Plato del día

Es el momento de nombrar a Abel Caballero ministro de la Luz

Perfil de un futurible Ministro de la Luz. / RR SS.
Esto, lo de ayer, no habría ocurrido si en el Consejo de Ministros estuviese sentado un contrastado experto en luces como Abel Caballero, hombre. Lo que pasa es que Pedro Sánchez tiene tendencia a rodearse de colaboradores con menos luces que él, y no como Kennedy, ejemplo, que practicaba todo lo contrario.

Qué cosa dices, ¿el apagón? Hombre, como su propio nombre indica, ha producido muchas más sombras que luces. Millones de habitantes peninsulares se han pasado muchas horas exclamando: ¡luz, más luz!, pero con la esperanza de recuperarla, y no con la desesperación que se le atribuye a Goethe, ¡luz. más luz!, a medida que iba perdiendo de vista la vida. Como nos ha pillado a plena luz del día, el número de hombres y mujeres al borde de un ataque de nervios ha sido muy inferior al multitudinario espectáculo que se habría montado si nos hubiese sorprendido en pleno ocaso.

Pero, verás, los supermercados no cerraban por el hecho de que no pudiesen vender, teniendo en cuenta la adición del personal nacional al consumo, sino por el inoportuno inconveniente de no poder cobrar, teniendo en cuenta la dependencia global a la tecnología de sus cajas registradoras. Los taxistas deshojaban la margarita, sí, no, sí, no, ante el dilema de activar los contadores o batirse en prudentes retiradas: ¡hasta mañana si dios quiere y las bombas de las estaciones de servicio pueden! Los móviles de última generación eran bultos sospechosos en las mochilas de chiquillas y chiquillos con claros síntomas de síndromes de abstinencia. Las televisiones se fueron a negro y, por una vez, nos dimos cuenta de que no era imprescindible mantenerse atentos a las pantallas.

Ha sido, ya digo, un largo día de sombras y luces. Las han pasado canutas los cirujanos; los pacientes unidos a la vida con ayuda de aparatos a domicilio; los prójimos a los que la dichosa oscilación (¿la oscila qué?), les ha secuestrado en un ascensor; los viajeros y viajeras que han hecho caso a aquel lema que hicieron célebre cuando todavía eran hijos: ¡papá, mamá, vete en tren!, con los funestos resultados por todos conocidos; las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que, como su propio nombre indica, hicieron una demostración de que el Estado eran ellos y ellas, y no el Gabinete de Crisis, Pedro y compañía, encerrados en Moncloa con el juguete roto de la energía renovable, cuya música suena bien, proporciona incluso votos, pero su letra ha dejado escrita en la historia una peculiaridad en ese Principio Fundamental de la Física: la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma, aunque ningún científico, en ningún caso, nos previno de que pudiese acabar mutando en un apagón, un día de abril, en un año 25, en un siglo XXI.

Por lo menos, chico, nos ahorramos una sesión parlamentaria de esas que últimamente se echan mucho de más y prácticamente nada de menos. Y Pedro Sánchez, ausente en Roma y en el Palco de autoridades en la Copa del Rey, aprovechó el fundido televisivo para que pasase inadvertida su trascendental cumbre con el Presidente de Chipre que, con todos los respetos al pueblo chipriota, cantaba un poco un día después de la macrocumbre vaticana, ya sabes, en la que no estaban todos y todas las que son, de acuerdo, pero eran todas y todos los que estaban sólidos mimbres de la añorada cesta de la paz bélica, económica, comercial, territorial, cultural, ideológica, religiosa, incluso energética, oye, a la que aspiraba Francisco antes de sumirse en el sueño eterno, un apagón o lo que sea la estación término de los viajeros por la vida.

Gracias al apagón, nos hemos ahorrado tertulias televisivas teledirigidas, expertos vaticanistas anticipándose al Cónclave propiamente dicho y retándose, en duelos versallescos, con sus respectivos favoritos a salir al balcón tras haber resonado en la Plaza De San Pedro: ¡Habemus Papam! Si ojos que no ven corazones que no sienten, se agradece un día, uno al menos, en el que los filibusteros mediáticos conservadores y progres, no nos den la vara arrimando descaradamente, sin el mínimo rubor, con argumentos que hieren permanentemente la sensibilidad del respetable pero irrespetado público, las ascuas a sus sardinas que tantas veces huelen ya a podrido.

Menos mal que,  en la oscuridad entre el día y y la noche, un taxista y yo nos pusimos a divagar sobre el lado correcto de esta historia de historias, de estos cuentos de cuentos de nunca acabar: ¿somos un pueblo sin luz o es un gobierno sin luces? Y entonces se nos ocurrió, entre ambos, una solución para que no se repita esa maldita Oscilación (¿oscila qué?, que nos ha dejado a oscuras. Sí donde caben 22 ministros caben 23, y teniendo en cuenta el currículo en esa materia del nuestro señor alcalde de Vigo, ¿porqué no le nombran mañana mismo, en un acto de reflejos políticos, Ministro plenipotenciario de la Luz? ¿Acaso hay alguien con más luces que Abel Caballero en la tabla redonda de los Consejos de Ministros, en el camelo, perdón, el Camelot de Pedro Sánchez…? @mundiario