Europa se prepara para la crisis: ¿y España, a qué espera?
La Comisión Europea lanza un mensaje claro, urgente y sin rodeos: Europa debe prepararse para una nueva era marcada por la inestabilidad. Las amenazas ya no son escenarios hipotéticos de películas distópicas, sino riesgos reales que se ciernen sobre nuestras vidas: guerras, ciberataques, pandemias, catástrofes naturales. Y Bruselas, con una estrategia que parece más propia de un tiempo de emergencia que de rutina administrativa, pide a los ciudadanos que se preparen para resistir 72 horas sin ayuda externa en caso de crisis. Agua, medicamentos, baterías, alimentos no perecederos. Un kit de supervivencia en cada hogar. Literalmente.
Mientras tanto, en España… seguimos pensando que eso “no va con nosotros”. Según el último Eurobarómetro, los españoles son los europeos menos preocupados por la seguridad y la defensa. En un continente donde los franceses recibirán manuales de supervivencia y Finlandia lleva años preparando a su población para cualquier eventualidad, España destaca por su desconexión. Mientras Europa endurece el gesto, aquí impera una suerte de confianza despreocupada en que las crisis siempre pasan de largo. ¿Nos hemos acostumbrado demasiado a vivir bajo el paraguas de otros?
La nueva estrategia europea no es un capricho burocrático. Es un intento serio, con más de 30 medidas concretas, de construir una Unión más resiliente ante las amenazas que se acumulan en el horizonte. La guerra en Ucrania ha sacudido la seguridad europea, y la posibilidad de una agresión rusa en los próximos cinco o diez años ya no es tabú en los despachos comunitarios. Tampoco lo es la creciente evidencia de que Estados Unidos podría no estar dispuesto –ni en condiciones– de seguir siendo el escudo militar de Europa. Ni lo son los efectos visibles del cambio climático, que golpean con fuerza especial a países como España: incendios, inundaciones, sequías.
Bruselas advierte de que este es solo el comienzo. La seguridad energética, las infraestructuras críticas, los flujos de desinformación y los sabotajes híbridos ya están sobre la mesa. Y la respuesta no puede ser solo militar o institucional. Debe ser civil, social, ciudadana. Porque los primeros días de una gran crisis serán cruciales. Y porque el colapso, cuando llega, no avisa con cortesía ni da tiempo para improvisar. Es ya seguro que la UE pondrá en marcha un comité de crisis para responder a conflictos bélicos y desastres climáticos. La nueva estrategia europea de preparación contempla el fortalecimiento del servicio de inteligencia comunitario, en respuesta a la creciente amenaza de Rusia y a un escenario internacional marcado por una alta inestabilidad geopolítica.
Una cultura de la prevención
Pero para eso se necesita algo que en España parece estar en decadencia: una cultura de la prevención. La pandemia de la covid-19 fue una lección durísima. Nos enseñó lo que significa depender de cadenas de suministro frágiles, lo que cuesta no tener reservas de lo esencial, lo que implica no anticiparse. Y sin embargo, la memoria social es corta. Seguimos confiando en que, pase lo que pase, alguien vendrá a rescatarnos.
La UE pondrá en marcha un comité de crisis para responder a conflictos bélicos y desastres climáticos
La estrategia de la Comisión Europea pone el foco en ese cambio de mentalidad. No basta con tener planes sobre el papel. Hace falta concienciación, simulacros, coordinación entre lo civil y lo militar, plataformas digitales de información, reservas estratégicas compartidas. Incluso un Día Europeo de la Preparación. No es alarmismo: es planificación responsable en un mundo que ha dejado de ser previsible.
España, sin embargo, parece querer ir a contracorriente. Y eso no solo es imprudente: es insolidario con el resto de socios europeos que sí están tomando en serio su responsabilidad. En un club que se basa en la solidaridad mutua, no puede haber eslabones débiles por pura desidia.
Europa se prepara para un futuro lleno de incertidumbres. La pregunta es si España quiere estar a la altura… o si preferirá seguir jugando al juego del “eso aquí no pasa”, hasta que pase. Porque podría pasar. Y entonces, ya sería tarde para llenar la despensa. @mundiario