Galicia y sus competencias autonómicas
En una discusión sobre un asunto social de su ciudad, el entonces alcalde de Vitoria, José Ángel Cuerda decía: "¡Lo que no es de nuestra competencia es de nuestra incumbencia!". Tener competencia es disponer de autorización y responsabilidad sobre determinados asuntos. La incumbencia expresa la obligación de hacer una cosa. Cuerda pretendía atender una necesidad social urgente de sus vecinos, aunque no tuviera la responsabilidad o competencia para ello.
Sucede en casi todos los ayuntamientos, que se ven “obligados” a atender necesidades imperiosas, aunque no tengan ni recursos ni competencias “específicas” para ello. A esto se le llama eufemísticamente “competencias impropias”.
El diccionario de la RAE define literalmente la competencia como la atribución legítima de la autoridad para el conocimiento o resolución de un asunto.
Nuestra Constitución, en su artículo 148, al respecto de las Competencias de las Comunidades Autónomas dice: Las Comunidades Autónomas podrán asumir competencias en las siguientes materias… y cita 22 de esas materias, entre las que recuerdo aquí y ahora: la ordenación del territorio, el urbanismo y vivienda, las obras públicas, la agricultura y ganadería, la pesca en aguas interiores, el patrimonio, la cultura, la asistencia social, el turismo y la sanidad.
Las competencias mencionadas están transferidas junto con los recursos económicos para las mismas desde el Estado a las Comunidades y de ahí el interés en saber administrar, gestionar y controlar bien estos recursos.
Desde el momento que asumen las competencias, son las autonomías, y no el gobierno de España, las responsables de presupuestar, administrar, contratar personal y dirigir las materias en las que son competentes.
Desde hace un tiempo es utilizado como táctica por las derechas en las comunidades donde gobiernan, el trasladar al gobierno de España (cuando no es de su color), el mal funcionamiento de muchos de los resultados de estas competencias propias, como si no lo fueran, cuando su gestión es percibida como negativa en la Comunidad respectiva.
En Galicia hemos oído en muchas ocasiones y por boca de los responsables autonómicos del PP, con total descaro, manifestar, que la sanidad, o la vivienda, la agricultura o la industria, si no van bien, se debe a que el gobierno de España no las atiende adecuadamente. No les presta atención. Este, es un ejercicio de cinismo político, que cala socialmente y se basa en negar una y otra vez la evidencia de responsabilidades propias incumplidas, la ineficacia política autonómica o la falta de iniciativas y proyectos en nuestra tierra.
El actual discurso del PP intenta confundir y desorientar al respecto, y lo consigue muchas veces legitimando políticas inexistentes, apropiándose de los logros compartidos y trasladando sus fracasos al gobierno de España.
Es un nuevo lenguaje diseñado para la confrontación es el que atrae a tanta gente que no soporta la complejidad y prefieran las ideas autoritarias, es, el lugar donde los hechos pierden valor frente a los mensajes simples, y donde se niegan las verdades independientes y verificables porque sabemos que “sea cual sea el mensaje que queremos trasmitir solo hay una posibilidad de que se capte, si se reduce a un eslogan fácil de recordar” (Todorov). Vivimos en un escenario en el que se ofrecen las consecuencias parciales, pero se ocultan sus causas.
La política de los conservadores españoles e internacionales se ha convertido en una guerra por otros medios, con unas armas de destrucción que utilizan torticeramente internet, bulos, fragmentación social, radicalización o polarización social, miedos, descredito de la política y de las instituciones, etcétera, todo ello impulsado por las consecuencias y uso interesado de la globalización, los populismos, la posverdad, la manipulación mediática y la tecnología.
Siempre es más fácil engañar a las personas que explicarle que están siendo engañadas, y a ello contribuyen determinados medios de comunicación empeñados en contar poco y mal lo que pasa y dejando de vigilar y criticar al poder, “convirtiéndose muchos periódicos, periodistas y analistas políticos, en portavoces del poder, olvidando su papel de representantes de la gente, y optando por ser representantes del poder ante la gente” (Inaki Gabilondo).
Están muchos de estos medios fuertemente subvencionados por el gobierno gallego, y, además, sus direcciones, algunos de sus redactores y sus consejos de administración, se sienten ideológicamente próximos y cómodos con los conservadores. Son la suma de intereses económicos y políticos biunívocos.
Vivimos una especie de colonialismo informativo cuyo líder principal en esta tierra es la TVG, recientemente acusada de prescindir de un periodista que se negó a ocultar que el IPC subió en Galicia más que la media española.
Para Adela Cortina es descorazonador observar que pruebas palmarias de que un partido difunde bulos, o de que haya políticos que mienten descaradamente, no merezcan ningún castigo en las urnas.
Lo cierto es que, a pesar de las competencias autonómicas, aquí, en nuestra comunidad, no se llegó a acordar de forma razonable con nuestros grandes ayuntamientos gallegos, (casi todos gobernados por la izquierda), el ceder algunas de esas competencias autonómicas, acompañadas de los recursos estables, para cubrir unas necesidades municipales que hagan posible cumplir con las “obligaciones locales urgentes e impropias” de ciudadanos y vecinos.Es decir, es un hecho constatable que no se produce la colaboración y cooperación necesaria y esperable entre la administraciones autonómica y los grandes ayuntamientos.
Estos ayuntamientos, que agrupan a casi la mitad de los ciudadanos de Galicia no suelen reivindicar ni criticar conjuntamente a la Xunta actual en su forma de proceder, y, su cultura o tradición política de “ir por libre cada uno de ellos” solo les conduce al trato discriminatorio al que están siendo sometidos por separado desde hace muchos años.
El gobierno del PP en Galicia lleva demasiado tiempo patrimonializando como exclusiva esta tierra, en la cual sus declaraciones contradicen los hechos, incluso atribuyéndose como queda dicho, méritos que no tiene.
Son estos unos políticos que triunfan electoralmente haciendo pasar con habilidad sus mentiras por verdades ante nuestra sociedad, y es cierto que: “tienen mucho poder las mentiras cuando parecen verdades”, como escribía Calderón de la Barca hace cuatro siglos. @mundiario