Franco: ese comodín de Sánchez de doble filo
Más tarde o mas temprano, a los españoles y españolas que acceden a cuotas estatales, autonómicas o municipales de poder, se les ve el plumero. Hay como un tic contagioso, de generación en generación, en el que han ido incurriendo los prohombres y alter-ego femeninos a lo largo y ancho de distintas y aparentemente distantes etapas de nuestra historia. Utilizo la palabra aparente, porque cada vez que miro hacia atrás y leo entrelíneas las páginas de historiadores en los últimos siglos, veo reyes de cuna, reyezuelos de urnas, desaprensivos validos por Decreto Real y ahora por decreto del BOE, cortesanos aristócratas o de traje civil con corbata, bufones y bufonas que, posiblemente, hayan hecho y sigan haciendo reír a las Cortes propiamente dichas de antaño y a las Cortes contemporáneas de ahora, miradlas, que se limitan a hacer carrera, precisamente en La Carrera de San Jerónimo (que no deja de tener su coña, ¿no?. Bufones y bufonas, ya digo, de todo origen, condición, género y número, que ahora se dedican a reírse de su pueblo.
A 24 horas de alcanzar los cincuenta años del más deseado e inédito golpe de Estado que, curiosamente, no protagonizó ni un Pavía, ni un Tejero, sino una flebitis (que a mis escasas luces deberíamos hacérnoslo mirar alguna vez, hombre), el poder establecido se dispone a exhumar por segunda vez los restos de aquel Caudillo, de infausto recuerdo, al que Pedro Sánchez, con la sana intención, supongo, de que nos sirva de escarmiento, le intenta sacar partido para su partido, para mí que sin caer en la cuenta del peligro que corre de ir haciéndolo inmortal, oye. Tal cual está la juventud, ¡divino tesoro!, y ese arma pandémica de destrucción masiva de las redes, como la cosa entre por el lado equivocado en el factor X, en Tik-Tok e inframundos de esos en los estamos comprobando cómo se cuelan Abascales en modo superhéroes de Marvel, ¡yo que usted no lo haría, forastero, perdón, Señor Sánchez!, en estos convulsos tiempos en los que las REDES las carga el diablo.
Pero bueno, el que manda manda, los que le permiten mandar asumen su libre albedrío, y no vale después rasgarse las vestiduras si la ultraderecha progresa adecuadamente en esa guerra de las galaxias ideológicas en el ciberespacio. Precisamente Franco, en su mesilla de noche del Palacio del Pardo, guardaba como reliquia protectora la mano incorrupta de Santa Teresa: ¡que alguien convenza a Pedro Sánchez, si es que puede, claro, para que deje de mantener los corruptos restos mortales del infausto Caudillo como reliquia protectora en la mesilla de noche del Palacio de La Moncloa! Sin Franco, hemos vivido mejor durante varias décadas y corremos el peligro de vivir peor si, erre que erre, estos chicos y chicas se empeñan en exhumarlo para solaz y esparcimiento de nuevas generaciones de James Deans que, por antonomasia, ya sabes, practican las rebeldías sin causa. Con todos los respetos para los que no quieren que ese dictador descanse en paz, tampoco estaría mal que fuese su fantasma, y sus respectivos invocadores con distintas y distantes intenciones, los que nos dejasen vivir en paz a los que apostamos por el borrón y cuenta nueva. @mundiario