Con las cosas de la democracia no se juega, señor Sánchez
A pesar de las escasas posibilidades de que Pedro Sánchez pudiese adoptar decisiones inspirado por la buena fe democrática, y con todos los respetos a esa mayoría aritmética dispuesta a conmemorar los cincuenta incumpleaños de un tal Francisco Franco, contempla uno el panorama de este nuevo año 2025 (de cuyos trescientos sesenta y cinco días, nada más y nada menos que cien, acogerán actos en los que resonará por la geografía española el nombre del hombre de cuyo nombre esperábamos no volver a acordarnos), con la inquietud de un cazador expuesto a despertar a un león dormido o la de un domador que se haya olvidado de dar de comer a un felino supuestamente domesticado.
Me he preguntado estos días de vísperas, en los que La Moncloa preparaba su primer acto de obvia confirmación de que aquel tiempo pasado fue peor, porqué en Alemania, por ejemplo, no celebran el día en que Hitler se alió con el cianuro y la pistola para desaparecer de escena,; ni en Italia el día en el que el Duce permaneció colgado boca abajo en la Piazza de Loreto en Milán, como puntos de partida para que ambos siniestros personajes se desvaneciesen en la historia. Me he preguntado, también, porqué a un socialdemócrata como Willy Brandt o a un socialista como Sandro Pertini no se les ocurrió, en su tiempo, esta genial y didáctica idea que se ha sacado de la chistera Pedro Sánchez, en un momento demoscópico en el que, precisamente, una parte emergente de la Juventud, divino tesoro de futuro, asoma la cabeza en las encuestas como materia prima para las ultraderechas y aviso de emergencia, por lo menos naranja, de fenómenos atmosféricos en ese paraíso, venido a menos, al que llevamos 47 años llamando democracia.
Si en Alemania e Italia, a pesar de obviar mentar la bicha de dos oprobiosos dictadores, se les está yendo la mano con la Alternativa para Alemania y Hermanos de Italia, con sus respectivas lideresas, Alice Weidel y Giorgia Meloni, poniendo de los nervios a Bruselas, ¿qué hace un chico tú, Pedro Sánchez, proporcionándole carnaza electoral a Santiagos Abascales, Alvises Pérez y gente así, decididos a aprovechar cualquier ocasión para que se nos acabe la fiesta democrática ?
Esa obsesión del sanchismo por acorralar al PP al otro lado del muro, y dejarle secuestrado a merced electoral del neofascismo, puede que sea pan para hoy para el llamado progresismo, pero tal vez pueda convertirse en hambre democrática, para todas y todos, en el mañana. Con las cosas del comer, de la libertad, de la democracia, señor Sánchez, no se juega…. @mundiario