Como compañero de vida, hasta que la muerte nos separe: ¿Un humano o un perro?

Un perro y un humano. / RR SS.
En el amor entre un ser humano y un perro no hay narcisismo. A ninguno de los dos les importa cómo se ve en el espejo del otro. Pueden mostrarse tal cual son y se van a gustar siempre.

Mi primer marido, medio en broma medio en serio, un día me preguntó: Si tuvieras que optar, a quién elegirías: ¿a ella o a mí? Me reí de su ocurrencia, pero miré a mi fiel amiga y nos entendimos.

Es que con un perro no hace falta explicar nada.

Cuando somos jóvenes y nos enamoramos, la pasión produce una adicción que confunde todo. Los más ardientes llegan a situaciones en las que se pierde la dignidad.

El amor entre los seres humanos es narcisista: se ama cuando la imagen en el espejo del otro es grandiosa. Y si es recíproca —nunca lo es exactamente en partes iguales— surge algo un poco demencial. “Los locos que inventaron el amor” dice la letra del tango de Piazzola y Ferrer,  y es una gran verdad.  Cada pareja cree que descubrió algo único. Es una vivencia maravillosa, pero no exenta de  malezas que crecen entre las hierbas sanas: el sentimiento de posesión, los celos, la competencia, intereses de todo tipo, la rutina, el crecimiento desparejo. Y cuando estos yuyos invaden, la planta se intoxica y muere. La ruptura viene acompañada  de un dolor intenso. Se sufre tanto por un amor perdido que se pierde la identidad. Da miedo volver a intentarlo. Aunque recidiva.

Me dirán que no es así en todos los casos. Y es cierto, hay matrimonios que duran toda la vida. No con el amor loco de la juventud, pero queriéndose y respetándose, con orgullo de la familia construida, rodeados de hijos, nietos y hasta bisnietos.

Aún en esos casos, la convivencia es difícil.

En cambio, ¿alguien conoce una relación perro-hombre que se desgaste?

En el amor entre un ser humano y un perro no hay narcisismo. A ninguno de los dos les importa cómo se ve en el espejo del otro. Pueden mostrarse tal cual son y se van a gustar siempre. El perro no tiene rencor porque tiene una capacidad de olvido que purifica su alma al instante. Y el hombre aprende a perdonar. La rutina, lejos de distanciarlos, los fortalece. El envejecimiento los une, no los distancia.

El instinto del perro lo hace responder al líder de su manada y por eso no se cuestiona la escala jerárquica con su dueño, al que ama, con un amor sin competencia, sin buscar la igualdad de especie, ni de género. Y el hombre —si es un ser que merece ser amado por ese perro— lo respeta y admira. Lo ve tan especial, que quiere aprender de él. Es amor mutuo, verdadero, y eterno.

Jamás una escena de celos.

Jamás un reclamo económico.

Ni por infidelidad.

Jamás una discusión.

Jamás se pierde la dignidad.

Ni la identidad.

Es verdad que hay personas que denigran a los animales, los maltratan y los hacen vivir en el infierno. No hablo de ellos. Hablo de los que son capaces de amar.

No hay casos de  divorcio entre hombre y perro.  Sí de separaciones, pero ninguna de las dos partes exige nada de la otra. Una mirada triste, una despedida. Siempre confianza por parte del perro de que se volverán a ver. El hombre nunca lo olvidará.

Como los perros viven menos que los humanos, lo más normal es que tengamos que seguir el camino solos. Si nos enamoramos de otro perro, jamás olvidamos a ninguno de los anteriores. Y al nuevo eso no le importa. Disfruta de nuestra sabiduría adquirida con sus antecesores.

En cambio, las nuevas parejas de los humanos quieren borrar de un plumazo a las anteriores. Si no se los nombra más, mejor. Por amplia que sea la relación, es un tema más de conflicto.

Cuando perdemos a nuestro fiel amigo, el dolor es insoportable. Es igual si el que se queda solo es el perro o el hombre. A veces el animal es más débil y no puede sobrevivir a la ausencia de su amo. Hay miles de historias que lo demuestran. El hombre cree no poder sobreponerse pero con el tiempo, otro ser de cuatro patas le llenará el corazón.

Muchas veces veo parejas de humanos con su mascota. Siempre me pregunto con cual de los de dos patas será la historia de amor. Es un ridículo cuestionamiento solo posible en un ser humano. El alma del perro es tan superior que puede vivir un triángulo amoroso sin preconceptos y con sincero reparto de su amor incondicional. @mundiario