la soberbia absoluta al histerismo por comprobar que otros pueden articular su propio lenguaje.
Miles de años de experiencia humana no crearon en balde la diplomacia. Para preferir ser un lobo entre lobos hay que estar dispuesto a sucumbir. Estos individuos, en realidad falsos lobos, están pasando por una rabieta de niño bien (con poca capacidad para la frustración) que a todos nos puede costar cara. Podría ocurrir que en situaciones negativas las leyes que invalidaron no estuvieran ahí, para protegerles.
Terminamos. Trump dice que su único límite es su mente. Debe cuidar dónde se asienta esta. Ya atentaron una vez contra él. @mundiario