Plato del día

La caza mediática de presuntos inocentes

Santos Cerdán, ex secretario de Organización del PSOE. / RR. SS.
No, de verdad, parece inexplicable que nos rasguemos las vestiduras ante cazadores furtivos que no respetan las vedas cinegéticas, y nos quedemos tan anchos, incluso enfervorecidos, cuando los cazadores callejeros de información persiguen y acorralan a preciados trofeos en veda por presunción de inocencia. Como diría Leire Díez: ¡ni fontanera, ni cobarde, ni culpable,! por ahora, claro...

Una de las innovaciones que ha cuajado en el ámbito de la neopolítica actual, es la diferencia entre las ineptas e ineptos responsables públicos que piden perdón y esas otras y otros irresponsables que evitan, a toda costa, hacer un público y notorio acto de contrición. Como buen Estado aconfesional, se acabó eso de los secretos de confesión, de rezar un padre nuestro y tres avemarías e irse después a casa sin que las jaurías de enviados especiales, de corresponsales, de influencers por cuenta propia, armados hasta los dientes de micrófonos, cámaras y móviles que todo lo ven, todo lo oyen y todo lo difunden por la red, practiquen el acoso y derribo de seres humanos en plena veda de caza por presunción de inocencia.

No sé a ustedes, pero a un servidor le sorprende esa laxitud ante la caza furtiva al hombre y la mujer, en las monterías diarias (en modo escopeta nacional) que practican las ávidas y ávidos chicos de la prensa, sin que ningún demócrata clame al cielo, y la que se monta, en cambio, si un furtivo cazador o pescador se salta el derecho de veda de un jabalí, de un venado, de un bivalvo o de un percebe de esos que no moran, precisamente, en el número 13 de la célebre Rua del mismo nombre que inmortalizo el genial Ibáñez. En el primero de los casos, nos estamos pasando la veda de la presunción de inocencia por los respectivos arcos del triunfo mediáticos. En el segundo de los casos, con la fauna cinegética en veda, ¡ay del que la infrinja, oye!, se le cae encima todo el peso de la ley y resuena en España un rasgamiento colectivo de vestiduras por parte de la opinión pública.

Con todos los respetos para los derechos de los seres irracionales y la máxima consideración a la libertad de expresión y de información de los seres racionales con carné de prensa, los hombres y mujeres, entre rejas preventivas o fuera de ellas, a los que les queda como último e inviolable refugio el derecho a la presunción de inocencia, a las Leires, los Cerdanes, las Pradas, personajes de esos en permanente procesión por juzgados, comisiones de investigación o apariciones presenciales voluntarias en estudios de radio, platós de televisión o redacciones digitales, no se les puede practicar el acoso, en mi humilde opinión democráticamente antihigiénico, al que lo someten día tras día los implacables buscadores de oro informativo.

Este pulso entre el sacrosanto derecho a la información y el trascendente derecho a la inocencia (mientras no se demuestre lo contrario), requiere con urgencia, en aras de que la civilización no quede enterrada bajo el fango, unas estrictas y contundentes reglas de juego. Ni los fiscales o jueces pueden practicar el periodismo, ni los periodistas caer en la tentación de salir a hacer las calles con togas de fiscales o de jueces. @mundiario